[LEFT][LEFT]Pequeños, asombrosos, livianos, los insectos son los seres vivos más abundantes del planeta. Están, literalmente, en todos lados. Han sabido adaptarse para vivir en el aire, en la tierra y también en el agua. Poblaron la Tierra mucho antes que los dinosaurios y que los seres humanos, hace aproximadamente 360 millones de años, y, desde que aparecieron hasta hoy, sobrevivieron con estoicismo los sucesivos cambios del medio ambiente: el levantamiento de los continentes, las cuatro glaciaciones, la erosión de las montañas, la actividad volcánica y los plegamientos que formaron las cordilleras. Pero ¿cuánto sabemos en verdad sobre los insectos?
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Vayamos a la biblioteca para averiguar el origen de la palabra “insecto”. El Diccionario de la Real Academia Española dice que deriva del latín insectus, derivado éste de insecare, que significa ‘cortar, hacer una incisión’. La etimología nos indica que los insectos se llaman así por las marcas en forma de incisión que presentan sus cuerpos.
Científicamente, los insectos se clasifican así: Reino: Animalia
Filo: Artropoda
Subfilo: Hexapoda
Clase: Insecta
Esto quiere decir que son artrópodos (tienen patas articuladas y exoesqueleto o esqueleto externo) tienen respiración traqueal y es fácil reconocerlos porque tienen el cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen, con dos antenas y seis patas. La mayoría tiene dos o cuatro alas y sufren metamorfosis.
Son insectos, las mariposas y sus hermanitas feas, las polillas, los escarabajos, las laboriosas hormigas, las vaquitas de san Antonio, que traen suerte, las resistentes cucarachas, las abejas que producen miel y las moscas zumbadoras. ¿Y las arañas, los ciempiés? Pues aquí está la novedad. Como estos pequeños animalitos tienen más de seis patas, quedan fuera de la clasificación. Las arañas, al igual que los escorpiones, son arácnidos y los ciempiés, quilópodos (ambos, otra clase de artrópodos).
Son muchos los aspectos interesantes de los insectos que podemos estudiar, como la entomofobia, la entomofagia —hábito de consumir insectos como alimento—, los insectos mascota o el tratamiento que les han dado las artes, pero sólo nos abocaremos a los primeros dos, que reflejan la relación de odio y amor que tienen con el hombre: la entomofobia y la cría de insectos como mascotas.
Entomofobia: insectos al diván
La entomofobia es una conducta de rechazo patológico a la presencia de insectos, es decir, el miedo desmedido a los insectos, que provoca ansiedad. Las personas que la sufren, llamados entomofóbicos, intentan a toda costa evitar los insectos, desde simplemente mirarlos hasta cualquier roce con la piel.
Sienten pánico. Les aterra la sola idea de compartir un espacio, como una habitación o un lugar abierto, con un mosquito, una mariposa o una polilla. Temen ser picados, mordidos, atacados por ellos y presentan estos síntomas: sudoración excesiva, respiración agitada y taquicardia.
¿Es irracional esta fobia? Los insectos, como dijimos antes, habitan este planeta, reinan más bien; no hay un solo lugar que les sea ajeno. Y son capaces de producirles molestias a los seres humanos: pueden picarlos o morderlos y provocarles así irritaciones cutáneas, pueden enfermarlos (ejemplo de esto son el mosquito Aedes Aegypti, que transmite el dengue y la fiebre amarilla, y la mosca tsé tsé, que transmite la tripanosomiasis o enfermedad del sueño), hasta pueden matarlos con los productos tóxicos que inoculan.
La entomofobia es, entonces, una respuesta instintiva del ser humano, desmedida e irracional, pero que, en el fondo, busca protegerlo del peligro, así como el instinto de evitar las alturas y de no tocar el fuego.
Como la mayoría de las fobias, la entomofobia se puede curar con tratamiento psicológico. Existen terapias que tratan de vencer lo irracional del temor desde lo racional: los pacientes toman clases de entomología y estudian cómo son, cómo viven, qué comen y cómo se reproducen los insectos, y asisten a cursos de especialistas, que les enseñan cómo evitar contagios y picaduras, esto es, la parte verdaderamente peligrosa de los insectos. Los psicólogos y psiquiatras afirman que estas terapias son muy exitosas porque familiarizan al paciente con el objeto que los atemoriza y así comprenden que la mayoría de sus temores son infundados y, las más de las veces, imaginarios.
Insectos como mascotas
Desde hace un tiempo, se ha puesto de moda tener mascotas exóticas. Tal vez como búsqueda de cierta distinción o como necesidad urgente de contacto con la naturaleza, las grandes ciudades tienen, además de sus perros y gatos, otras mascotas menos comunes, como axolotes, ranas acuáticas, jerbos, cardenales, tortugas e iguanas, entre otras. Los defensores de la naturaleza se han opuesto terminantemente a este tipo de mascotas ya que tendencias de este tipo ponen en riesgo las especies.
Ése es el caso de la tortuga terrestre, que en la República Argentina corre peligro de extinción. Sin embargo, éstas no son las únicas mascotas raras.
La falta de espacio y el ritmo de vida acelerado de las ciudades han llevado a una nueva tendencia en mascotas exóticas. Los departamentos son pequeños y no hay lugar suficiente para un mastín napolitano y la vorágine laboral tampoco deja el tiempo necesario para dedicarle a una mascota.
Por eso, en el sudeste asiático —que siempre va a la delantera en cuestiones de insectos—, es tan frecuente que las mascotas de la casa sean tanto grillos, hormigas y escarabajos como canes.
Quienes se inclinan por los insectos llegan a ellos por curiosidad. Les interesa su comportamiento, su forma de alimentarse y aparearse. Así los terrarios para hormigas (formicarios), para poner un caso, permiten observar la vida de estos insectos de manera no invasiva, y ver cómo se comporta la colonia. Un modo de observar sin molestar.
Parece una actividad inofensiva, pero lo cierto es que el comercio de mascotas descubrió en las demandas de los consumidores un negocio de exportación e importación internacional. Por supuesto, este tipo de actividades son peligrosas. El insecto tiene en el ecosistema de donde es originario determinados alimentos y predadores naturales, el insecto vive en un medio balanceado y equilibrado.
Cuando se importa un insecto foráneo, los ecosistemas locales reciben a un habitante foráneo que necesariamente determina un desequilibrio. Las interacciones entre el animal que ingresa y los nativos pueden ser desastrosas; la captura de los animales puede provocar su extinción en el medio ambiente original (que los exporta) y el ingreso de predadores nuevos en un ecosistema puede provocar la extinción de animales nativos, que quedan expuestos, en una total indefensión.