La escritura (toda escritura) tiene límites. Uno puede ser la hoja de papel en la que escribimos. Podemos escribir en diagonal, horizontal o verticalmente, podemos hacer dibujos con las palabras... pero existe un punto en el que no nos alcanza la hoja; se trata de una limitación material. Otro límite puede ser el intelectual —para llamarlo de alguna manera— y se trata de cuando se nos acaban las palabras, cuando sentimos que ya hemos expresado todo cuanto queríamos expresar.
¿Cuántos de estos poetas se han planteado esta problemática alguna vez?
Al hablar de extensión, estamos midiendo los poemas. No existe un sistema de medición que pueda aplicarse al arte, a la poesía. Existe una clasificación (muy subjetiva, por cierto) entre poemas breves y largos. ¿A qué obedece esa longitud? ¿Se trata del estilo del escritor o de la personalidad del poema? ¿Qué efecto se logra mediante la extensión? Si un poema no es breve, ¿es necesariamente largo?
Para entrar en calor, leamos algunos poemas y olvidémonos por un rato de las longitudes... ¿Vuelven al tallo
las hojas desprendidas?
Son mariposas.
Koio
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explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome
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ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada
Alejandra Pizarnik, Árbol de Diana
DOMINGO EN EL PUERTO
de Fermín Estrella Gutiérrez
En el agua sin rumor de los diques
centenares de buques abren sus banderas al viento.
Las cubiertas son sueños de distancia
que se han quedado solos.
Chimeneas sin humo.
Y soledad.
Y viento.
Mis horas de aventura
han despertado de un letargo de siglos,
y trepan a este buque de bandera amarilla,
y beben el olor de los mares sin nombre
rumbo a un puerto lejano.
Agua con arcos de delfines, abajo.
Cielo uniforme, arriba.
Goce del aire.
Vibración del aire.
Silbido, trémulo de cansancio, del aire.
¿Cuántas costas han danzado, allá, en el horizonte?
Costas con muchedumbres de palmeras
y una choza en la noche
como un ojo de cíclope.
Costas de arenas rubias
que se recuestan en una tierra sin gente.
Costas de pueblos purificados por la cal,
inmóviles en la montaña
verde.
¿Cuántas costas han danzado, allá, en el horizonte?
Mi corazón
se enreda en estos cables negros,
y se aleja, gaviota aleteante.
Y los buques, de banderas abigarradas, tendidas,
y los ojos de buey que están mirando al sol,
y este bergantín arbolado,
y los remolcadores que prueban su musculatura
en el silencio.
El domingo se estira
en desperezamientos del oleaje.
Chimeneas sin humo.
Y soledad.
Y viento.
SONETO PARA UN FUTURO LECTOR
de Fermín Estrella Gutiérrez
Tú, lector o lectora, que has posado
tus ojos en la página amarilla:
del tiempo me aventuro hacia la orilla,
fiel a mi canto, dócil al llamado.
Tú que ríes aún, tú que has andado
tras la ilusión que se te escapa y brilla,
tú que hueles la noche y la gramilla,
tú que puedes besar el rostro amado.
Piensa lo que ahora soy, ceniza y nada,
sólo una leve sombra proyectada
sobre tu alma que me busca ansiosa.
Yo fui joven, feliz, amé la vida.
Hoy te tiende mi mano conmovida
sobre el viejo papel la tierna rosa.
Los poemas que hemos leído son muy dispares y, salvo el primero —que es una traducción—, fueron todos escritos en español. Pero hablábamos de límites y de mediciones. Pues bien, podemos afirmar que, en poesía, sólo se puede medir de manera subjetiva o por comparación. Podemos decir "este poema es más largo que aquel otro", "este poema es más breve que aquél"... pero hay una delgada línea que separa unos de otros y, en determinados casos, no es posible hablar ni de brevedad ni de largueza.
"El Cantar" de Mio Cid, posee 3735 versos anisosilábicos
Separemos las aguas. Hay poemas con una forma fija determinada (sonetos, haikus, etc.) y otros cuya forma es determinada en el momento de la escritura. Si la estructura es predeterminada a la escritura, entonces el contenido deberá adaptarse a esa forma. No podemos hablar de sonetos breves o sonetos largos. Lo mismo ocurre con los haikus. Pero ¿qué ocurre cuando no elegimos una forma fija para escribir?
Forma y contenido son dos componentes del poema. La forma es el cómo y el contenido es el qué, es decir, cómo expreso lo que quiero expresar. Algunos poetas trabajan más la forma que el contenido; otros, más el contenido que la forma; pero los dos elementos deben estar presentes.
La extensión de un poema corresponde a la forma. Por eso, si pensamos en esta relación estrecha entre forma y contenido, podemos concluir fácilmente que, salvo casos de formas fijas, existe una forma para cada contenido, una extensión para cada tema. Por una cuestión de comodidad, escribimos más a gusto con determinadas formas, pero el poeta no debe encontrar un límite para su expresión poética. Con esto llegamos a nuestra clásica conclusión: "Escribir bien no es hacerlo de la única manera que nos sale, sino en la que somos mejores". Y, como siempre insisto, nunca sabremos si es la mejor si no probamos nuevas formas.
Por Veruscio (Verónica Ruscio)