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    Sin Dios

    Los conflicto entre la ciencia y la religión datan de hace mucho tiempo. Ahora, Steven Weinberg, el físico estadounidense ganador del Premio Nobel de física en 1979, escribió un artículo publicado en The New York Review of Books acerca del conflicto derivado de la expansión de la ciencia y el debilitamiento paralelo de las creencias religiosas en Occidente. Lo que él resume como "vivir sin Dios", un tema para nada simple, más que controvertido e interesante.



    Religión versus Ciencia



    Incompatibilidad de caracteres. Según Weinberg, “tal vez la imagen más conocida de este conflicto sea el libro publicado en 1896 por Andrew Dickson White, bajo el título La historia de la guerra de la Ciencia con la Teología en la Cristiandad”.



    En la vereda opuesta, hay quienes sostienen que no hay conflicto entre la ciencia y la religión. Algunos científicos toman esta línea porque quieren proteger la enseñanza de las ciencias de lo religiosos. Otros, como Stephen Jay Gould, alegan que no puede haber conflicto entre ambas partes, porque la ciencia sólo se ocupa de los hechos y la religión sólo con valores.



    Aunque para Weinberg, la ciencia y la religión no son incompatibles, el físico cree que entre la ciencia y la religión existe lo que la filósofa Susan Haack llamó “tensión”, que provocó que las creencias religiosas se hayan debilitado, en especial en Occidente, donde la ciencia se desarrolló de forma más avanzada.





    Ahora, ¿cuáles son para Weinberg esas fuentes de tensión? &Él nombra cuatro y sostiene que no es un problema el hecho de que existan contradicciones entre los descubrimientos científicos y las doctrinas religiosas, porque a lo largo de la historia siempre se produjeron y, por lo general, el conocimiento científico fue el que la gente adoptó.



    Cuatro fuentes de tensión



    Por un lado, la primera tensión que se registra es que la religión haya tomado gran parte de su fuerza de la observación de fenómenos naturales como los terremotos, las enfermedades, los truenos, etc., que requerían de la intervención de algún ser divino.



    Con el paso del tiempo, esos enigmas se fueron explicando desde una perspectiva cada vez más naturalista. Si bien la ciencia no pudo ni podrá explicar todo nunca, lo más importante es que, según Weinberg, nada demandó la una mediación sobrenatural para su explicación.



    No es casual, argumentó Weinberg, que la aparición generalizada de agnosticismo y el ateísmo entre los educados en el siglo XVIII, se diera un siglo después del nacimiento de la ciencia moderna.

    La segunda fuente de tensión entre religión y ciencia se refiere a que las explicaciones científicas aumentaron las dudas del rol especial del ser humano en el mundo.



    De considerarse un actor creado por Dios para desempeñar su papel en un gran drama cósmico de pecado y salvación, el hombre tuvo que aceptar que la Tierra, es tan sólo otro planeta más que gira alrededor del sol; una estrella entre cientos de miles de millones de estrellas de una galaxia que, además, está entre miles de millones de galaxias visibles.



    Fue el descubrimiento realizado por Charles Darwin el que causó el revuelo: el ser humano es un producto de la evolución a partir de animales que nos precedieron. No existe un plan divino que explique la existencia de la humanidad.



    La otra fuente de tensión fue más relevante para la cultura islámica que para la cristiandad. Alrededor del 1100, el filósofo sufí islámico más influyente Abu Hamid al-Ghazzali se opuso a las leyes de la naturaleza, lo que ayudó a que el Islam rehusara la ciencia. Tal fue el rechazo que en 1194, se quemaron todos los textos médicos y científicos. Y hoy día, señala Weinberg, hay científicos importantes procedentes de los países islamistas, como el físico pakistaní Abdus Mohammed Salam, que en 1979 ganó un Premio Nobel.



    La cuarta fuente de tensión es que las religiones tradicionales se basan en la autoridad, representada por un líder infalible (un profeta, un Papa, un Imán) y/o por un texto sagrado, como la Biblia o el Corán. Y ejemplifica: “Quizás Galileo no se metió en problemas sólo porque opinó de forma contraria a las Escrituras, sino porque lo hizo independientemente, en lugar de como un teólogo actuando dentro de la Iglesia”.



    Los científicos se apoyan también en autoridades, pero de otra índole. Para comprender la teoría de la relatividad, se puede buscar información escrita por un experto. Pero siempre éste podría estar equivocado, nadie es considerado como un profeta infalible.



    Pequeños placeres



    Weinberg aclara que es muy consciente de que para muchas personas hay aspectos de la religión más importantes, que no es sólo un conjunto de creencias, sino una serie de: principios morales, reglas sobre el comportamiento sexual, dietas, la observancia de los días santos, rituales de duelo y el matrimonio, etc.



    Así como también hay otro tipo de espiritualidad, de unión con la naturaleza, con toda la humanidad, que no implica ninguna creencia sobre de lo sobrenatural. La espiritualidad es central para el budismo, que no requiere la creencia en Dios. Pero, alerta Weinberg, también el budismo está en declive en el Japón, la nación asiática que realizó el mayor progreso en la ciencia.



    Más allá de que el piense que sí, Weinberg especifica que su propósito no es argumentar que el depresión de las creencias religiosas sea algo bueno y que hay que tener mucho cuidado con los sustitutos de la fe.





    Y si el debilitamiento de las creencias religiosas es tal, ¿se da en todas las partes del planeta con la misma intensidad?, ¿en cuáles es más notable y por qué?, ¿cómo es vivir sin Dios?, ¿es posible? Según el físico, disfrutando de la vida y tomándola con humor.



    Si bien Weinberg señala que no es fácil vivir sin Dios, por más que se avance en el estudio de la naturaleza, los científicos son conscientes de que nunca podrán alcanzar el fondo de las cosas. Para ayudar a aceptar este hecho, el físico propone la ayuda del humor, de los placeres sencillos de la vida y del arte.