• Artículos

    El (sin) sentido del celibato

    El actual presidente paraguayo Fernando Lugo está atravesando el momento más áspero de su mandato y de su vida privada. Los reclamos de varias denuncias de paternidad desataron el escándalo en su país y también fuera de él.



    Hasta hace un mes, Lugo era simplemente un ex obispo que dejó su cargo para entrar en el mundo de la política y que alcanzó la presidencia de su país. Ahora, se le agrega un condimento bastante picante a su biografía: haber engendrado hijos mientras era sacerdote.



    Fue Viviana Carrillo quien afirmaba a principios de abril de este año que tuvo un hijo con Fernando Lugo cuando éste aún era sacerdote, y ella una adolecente. Abogados de por medio, al final, se hicieron los estudios pertinentes y Lugo resultó ser el padre del niño, que ya tiene más de dos años.



    Además, se han hecho dos denuncias de paternidad más. Por un lado, Benigna Leguizamón, de 27 años, afirma que Lugo es el padre del segundo de sus cuatros hijos, Lucas Fernando Leguizamón, nacido el 9 de septiembre de 2002 en un distrito del departamento de San Pedro, donde en ese entonces el actual presidente se desempeñaba como obispo.



    Por otro lado, Damiana Hortensia Morán Amarilla, de 39 años, ex coordinadora de la Pastoral Social de la Diócesis de San Lorenzo, aseguró tener un hijo del actual presidente.



    Desde el momento en que Fernando Lugo reconoció haber tenido relaciones con Viviana Carrillo cuando aún era obispo de la Iglesia Católica, una gran parte de la ciudadanía de su país le ha retiró su apoyo y además ha revelado que no cree en la capacidad moral y ética de Fernando Lugo.



    El caso de paternidad confirmado y los que están en duda, desataron la polémica sobre el presidente, sobre el presidente que siendo obispo no respetó el celibato sacerdotal obligatorio.



    No es el primer caso que se conoce de un sacerdote que tuvo hijos, así como tampoco los sucesos de diferentes miembros de la Iglesia Católica que, alrededor del mundo, incumplen con el celibato y la castidad: desde mantener relaciones sexuales hasta las más horribles aberraciones, como los abusos sexuales y violaciones.



    La pregunta entonces es, ¿cuál es el objeto de impedirle a los sacerdotes y demás autoridades eclesiásticas poder formar una familia y abandonar el celibato y la castidad obligatorios de la Iglesia Católica?



    Quizás para intentar dar una respuesta a esta pregunta, es necesario entender por qué se impuso y escuchar diferentes puntos de vista al respecto.



    ¿Por qué se impuso?



    El celibato sacerdotal obligatorio y la castidad, tal como se lo conocen en la actualidad, fueron establecidos en el siglo XVI durante el Concilio de Trento, por dos motivos. Por un lado, en respuesta a la Reforma protestante que promovía el matrimonio de los sacerdotes (aunque algunas leyes lo empezaron a exigir desde el siglo V no fue algo estricto).



    El otro motivo que lo impulsó fue diferenciar al clero de la sociedad, clero que en ese momento eran un “desastre”, según sostiene Roberto Di Stefano, doctor en historia religiosa por la Universidad de Bologna, quien agrega que “eran mercenarios, practicantes de magia, de la medicina, carniceros, o eran domésticos al servicio de los nobles, secretarios”.



    Por eso, se tenía que hacer una reforma del clero tanto como los protestantes y “al hacerlo toman una serie de medidas: el uso de la sotana, el no poder ejercer ciertas profesiones, la tonsura, el celibato a rajatabla” ya que así “la abstinencia sexual se presenta como una opción más santa, más perfecta, más elevada. Un clero celibatario era como una apuesta a la idea de una Iglesia más espiritual y por ende más perfecta que el poder temporal”, indica Di Stefano.



    Puntos de vista



    Sobre el caso concreto del presidente y exobispo Fernando Lugo, el padre Chinaglia de Paraguay, cree que éste “no violó el celibato cuando se desempeñaba como religioso y tuvo relaciones sexuales con una joven, porque el celibato significa no casarse, y Lugo no se casó, así que no violó este voto, ahora sí, lo que Lugo violó fue su voto de castidad”.



    Una de las miradas apunta a que el celibato “no es un mandato teológico ni es un dogma de fe: es disciplinario”, como sintetiza Di Stefano. Este mismo pensamiento es el que sostiene el religioso Pedro Chinaglia, quien ratifica que el celibato fue impuesto para solucionar una época crítica de la Iglesia entre los siglos II y III.



    Así, la Iglesia quería y quiere representar en la figura del sacerdote a un pastor irreprochable, algo muy alejado de la realidad.



    También, los que critican esta medida, lo ven innecesario y provocativo, dado que desde que el celibato se impuso hasta la actualidad, la sociedad y la forma de vida de las personas cambió bastante. Otros, proponen un punto medio, que el celibato sea opcional.



    Desde un enfoque opuesto, otros sacerdotes dicen que el celibato y la castidad son una forma de dedicación absoluta a la religión, que son un don de Dios y un proceso de aprendizaje.



    "El celibato es un estado sobrenatural al que llega el sacerdote, y donde se reserva el amor a una persona en singular para amar a toda la creación de Dios", manifiesta, el monseñor Rogelio Livieres Plano desde Paraguay.



    En resumen se cree que el celibato facilita la unidad de vida, que es la base de la santidad cristiana, que desmitifica la absolutización de la teoría de la complementariedad de los sexos, y que abre el corazón a todas las personas sin excepción.



    Por último y así como en otros temas delicados, el aborto y el uso del preservativo por ejemplo, la postura de la iglesia es clara y firme. Después de siglos y siglos no parecen tener intenciones de cambiar su visión sobre el celibato y la castidad.



    Di Stefano resume la cuestión así: “si la Iglesia Católica avanzara por ese camino desandaría ese elemento que diferenció al clero de los demás mortales”, es decir, “entraría en otro diálogo con la sociedad. El clero y la sociedad acortarían distancias. Se eliminaría una marca de distinción con la sociedad. Significaría redefinir las relaciones entre Iglesia y sociedad”.



    Entonces, volvemos a la pregunta original… ¿cuál es el objeto de impedirle a los sacerdotes y demás autoridades eclesiásticas poder formar una familia y abandonar el celibato y la castidad obligatorios de la Iglesia Católica?