Como si el temperamento solo fuera comprensible de acuerdo al peso que tenga en su manera de vivir. Sin embargo, curiosamente, liberándose de todo peso, “madera” o lastre y con el cielo como testigo es como puede considerarse el real temple de algunos seres humanos.
Tal es parte del desafío del parapente, una actividad de esparcimiento que poco a poco va ganando terreno entre los aficionados a los deportes extremos y cuyas particularidades comentaremos a continuación.
Una práctica de altura
El deporte del parapente es una derivación del paracaidismo (aquella práctica intrépida a la que algunos gustan de adicionar mayor motivos de tensión, por ejemplo, contrayendo matrimonio en las alturas). No obstante, el desarrollo del parapente a partir del paracaidismo clásico ha seguido diferencias notables, acercándose más al propósito de ciertas emocionantes actividades, como el vuelo en ala delta o divertimentos similares. La verdad es que gracias al parapente es posible “volar” en el pleno sentido de la palabra. Los parapentistas expertos logran desplazamientos de hasta 100 km, con alturas de vértigo, a veces de miles de metros.
Algunas nociones básicas
El parapente como utensilio es un planeador de alta flexibilidad y escaso peso. No requiere de motor alguno. Se encuentra elaborado de “Ripstop” un tejido de nylon de gran resistencia, además de telas complementarias. Los parapentes cuentan con un diseño especial para volar desde las pendientes, cayendo desde las cimas y planeando al ganar impulso paulatinamente por las corrientes de viento. Una de las singularidades del parapente es que su despegue y aterrizaje se efectúa siempre a contraviento.
Al cielo por asalto
La estructura del parapente incluye un ala flexible de dos bordes, a los que se les conoce como bordes de fuga o de ataque. Los bordes de ataque cuentan con unas “bocas”- una suerte de bolsas- que logran que el parapente se infle tomando la forma de un ala. Por eso es indispensable que el despegue y el aterrizaje se realicen a contraviento. En el borde de fuga están incorporados unos cables especiales llamados “aerofrenos”, que sirven para regular la velocidad. Conviene tener un buen manejo de estas medidas de seguridad, puesto que los voladores de parapente con frecuencia tienen el riesgo de toparse con zonas de alta nubosidad e incluso de tormentas.
Instrumentos necesarios
El equipamiento para practicar el parapente está conformado por la vela, arnés o silla, casco, dispositivo de radiocomunicación, paracaídas de emergencia y botas para vuelo. La vela se puede adquirir en tres modelos, correspondientes a sendos niveles de dificultad de vuelo: 1 a 2 corresponde a vuelo para principiantes y 3, que es para usarse en competencias. Las mejores sillas de parapente incluyen una protección ergonómica para la espalda. Los cascos cuentan con un accesorio similar para la mandíbula. Otros complementos, más especializados, que pueden conseguirse de manera progresiva son el anemómetro, altivario, equipo GPS y buzo de vuelo.
Escuelas de parapente y lugares para practicarlo
Lugares para practicar el parapente existen muchos, en especial en América Latina, gracias a su privilegiada geografía. A veces se prefieren las zonas costeras por cuestiones de seguridad y visibilidad. De la misma manera, existen numerosas escuelas especializadas en el vuelo de parapente. Es importante conocer su sistema, docentes y equipo antes de elegir cualquiera de ellas. Existen algunos requisitos obligatorios para que ciertas personas practiquen el parapente, por ejemplo, determinados límites de peso, habitualmente de un mínimo 45 y un máximo de 130 kilos. Algunas veces se necesita forzosamente conseguir una licencia de vuelo.
Sin miedo alguno
No cualquiera puede tener la experiencia del vuelo en parapente. Sin embargo, vale la pena aventurarse en esta divertida actividad, capaz de hacer experimentar a quien la practica una serie de experiencias intensas y de profundo autoconocimiento. Volar en parapente es contemplar el firmamento a la cara, una actividad apta para corazones fuertes.

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