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    Música para camaleones

    En mi primer semestre de universidad, la profesora de mi clase de narración nos recomendó leernos tres libros durante el semestre. Uno de ellos era una popular novela del escritor estadounidense Truman Capote, llamada “Música para Camaleones”. Más que una novela, se puede decir que era una recopilación de historias juntadas en un solo libro. Yo nunca había escuchado hablar de este libro; ni siquiera sabía de qué se trataba.


    Normalmente cada vez que tengo un libro nuevo en mis manos, lo examino página por página, viendo si se divide en partes o en capítulos. Pero eso no lo hice con “Música para Camaleones”. Empecé a leer desde el principio, desde la primera página, permitiendo que el interés creciera a medida que iba pasando las hojas.

    Cada pequeña historia era sumamente interesante, pero mi mente, acostumbrada a las historias continuas, trataba de encontrar un punto común entre todas ellas.

    En mi opinión, todas las historias estaban conectadas, incluso si hablaban de personajes diferentes, en lugares diferentes y en situaciones completamente distintas. Simplemente, tomar cada historia por separado era algo que ni siquiera se me había ocurrido. A medida que iba avanzando, me preguntaba cuándo el autor iba finalmente a unir a todos los personajes en un gran escenario, conectando sus vidas con miles de hilos invisibles para elaborar el gran final.

    Al leer el último capítulo, quedé decepcionada. Me devoré el libro esperando un final revelador y nunca lo conseguí. Yo pensé que estaba leyendo partes de una larga y complicada historia, pero en verdad estaba leyendo distintas historias, que no tenían nada que ver una con otra. Me di cuenta que cada historia que había leído había sido literalmente impresionante, pero no le había prestado atención porque mientras tanto había estado esperando algo mucho más grande.

    Así mismo nos pasa en la vida. Nos concentramos tanto en lo que va a pasar, que nos perdemos las cosas buenas que tenemos ahora. En palabras de la autora Pearl S. Buck, “muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”. Siempre tenemos la mente preocupada, en lugar de disfrutar nuestra vida, día por día, historia por historia. Aprendamos a disfrutar de cada pequeña cosa de la vida y así encontraremos un verdadero incentivo para vivirla, no concentrados en el final que nos espera, sino ocupados en lo que nos hace felices hoy. Muchas veces, incluso si no tenemos un gran final, las historias diarias son suficientes para hacer del libro de la vida un best-seller.

    Sobre el autor: estudiante de Comunicación. Venezolana. Enamorada del mundo y soñadora compulsiva. @adrilupsi en Twitter.
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