Sin embargo, esta “máxima” que propongo se aplica solo en casos en que el espectador desee formular una crítica productiva que aporte a un debate (informal y coloquial) sobre cine. Y sobre todo, tiene validez cuando se trata de películas con cierto nivel artístico o intelectual, y no las que recaen en lo que llamamos: la típica película taquillera.

Ahora bien, me parece divertido focalizarme al menos una vez en escribir acerca de este tipo de obras. Lo divertido es que no precisa una crítica ni análisis demasiado profundos, sino que con la simple descripción de sus cualidades se decanta el nivel de esta categoría cinematográfica. Cabe aclarar que estoy segura de que todos hemos visto estas películas, y en algunas oportunidades hasta resultan entretenidas para pasar el rato. Es por ello que me centraré en las películas de terror y suspenso (siempre dentro de la categoría “taquilleras”), que son las lamentablemente acaban por decepcionarme; confieso que las comedias o thrillers taquilleros, aunque siguen clichés y banales fórmulas comerciales, me han ayudado más de una vez a combatir el aburrimiento de domingo.
No suele haber una explicación muy clara acerca del motor del victimario que lo lleva a obsesionarse con asesinar a gente inocente. Y si la hay, algún personaje generoso –a veces incluso el mismo psicópata- dedicará un lapso considerable de tiempo a explicarles a los valientes y perseverantes protagonistas sus motivos desde los inicios de su patología -incluyendo anécdotas familiares y traumas infantiles- en un profundo análisis psicológico que pareciera tener sentido y que las víctimas aparentemente valoran y consideran de interés, por lo que prestan atención sin intentar escapar.
La ardua persecución generalmente es interrumpida por el mismo persecutor, quien en una contradictoria actitud piadosa les regala a sus víctimas unos segundos de ventaja. Luego de tanto esfuerzo por –inexplicablemente- asesinarlos, cuando finalmente se presenta una situación de lo más propicia a los fines psicópatas, el persecutor incoherentemente vacila, y regala generosamente un margen de tiempo y espacio para que los protagonistas puedan huir o alcanzar sus armas defensivas.
En este tipo de películas, las víctimas suelen ser grupos de amigos o parejas que salen a distenderse en un viaje lleno de excesos. Los amigos siempre tienen energías y ánimos para beber alcohol y divertirse con música a todo volumen aunque las circunstancias se presenten inciertas o peligrosas. Las pajeras siempre encuentran el tiempo suficiente para demostrarse atracción física, en una erótica escena donde muestran no tener ninguna dificultad para abstraerse del momento traumático que están atravesando y sumergirse en un intercambio de sensuales expresiones de afecto.
El lazo que se genera entre la experta policía –si es que existe, ya que hay casos en los que jamás aparece- y las sufridas víctimas suele fluctuar radicalmente entre una inicial enemistad basada en la injustificada acusación hacia los pobres y martirizados protagonistas, hasta una complicidad casi afectiva entre ellos y los oficiales. Tal fluctuación tiene lugar gracias a la perspicacia de un quizás retirado o desinteresado detective que toma el caso sin mucho entusiasmo, y percibe disimuladas evidencias que demuestran que un enfermo terrorista acosa a los sospechosos. A partir de ese momento de iluminación intelectual, el detective va resolviendo los acontecimientos, hasta quizás prediciendo lo que ocurrirá a continuación. Sin embargo, lo hace en paralelo, sin intervenir: da lugar a que la masacre se desarrolle mientras él, lúdicamente, adivina los sucesos y sus culpables. Al mismo tiempo, las víctimas consideran más prudente defenderse por sus propios medios, aunque esto implique aportar a la sospecha de su culpabilidad, que buscar ayuda en los profesionales.
Esto se debe a que la fuerza policial, con la experiencia y entrenamiento con el que cuentan, no supera al profesionalismo de las inocentes víctimas que logran desarrollar una improvisada y envidiable capacidad para manipular armas de todo tipo y calibre. No sorprende cuando algún despistado patrullero, en un atropello de torpe curiosidad, se acerca al punto exacto donde el desaforado asesino se encuentra destruyendo toda la escenografía para consultarle, con ridícula amabilidad, qué es lo que ocurre, ¿todo se encuentra bien?
Es envidiable, por otro lado, la capacidad de mantener los criterios estéticos que tienen los protagonistas. Sus ropas se raen prolijamente luciendo las partes más tonificadas de sus cuerpos; las heridas y raspones resaltan los rasgos más atractivos; y las manchas de suciedad y sangre no hacen más que embellecer a los más-modelos-que-actores. Sin contar que los cabellos, que tanta dedicación le toman a la mujer promedio, a las femeninas y esbeltas protagonistas no les implica una complicación ya que se desordenan perfectamente sobre sus hombros, sin engrasarse, ensuciarse ni despeinarse demasiado (no importa el agua, el cloro, el petróleo, ni cualquier otra sustancia que pudiera caerle encima). Por suerte, en este rubro audiovisual aún no se pueden percibir los olores, porque en ese caso, sería admirable descubrir que a pesar de las corridas, de esconderse en los lugares más desagradables y de pasar semanas sin bañarse ni cambiarse las ropas, en lugar de emanar un hedor apestoso, se desprendería de sus corrompidos cuerpos un delicioso aroma al último desodorante del mercado.
De más está mencionar los clichés tales como ingresar a una casa terrorífica y saludar con un tembloroso “¿Hola?” esperando que el psicópata o ente paranormal responda en un improvisado juego de Marco Polo; tomar baños en los momentos menos oportunos, ideales para reflexionar bajo la ducha caliente mientras un extraño demente deambula por la casa; separarse de sus compañeros para volverse más vulnerables y acercarse al punto exacto donde la muerte está llamando para enfrentarla solos y desamparados; calzarse los auriculares más potentes para escuchar punk cuando deben estar atentos para hacer guardia; entre otras cosas muy recomendables para aquellos que se encuentren a punto de ser asesinados.
Este análisis, insisto, se aplica en casos de películas taquilleras cuyo único fin es comercial. Son películas de terror o suspenso que terminan causando risa por lo absurdas, básicas y predecibles. Me encantaría que quienes lean este artículo, pudieran recomendarme películas de terror o suspenso de esas que es difícil encontrar hoy en día, que sean realmente buenas y no caigan en convencionalismos ni trivialidades.
Sobre el autor: "Soy Licenciada en Publicidad. Me gusta expresar mi forma de interpretar las sencillas bellezas de la vida, y enredarme en sus misterios. En Twitter soy @c_carolita y este es Mi blog"

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