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    Cuando buscar huesos se convirtió en una guerra

    La Guerra de los Huesos
    Hoy la ciencia cuenta con el más amplio reconocimiento social. En su intento por comprender el mundo, los investigadores transitaron por el camino de la intuición al principio, hasta lograr una elaborada metodología capaz de hacer predicciones y de enunciar hipótesis razonables que frecuentemente se cumplen, dando lugar al desafío que proponen nuevos enigmas.
    Pero los científicos son hombres y, como tales, están envueltos en pasiones, ambiciones e intereses personales. Muchas veces quedan atrapados en curiosas y vergonzantes situaciones.
    Una de ellas, en el campo de la paleontología, fue conocida como “La Guerra de los Huesos”

    Los bandos
    Edward Drinker Cope, de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia y Othniel Charles Marsh, del Museo de Historia Natural de Yale. Ambos, amigos en un principio, utilizaron recursos propios para financiar exploraciones y extracción de inmensos vertebrados, “dinosaurios” en su mayoría.

    Las hostilidades
    Con el tiempo, esa amistad comenzó a deteriorarse. Las campañas se realizaban en verano y los resultados preliminares eran enviados a los museos para sentar prioridad de los descubrimientos. Durante el invierno, se profundizaban los estudios y redactaban los informes detallados. En esa dinámica, se podía ver frecuentemente que los informes preliminares describían un mismo fósil, que recibían dos nombres distintos. Eso hacía que uno de los investigadores perdiera la prioridad del descubrimiento.
    Esta situación, casi humillante, llevó a la generación de burlas públicas. La más resonante quizás fue cuando Cope armó un Elasmosaurus y le ubicó la cabeza en lo que era la cola del animal. Cope trató de ocultar su error comprando todos los ejemplares de la publicación donde aparecía el error.
    A medida que pasaba el tiempo, las relaciones entre ambos se iban tensando. Marsh sobornó operarios de campo de Cope para que le llevaran a él los huesos encontrados. Pero Cope, a su vez contrató, en forma clandestina, gente de Mash en sus expediciones. Al enterarse éste enfureció. Una de esas personas argumentó que su real objetivo era desviar a Cope de los lugares de mayor concentración de huesos.
    Para complicar la situación, un hombre de Marsh envió equivocadamente huesos a Cope, quien a pesar de restituírselos a Marsh, no logró calmar las aguas entre ellos.
    La historia, con ribetes de comedia, tendría más capítulos. Cope “invadió” áreas de Marsh para “robarle” huesos. Así se sucedieron una serie de sabotajes, acusaciones de calumnias, todo tipo de obstáculos a los viajes de campaña, episodios de espionaje y sobornos.
    También aparecieron rumores de la destrucción de yacimientos con dinamita para que el otro no pudiera recolectar lo que no podía recolectar al finalizar la campaña y hasta equipos adversarios peleándose a “cascotazos”.
    Como se dice con frecuencia, la realidad superó la ficción. De hecho, esta realidad sirvió para la redacción de un cómic titulado “Bone Sharps, Cowboys, and Thunder Lizards”, de Jim Ottaviani.
    Estas excavaciones con tantos sobresaltos ocurrieron entre 1877 y 1892. Finalmente, en 1897 fallece Cope.

    La Guerra de los Huesos y sus consecuencias
    Esta disputa, con sus bizarras aristas, llevó al descubrimiento de unas 136 especies nuevas de dinosaurios, mientras que hasta ese momento sólo se habían descripto nueve especies en América del Norte.
    Los dinosaurios pasaron a ocupar la atención del público y se inauguraron nuevas salas en los museos de Historia Natural, como se los llamaba por entonces.
    Se editaron libros y publicaciones de distinto tipo.
    En cuanto a Marsh y Cope, terminaron en la ruina y debieron vender parte de sus colecciones para vivir.

    El duelo y la muerte
    En una especie de venganza post-mortem, Cope donó su cráneo para que su volumen sea medido y, así, demostrar mayor inteligencia que su adversario. (Por aquellos tiempos, se creía que el volumen craneal estaba relacionado con la inteligencia). Marsh, no aceptó el reto y para dejar esta historia abierta, aún hoy no hay certeza que el cráneo depositado en la Universidad de Pensilvania sea el original.

    Este artículo fue escrito por pi31416
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