Personajes | Esther Perel (49)
Es terapeuta de pareja. Nació en Bélgica, estudió en Israel, atiende en Nueva York. Con "La inteligencia erótica" saltó a la fama.
Cuando Esther Perel escribió "La inteligencia erótica" no pensó que se convertiría en best-seller. Hasta ese momento era una exitosa pero nada mediática terapeuta de pareja que desde su consultorio neoyorquino, debido a su capacidad profesional y a los ocho idiomas que habla con fluidez, le ayudaba a recuperar el deseo perdido a parejas de diferentes latitudes.
Hija de padres sobrevivientes del Holocausto, llevó una vida nómada y siempre estuvo en contacto con refugiados. Fue con los exiliados argentinos y uruguayos durante la dictadura militar que aprendió el español. Su elección profesional no fue casual: heredera de una historia de dolor, tomó partido a favor del placer.
Noticias: Tu libro comienza con un poema de Lawrence que dice que el sexo es un estado de gracia y que no sobrevive en una jaula. ¿Es incompatible el buen sexo con la jaula de una relación estable?
Esther Perel: En inglés el título de mi libro es "Mating in captivity" ("Aparearse en cautiverio"). Se me ocurrió a partir de los pandas de un zoológico que no podían reproducirse: estaban demasiado cerca el uno del otro y para desear tiene que haber cierta distancia. Creo que no es imposible que el deseo sobreviva en una relación estable, pero en cautiverio no funciona.
Noticias: ¿Se puede mantener esta distancia o toda pareja termina por ser un cautiverio?
Perel: Esa distancia se puede crear, pero muchas parejas no lo hacen. No necesariamente una pareja estable es una forma de cautiverio, pero a veces se transforma en eso.
Noticias: ¿Cómo se concilia la pérdida de la distancia con la supervivencia del deseo?
Perel: Si un niño está sentado en nuestras rodillas, en algún momento se levanta y sale al mundo. Si cuando se da vuelta encuentra un adulto que lo estimula a que lo explore y lo disfrute, utilizará la confianza que le dio la cercanía para ir más lejos, disfrutar y manejar su independencia. Si, en cambio, se da vuelta y encuentra un adulto ansioso, nervioso, enojado y deprimido, tiene dos posibilidades: vuelve y aprende que esa cercanía significa comprometer su libertad o sigue explorando pero mira todo el tiempo hacia atrás para ver si no va a ser abandonado o castigado. En el segundo caso, ese niño tendrá dificultades para entender cómo hacer para estar al mismo tiempo con alguien y adentro de sí mismo. Para tener buen sexo hay que aprender precisamente eso, a estar dentro del espacio erótico del otro y dentro del cuerpo propio, de las propias sensaciones. Se trata de un equilibrio entre nuestra necesidad de tener seguridad y de tener libertad. Una pareja debe entender que no existe seguridad total, que es una ilusión.
Noticias: Se dice que lo que sucede en la cama es el reflejo de lo que sucede fuera de ella. ¿El sexo es una metáfora de lo que sucede en una relación?
Perel: No, la sexualidad no es una metáfora de la relación, como nos enseñaron siempre, es un lenguaje paralelo. Las reglas del deseo no son las mismas que las del amor. El sexo tiene soberanía.
Noticias: Es decir que una pareja puede tener buen sexo y mala relación y buena relación y mal sexo.
Perel: Sí. Yo escribí el libro para los que quieren tener buen sexo. Si una pareja no se aguanta y no quiere tocarse, no me necesita.
Noticias: ¿Cómo se explica que en la época de la libertad sexual el deseo languidezca?
Perel: Cuando escribí el libro pensé que lo hacía como una terapeuta extranjera que trabaja en Nueva York y observa la sexualidad americana. Cuando lo tradujeron a 21 idiomas en menos de un año me di cuenta de que el fenómeno no era americano, sino occidental: donde entra el ideal romántico se observa la falla del deseo.
Noticias: ¿Cómo es eso?
Perel: La generación que se educó con las ideas de la revolución sexual tiene la posibilidad de la contracepción, ideales democráticos y permiso para hacer lo que quiere, pero no tiene ganas de hacerlo o por lo menos no con su pareja. ¿Qué sucede? Se maneja con el ideal romántico: "Yo te escojo y tú eres la persona con la que voy a tener todo. Ya no necesito nada más". Con tantas expectativas es difícil que haya distancia. Hoy buscamos en una persona lo que antes nos daba toda una comunidad. Por primera vez buscamos la pasión dentro de casa.
Noticias: ¿Existe, además, un imperativo de gozar?
Perel: Sí. Si antes teníamos vergüenza de tener sexo, ahora tenemos vergüenza de no tenerlo.
Noticias: Para vos la infidelidad no es necesariamente mala. ¿Por qué?
Perel: Es increíble, en la Argentina todo el mundo quiere que hable de infidelidad, sobre todo, de infidelidad femenina. A través de mis pacientes aprendí que la infidelidad puede matar a una pareja que ya se está muriendo, pero que a veces la vigoriza y produce, al mismo tiempo que enojo y dolor, la renovación del deseo. En algunos casos la infidelidad es positiva porque despierta a la pareja de la apatía o equilibra el matrimonio.
Noticias: ¿Tenés una pareja estable?
Perel: Sí, desde hace 25 años. Formé una familia.
Noticias: ¿Cómo condicionó tu sentimiento de seguridad el ser hija de sobrevivientes del Holocausto?
Perel: A mí no es necesario explicarme que la seguridad es una ilusión y que la incertidumbre es parte de la vida. Cuando vienes de una familia en la que se perdió todo, vives con la idea de que puedes perderlo otra vez. Nunca pienso que lo que tengo hoy voy a seguir teniéndolo mañana. Cuando viví en Amberes junto a refugiados observé que había dos grupos: los que no murieron y los que volvieron a vivir. Los que no murieron son los que se dedicaron a buscar seguridad, los que no sabían cómo disfrutar sin sentirse culpables. Los que volvieron a vivir son los que, como los chicos, pudieron encontrar un poco de seguridad o se convencieron de que no existe y salieron a explorar el mundo, disfrutaron sin culpas y dejaron disfrutar a sus hijos.
Noticias: ¿Este fue tu caso?
Perel: Sí. Cuando una pareja se queja de falta de deseo en realidad se queja de la pérdida de esa capacidad de disfrute, de esa vitalidad, no de una baja frecuencia sexual. Se quejan del sexo pero hablan de otra cosa y creo que esa otra cosa yo la aprendí de la actitud vital de mis padres, aunque no sé nada de la sexualidad de ellos.
Noticias: Viniendo de una familia que pasó por tanto dolor te dedicás a ayudar a otros a sentir placer.
Perel: Sí, en mi familia, como en muchas familias que vivieron el Holocausto, había un mandato de ser feliz. Yo no estuve en un campo de concentración, no me pasó nada, por lo tanto no tengo derecho a estar triste.
Noticias: Pero eso no es cierto. Todo el mundo sufre, aunque no haya pasado por un campo de concentración.
Perel: Claro que no es cierto, pero nosotros teníamos el mandato no sólo de vivir nuestra vida, sino la de todos los que se murieron. Teníamos el mandato de ser felices.
Otra nota de la misma autora: http://www.intramed.net/actualidad/a...at=Entrevistas
