#1 Lo más difícil del amor.
El olvido y su no búsqueda.
Lucho día a día por no olvidar, por no olvidar a mis primeros amores, por no olvidar a ninguno. Es el ejercicio doloroso, sufrido y tan solitario de entender, de aceptar, de seguir viviendo. La pelea entre la pluralidad y los matices de la vida, y el camino que uno eligió. Y entonces me siento a recordar, aquel primer amor que lo fue todo, aquel segundo que terminó pacíficamente, aquellos enamoramientos intermedios que nunca se concretaron y que fueron tan puros, tan claros, tan sin aristas, aquel último que llegó sin buscarlo y que se fue tan injustamente.
Sí, uno pide justicia, gratitud, deseo, uno grita y llora y fuerza y agarra para ser reconocido, cuando debería soltar, debería huír, debería correr lo más lejos posible sin mirar atrás. Debería esperar pacientemente el nuevo viento, debería uno hacer tantas cosas que no hace. Amar a otras, a miles, como un conejo. Debería llenar la vida de imágenes superpuestas, de nombres de mujeres, de todos los nombres y todas las fechas, y todos los aromas y todos los cielos y los infiernos. Pero espero, meses y meses de espera, absurda espera, se espera la muerte que de comienzo a la vida.
Uf, la espera está llena de cansancio y amargura.
Salgo a la calle en un intento de tomar aire, cambiar de ambiente, darle tiempo al tiempo, y adivino en el rostro de los demás mi reflejo, el abatimiento, la pérdida y el cansancio. ¿Qué se hace en esas circunstancias?, cuando uno sabe de antemano que no podrá llegar a los demás, porque está mal, porque duele, porque no aprendió a desprenderse. Se sabe necesitado de afecto e interés, pero también uno sabe que cualquier relación que nace de la pena o la compasión no vale. Entonces rehúyo la profundidad en el trato, pospongo todo hasta estar bien y sigo esperando.
Y llega la noche, tan cargada de tiempo.
Cuando las voces se apagan, y la luna se deja ver entre las nubes, la mente cobra una forma misteriosa. En esos momentos el peligro es inminente, la máquina comienza a funciona y llena huecos, llena las caricias faltantes con posibles y los besos con deseo, sólo deseo, crudo y sin sentido. Aparecen todos los fantasmas juntos y nos hacen sentir la desolación de comprender y entender, y a la vez no aceptar, no querer. Es una lucha desigual entre dos titanes, uno que quiere vivir y otro que ansía la muerte. El que quiere vivir es la posibilidad del nuevo amor, pobre, tan lleno de inexperiencia, y el otro que ya sabemos cuál es. En la balanza del sentir y del pensar, siempre gana el segundo. Aunque astutamente nos hace creer que ha perdido.
Tal vez el amor sea sólo ilusión, una bella y regocijante ilusión de la que no queremos partir. ¿Todo será ilusión?, yo muero por creer que no, y seguiré muriendo.
Conclusión: Para mi lo más difícil del amor es dejar de confiar y creer en la otra persona, de que aunque esté lejos y casada, aunque haya terminado bien, aunque me haya roto el alma (son varias distintas), aunque no nos hayamos conocido o no hablemos hace años, seguir creyendo en ella y esperando que si algún día la vida nos vuelve a reunir nos podamos dar la mano. El creer en todo y no olvidar es una pesada carga. El romanticismo y todas esas miasmas.
Quiero aclarar que no estoy pidiendo consejos, quería compartir este pensar y me gustaría leer lo que más difícil se les hace del amor a ustedes.
PD: Disculpen la forma.
PD2: Ya sé que dicen "primero hay que aprender a olvidar".
Lucho día a día por no olvidar, por no olvidar a mis primeros amores, por no olvidar a ninguno. Es el ejercicio doloroso, sufrido y tan solitario de entender, de aceptar, de seguir viviendo. La pelea entre la pluralidad y los matices de la vida, y el camino que uno eligió. Y entonces me siento a recordar, aquel primer amor que lo fue todo, aquel segundo que terminó pacíficamente, aquellos enamoramientos intermedios que nunca se concretaron y que fueron tan puros, tan claros, tan sin aristas, aquel último que llegó sin buscarlo y que se fue tan injustamente.
Sí, uno pide justicia, gratitud, deseo, uno grita y llora y fuerza y agarra para ser reconocido, cuando debería soltar, debería huír, debería correr lo más lejos posible sin mirar atrás. Debería esperar pacientemente el nuevo viento, debería uno hacer tantas cosas que no hace. Amar a otras, a miles, como un conejo. Debería llenar la vida de imágenes superpuestas, de nombres de mujeres, de todos los nombres y todas las fechas, y todos los aromas y todos los cielos y los infiernos. Pero espero, meses y meses de espera, absurda espera, se espera la muerte que de comienzo a la vida.
Uf, la espera está llena de cansancio y amargura.
Salgo a la calle en un intento de tomar aire, cambiar de ambiente, darle tiempo al tiempo, y adivino en el rostro de los demás mi reflejo, el abatimiento, la pérdida y el cansancio. ¿Qué se hace en esas circunstancias?, cuando uno sabe de antemano que no podrá llegar a los demás, porque está mal, porque duele, porque no aprendió a desprenderse. Se sabe necesitado de afecto e interés, pero también uno sabe que cualquier relación que nace de la pena o la compasión no vale. Entonces rehúyo la profundidad en el trato, pospongo todo hasta estar bien y sigo esperando.
Y llega la noche, tan cargada de tiempo.
Cuando las voces se apagan, y la luna se deja ver entre las nubes, la mente cobra una forma misteriosa. En esos momentos el peligro es inminente, la máquina comienza a funciona y llena huecos, llena las caricias faltantes con posibles y los besos con deseo, sólo deseo, crudo y sin sentido. Aparecen todos los fantasmas juntos y nos hacen sentir la desolación de comprender y entender, y a la vez no aceptar, no querer. Es una lucha desigual entre dos titanes, uno que quiere vivir y otro que ansía la muerte. El que quiere vivir es la posibilidad del nuevo amor, pobre, tan lleno de inexperiencia, y el otro que ya sabemos cuál es. En la balanza del sentir y del pensar, siempre gana el segundo. Aunque astutamente nos hace creer que ha perdido.
Tal vez el amor sea sólo ilusión, una bella y regocijante ilusión de la que no queremos partir. ¿Todo será ilusión?, yo muero por creer que no, y seguiré muriendo.
Conclusión: Para mi lo más difícil del amor es dejar de confiar y creer en la otra persona, de que aunque esté lejos y casada, aunque haya terminado bien, aunque me haya roto el alma (son varias distintas), aunque no nos hayamos conocido o no hablemos hace años, seguir creyendo en ella y esperando que si algún día la vida nos vuelve a reunir nos podamos dar la mano. El creer en todo y no olvidar es una pesada carga. El romanticismo y todas esas miasmas.
Quiero aclarar que no estoy pidiendo consejos, quería compartir este pensar y me gustaría leer lo que más difícil se les hace del amor a ustedes.
PD: Disculpen la forma.
PD2: Ya sé que dicen "primero hay que aprender a olvidar".
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, pero todos tenemos que dejar ir a la persona a la que amamos, aunque la sigamos amando, 