#1 Perro que ladra ¿muerde?
Miles de personas son mordidas cada año. A pesar de que muchas son sin importancia, cerca del 1% de los casos atendidos en las guardias se deben a lesiones provocadas por perros. Y al menos la mitad de las víctimas son niños.

La transformación de un cachorro activo y simpático, que tironea de los pantalones cuando tiene ganas de jugar, salta para llamar la atención o gruñe protestando cuando le sacan su juguete favorito, a un perro adulto con actitudes agresivas, no sucede de la noche a la mañana, sino que es un proceso gradual. Hay muchas familias, sin embargo, que se sorprenden cuando enfrentan esta realidad porque no supieron comprender pequeñas señales durante su período de crecimiento.

Los factores genéticos y hereditarios juegan un rol importante. Razas protectoras como el Doberman o el Rottweiler son mucho más agresivas que un Labrador o un Collie. Las hormonas pueden contribuir en tendencias agresivas de machos intactos, hembras en celo o con un falso embarazo, o hembras amamantando cachorros. También es decisivo el medio ambiente: condiciones de vida, falta de socialización, castigos excesivos, ser atacados o asustados por un perro agresivo, ser malcriados u objeto de demasiada atención por parte de los dueños, ser frecuentemente molestado y asustado por chicos o caminantes.

La agresión puede manifestarse de diferentes modos, según el carácter del perro: se habla de una agresividad dominante cuando el perro controla la casa según su conveniencia. Puede elegir las visitas, atacando a aquellas que no quiere cerca, y afuera puede atacar a otros perros que se crucen en su camino. Este perro sufre de un complejo de superioridad y no hay que dudar en bajar su status. La agresividad predatoria es común en perros pastores. En estos casos, la tentación de correr y perseguir es muy grande. Por esta razón, es esencial el entrenamiento de obediencia. Hay que reemplazar la necesidad de perseguir con juegos como arrojar la pelota, etc.

Cuando el perro considera que algo es de su propiedad, lo protege; puede ser la casa, el auto o el jardín. En estos casos de agresividad territorial, no se le puede permitir tener cosas propias, el acceso a sus juguetes debe ser controlado por el dueño.

El hecho es que la mayoría de los perros que quedan en el jardín simplemente se acuestan y esperan a que se les permita reunirse con su dueño, o aprenden a defender lo que consideran su territorio contra cualquier otra criatura viviente.

Un perro muy nervioso puede ser letal. Algunas personas pretenden curar este tipo de agresividad nerviosa compulsivamente, pero este método sólo sirve para aumentar el problema. Un animal que ataca por miedo debe aprender a confiar.

Su asociación con las personas debe ser gradual y agradable, mediante caricias y premios a medida que cede el control y el perro se aproxima amistosamente. Los visitantes no deben acercarse ni fnirarlo hasta que el animal decida acercarse por su cuenta. Si bien en casa es tentador dejar que el perro se esconda detrás de los muebles, puede causar problemas si considera que alguien amenaza su refugio.

El tratamiento de un comportamiento agresivo es mejor manejado por un especialista en comportamiento animal o por un entrenador con mucha experiencia. Cuando busque asistencia profesional, es preferible seguir el consejo de su veterinario y entrevistar entrenadores cuidadosamente para poder seleccionarlos.

No hay que olvidar que una vez que un perro alcanza un estado dominante, el castigo no puede usarse para corregirlo. Nunca hay que mostrar agresión, esto sólo servirá para aumentar el problema.

Como reaccionar ante el ataque de un perro

-No corra cuando se enfrenta a un perro amenazador

-Evite el contacto visual, ya que el perro lo interpreta como un desafío (luzca indiferente)

-Nunca le dé la espalda a un perro que está ladrando

-Deje que el perro lo olfatee (en la mayoría de las veces se retira luego de darse cuenta que usted no es una amenaza)
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