Género teatral viejo como el mundo, es esencial y expresión netamente popular, con variantes múltiples, pero en el fondo, en substancia, siempre el mismo. España lo tuvo en su forma más sencilla y espontánea, "el entremés".

Lo extrajo del pueblo y a los pueblos lo presentó, entre otros ilustres, Don Miguel de Cervantes Saavedra comunicándole el colorido, la frescura y la espontaneidad que volcaría en sus otras obras, singulares documentos humanos no superados aún. No en vano su vida transcurrió en una angustia apretada, conviviendo con toda clase de hombres para devolvérnosla expresada en un género teatral que pudo no ser de índole íntima pero sí, documental y palpitante. Tal cual nuestros saineteros que, si no salieron de él todos, ambularon muchos en arrabales y antros de pobreza. Vino luego de España un eclipse de entremeses, posible consecuencia del abuso.

El teatro en Buenos Aires fue un efectivo barómetro político. Todos los acontecimientos políticos repercutían en el Coliseo. En los camarines y en los pasillos, a la par de las alusiones encontradas en las obras, se discutía de política. Los mismos actores descendían del escenario y se mezclaban. Las luchas provinciales, los triunfos militares, la designación repentina e imprevista de gobernantes, la muerte de los que al morir ya eran próceres. Lo que interesa es manifestar esa devoción por el teatro, y si es alusivo, mejor. Existía voluntad y, a falta de buenas versiones, aparecieron allí, mezclados actores, dramaturgos y comediógrafos que traducían, adaptaban y hasta condimentaban los dramas, comedias y sainetes. Los sainetes iban al final de la función, con los que se procuraba poner un paliativo a los dramas que tenían seis actos y exigían dos noches de representación. El sainete proporcionó un arma de dos filos a sus intérpretes, duchos en la imitación, hábiles en la composición y fijación de los tipos en su mayoría siempre pintorescas: napolitanos, genoveses, madrileños, vascongados, judíos, gallegos, turcos, etc.

Al sainete lo mató las revistas traducidas por músicos y autores criollos, esa revista puesta a veces, espléndidamente con muchas luces, más mujeres, etc. La capacidad de improvisación de los actores fue uno de los elementos que dieron agilidad y gracia al sainete. Podemos dividir el sainete en español, con partes cómicas, en donde se puede ir de personas de la realidad a personajes metafísicos, allí hablamos de zarzuela (sainete musical que en Río de la Plata va a incorporar personajes arquetípicos) y citamos la Verbena de la Paloma; del argentino en donde se destaca Vacarezza con la inclusión del tango y lo dramático.

Se define al sainete como cuadro jocoso o satírico en el cual se presentan costumbres populares, en general, escrito en lengua vulgar. El género chico o sainete se presentaba al final del espectáculo, se hacía en los bailes y sólo luego cuando tomó autonomía, llegó a ser también una improvisación con lineamientos. Conviene añadir que la segunda línea mayor apuntada se bifurca en expresiones que si pueden coincidir en el trámite de una misma pieza, llegan a adquirir una clara diferenciación. Ello se origina en la distinta conformación de los personajes: el drámatico y el grotesco.