#1 Indicio de vida en una de las lunas de Jupiter, Europa
Para los que les gusta astronomia como a mi , les tengo esto, si no les gusta, no lo leen, y listo.
aca te dejo lo prometido, esto es algo de lo que tengo guardado, capas despues les posteo mas
.
Se cree que la luna joviana Europa es uno de los lugares más probables para la vida microscópica en nuestro sistema solar. Quizá bajo la costra helada se reunan los tres ingredientes necesarios para la supervivencia de organismos vivos: agua, energía y compuestos orgánicos.
Se sospecha que la tonalidad ocre-rojiza de las grietas en la corteza helada pueden estar causadas por la presencia de microorganismos atrapados en el hielo. Para investigar este supuesto un geólogo planetario del Centro Ames de la NASA, comparó el registro infrarrojo del hielo de Europa con otro obtenido en los chimeneas termales del parque Nacional de Yellowstone. Curiosamente ambas medidas en el han resultado ser muy similares.
Otro ciéntifico con experiencia con las bacterias extremófilas con experiencia en los extraños ecosistemas de Yellowstone, proporcionó los datos para la comparación de bacterias extremófilas se quedó helado al comprobar el sorprendente parecido.
No obstante, los microorganismos eran algas fotosintéticas cyanidium que probablemente no puedan colonizar Europa. Además las mediciones fueron realizadas a temperatura de ambiente normal.
Una comparación más realista requiere espectros obtenidos a las temperaturas más próximas a las que se encuentra este satélite de Júpiter. De modo que se sometió a dos especies de bacterias extremófilas: Deinococcus radiodurans y Sulfobus Shibatae a esas condiciones para luego analizar la huella infrarroja. También se sometió a análisis a otra bacteria más común: Eschericia coli para comprobar si las bacterias ordinarias podían mostrar espectros semejantes o era una propiedad específica de las extremófilas.
La Eschericia coli se desarrolla mejor a temperaturas de 37ºC y pH neutro de 7. En cambio la sulfobus shibatae que oxida el azufre para subsistir prefiere un pH muy ácido del orden de 2 y temperaturas en torno a 80ºC. La Deinococcus radiodurans puede soportar fuertes dósis de radiación ultravioleta, además de frío extremo, condiciones de vacío y daños por oxidación.
De las tres bacterias, la extremófila D. radiodurans es en principio la más apta para vivir en las condiciones de Europa. Sin embargo la S. shibatae estaría en mejores condiciones de colonizar el océano subterráneo de Europa. En el laboratorio un equipo de biólogos cultivó esta última bacteria en un medio que contenía altas concentraciones de sulfatos de magnesio y ácido sulfúrico, se supone que ambas sustancias se encuentran en grandes cantidades en el océano de Europa.
La temperatura superficial de Europa es en promedio de -162ºC y tiene una "atmósfera" de 10^-7 bares (la atmósfera terrestre a nivel del mar tiene aproximadamente 1 bar). Lo que se hizo a continuación fuemedir el espectro infrarrojo de la S. shibatae a intervalos de 10ºC reduciendo la temperatura hasta 100ºK (-173ºC). Al llegar a esa temperatura se hizo el vacío en la cámara hasta llegar a 10^-6 bares.
Los resultados iniciales de este experimento indican que aun en las condiciones más extremas existe un notable parecido con ciertos aspectos del registro infrarrojo de Europa.
El registro infrarrojo de las grietas y franjas coloreadas de Europa fue obtenido por el instrumento de la Galileo Near Infrarred Mapping Espectrometer (espectrómetro de infrarrojo cercano). En las demás regiones el espectro obtenido fue el de hielo de agua.
El misterioso color observado es agua mezclada con otro tipo de compuestos. Según muchos científicos pueden consistir en un conjunto de sales y ácido sulfúrico contenidos en el propio hielo. Las sales pueden aportar más evidencias de un océano subterráneo salado bajo la capa de hielo, como indicó el propio magnetómetro de la nave Galileo.
Si las sales son la causa de esta anomlía en el espectro, serían con mayor probabilidad sosa y Epsom (sulfato de magnesio), que únicamente se forman en presencia de agua líquida. Pero aunque el espectro general de las sales minerales es similar al de estas zonas coloreadas, ninguna mezcla de sales minerales nos proporciona un espectro que coincida exactamente con el espectro observado.
Todo lo que sabemos es que la superficie de Europa está parcialmente compuesta por una sal hidratada, o un mineral hidratado o algún tipo de hidrato poco conocido. El agua se encuentra vinculada a las células vivas en cierto número de formas incluyendo las hidratos, es por ello que debe profundizarse esta investigación.
El espectro infrarrojo de las bacterias extremófilas concuerda mejor que el de las sales.
En realidad no hay esperanzas de encontrar E. coli en Europa. Es más sensato pensar en una bacteria más especializada para subsistir en ese ambiente. El espectro de esta bacteria es tan próximo a los de las bacterias extremófilas que algún tipo de microorganismo evolucionado en Europa puede producir el mismo registro infrarrojo.
Ninguna de las bacterias extremófilas terrestres conocidas puede sobrevivir en unas condiciones tan hostiles como la de la corteza helada de Europa. En el océano subyacente las condiciones son más favorables para la existencia de alguna forma de vida bacteriana. Para sobrevivir allí entre los tres tipos de bacterias analizadas, son las bacterias extremófilas las mejores candidatas para la vida en la luna helada. Estas especies también pueden ser rosadas y pardas, lo que ayudaría a explicar este misteriosa coloración. En cambio las sales son blanquecinas.
Los microorganismos pudieran haber sido eyectados por algún tipo de erupción y haber quedado atrapados en los hielos. También podrían haber sido objeto de procesos más graduales y cubiertos por escoria de impactos de micrometeoritos.
Además de los registros infrarrojos que se ajustaban a los europeanos, se han encontrado dos bandas espectrales más en las bacterias que no coinciden con las de Europa. Esto último refuerza la presencia de algún tipo de vida bacteriana ya que son debidas a estructuras proteicas que serían desintegradas por la radiación solar y por tanto no deberían aparecer en los espectros de Europa y de hecho no aparecen.
Pero como afirma Ronald Greely, geólogo planetario, la única forma de probar estas conjeturas es tomar muestras de la superficie de Europa, así que se necesitará una misión que aterrize en esta luna de Júpiter para confrontar los datos.
aca te dejo lo prometido, esto es algo de lo que tengo guardado, capas despues les posteo mas
.Se cree que la luna joviana Europa es uno de los lugares más probables para la vida microscópica en nuestro sistema solar. Quizá bajo la costra helada se reunan los tres ingredientes necesarios para la supervivencia de organismos vivos: agua, energía y compuestos orgánicos.
Se sospecha que la tonalidad ocre-rojiza de las grietas en la corteza helada pueden estar causadas por la presencia de microorganismos atrapados en el hielo. Para investigar este supuesto un geólogo planetario del Centro Ames de la NASA, comparó el registro infrarrojo del hielo de Europa con otro obtenido en los chimeneas termales del parque Nacional de Yellowstone. Curiosamente ambas medidas en el han resultado ser muy similares.
Otro ciéntifico con experiencia con las bacterias extremófilas con experiencia en los extraños ecosistemas de Yellowstone, proporcionó los datos para la comparación de bacterias extremófilas se quedó helado al comprobar el sorprendente parecido.
No obstante, los microorganismos eran algas fotosintéticas cyanidium que probablemente no puedan colonizar Europa. Además las mediciones fueron realizadas a temperatura de ambiente normal.
Una comparación más realista requiere espectros obtenidos a las temperaturas más próximas a las que se encuentra este satélite de Júpiter. De modo que se sometió a dos especies de bacterias extremófilas: Deinococcus radiodurans y Sulfobus Shibatae a esas condiciones para luego analizar la huella infrarroja. También se sometió a análisis a otra bacteria más común: Eschericia coli para comprobar si las bacterias ordinarias podían mostrar espectros semejantes o era una propiedad específica de las extremófilas.
La Eschericia coli se desarrolla mejor a temperaturas de 37ºC y pH neutro de 7. En cambio la sulfobus shibatae que oxida el azufre para subsistir prefiere un pH muy ácido del orden de 2 y temperaturas en torno a 80ºC. La Deinococcus radiodurans puede soportar fuertes dósis de radiación ultravioleta, además de frío extremo, condiciones de vacío y daños por oxidación.
De las tres bacterias, la extremófila D. radiodurans es en principio la más apta para vivir en las condiciones de Europa. Sin embargo la S. shibatae estaría en mejores condiciones de colonizar el océano subterráneo de Europa. En el laboratorio un equipo de biólogos cultivó esta última bacteria en un medio que contenía altas concentraciones de sulfatos de magnesio y ácido sulfúrico, se supone que ambas sustancias se encuentran en grandes cantidades en el océano de Europa.
La temperatura superficial de Europa es en promedio de -162ºC y tiene una "atmósfera" de 10^-7 bares (la atmósfera terrestre a nivel del mar tiene aproximadamente 1 bar). Lo que se hizo a continuación fuemedir el espectro infrarrojo de la S. shibatae a intervalos de 10ºC reduciendo la temperatura hasta 100ºK (-173ºC). Al llegar a esa temperatura se hizo el vacío en la cámara hasta llegar a 10^-6 bares.
Los resultados iniciales de este experimento indican que aun en las condiciones más extremas existe un notable parecido con ciertos aspectos del registro infrarrojo de Europa.
El registro infrarrojo de las grietas y franjas coloreadas de Europa fue obtenido por el instrumento de la Galileo Near Infrarred Mapping Espectrometer (espectrómetro de infrarrojo cercano). En las demás regiones el espectro obtenido fue el de hielo de agua.
El misterioso color observado es agua mezclada con otro tipo de compuestos. Según muchos científicos pueden consistir en un conjunto de sales y ácido sulfúrico contenidos en el propio hielo. Las sales pueden aportar más evidencias de un océano subterráneo salado bajo la capa de hielo, como indicó el propio magnetómetro de la nave Galileo.
Si las sales son la causa de esta anomlía en el espectro, serían con mayor probabilidad sosa y Epsom (sulfato de magnesio), que únicamente se forman en presencia de agua líquida. Pero aunque el espectro general de las sales minerales es similar al de estas zonas coloreadas, ninguna mezcla de sales minerales nos proporciona un espectro que coincida exactamente con el espectro observado.
Todo lo que sabemos es que la superficie de Europa está parcialmente compuesta por una sal hidratada, o un mineral hidratado o algún tipo de hidrato poco conocido. El agua se encuentra vinculada a las células vivas en cierto número de formas incluyendo las hidratos, es por ello que debe profundizarse esta investigación.
El espectro infrarrojo de las bacterias extremófilas concuerda mejor que el de las sales.
En realidad no hay esperanzas de encontrar E. coli en Europa. Es más sensato pensar en una bacteria más especializada para subsistir en ese ambiente. El espectro de esta bacteria es tan próximo a los de las bacterias extremófilas que algún tipo de microorganismo evolucionado en Europa puede producir el mismo registro infrarrojo.
Ninguna de las bacterias extremófilas terrestres conocidas puede sobrevivir en unas condiciones tan hostiles como la de la corteza helada de Europa. En el océano subyacente las condiciones son más favorables para la existencia de alguna forma de vida bacteriana. Para sobrevivir allí entre los tres tipos de bacterias analizadas, son las bacterias extremófilas las mejores candidatas para la vida en la luna helada. Estas especies también pueden ser rosadas y pardas, lo que ayudaría a explicar este misteriosa coloración. En cambio las sales son blanquecinas.
Los microorganismos pudieran haber sido eyectados por algún tipo de erupción y haber quedado atrapados en los hielos. También podrían haber sido objeto de procesos más graduales y cubiertos por escoria de impactos de micrometeoritos.
Además de los registros infrarrojos que se ajustaban a los europeanos, se han encontrado dos bandas espectrales más en las bacterias que no coinciden con las de Europa. Esto último refuerza la presencia de algún tipo de vida bacteriana ya que son debidas a estructuras proteicas que serían desintegradas por la radiación solar y por tanto no deberían aparecer en los espectros de Europa y de hecho no aparecen.
Pero como afirma Ronald Greely, geólogo planetario, la única forma de probar estas conjeturas es tomar muestras de la superficie de Europa, así que se necesitará una misión que aterrize en esta luna de Júpiter para confrontar los datos.
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