Como alguna gente del foro ya sabrá, el año pasado estuve de viaje por Europa. En mi estancia en el norte de Italia tuve una experiencia tragicómica que paso a relatar.

Como tengo familia en Módena, decidimos quedarnos ahi durante bastante tiempo para poder recorrer (yendo y viniendo en el día) distintas ciudades del norte de Italia.
Es así que pude recorrer, yendome temprano en la mañana y volviendo a la noche ciudades como Florencia, Milán, etc.

Uno de los últimos días me tocaba ir a Venecia. Así fue que fuimos, pasamos el día y emprendemos el camino de regreso a Módena, en tren. Cuando vamos a comprar el pasaje, a través de una máquina expendedora vemos que estaba saliendo un tren regional (lechero, que tarda más pero que es más barato) en menos de dos minutos. Si no había que esperar una hora para tomar un tren de alta velocidad para llegar al mismo horario que con el otro. Es así que con mi hermana decidimos correr hasta el andén para subirnos al tren. Llegamos con lo justo, entramos al tren y el tren salió.

Como yo siempre me había manejado con trenes rápidos (los cuales paran pocas veces y sólo en grandes ciudades) no me parecía raro estar parando cada algunos minutos en pueblos que ni había escuchado nombrar.

Cuando de repente empiezo a dudar. Si bien toda Italia es conocida porque hay montañas en toda su extensión hay una excepción a ello, la llanura padana. Es en esta llanura en donde se encuentra Módena, ciudad a la que nosotros debíamos llegar. A diferencia de lo que pasaba el resto de las veces al regresar, en vez de ir viendo menos montañas y más pequeñas en tamaño, comencé a ver todo lo contrario. Algo en mi me decía que algo no estaba yendo bien, pero no se lo quería decir a mi hermana que no entendía nada del tema ni del idioma (yo hablo bien italiano).

Conforme el viaje avanzaba cada vez veía cosas que me hacían dudar más. Los pueblos en los que parabamos comenzaban a tener banderas italianas en las calles. Algo que no era común pero que yo había visto anteriormente en zonas fronterizas.

Cuando todo estaba dado para que mi hipótesis se confirmara, escucho que habíamos llegado a Bassano del Grappa y que era el fin del recorrido. Mi hermana me miraba sin entender nada, y así como bajabamos del tren comenzaba a mirarme con cara de odio y a preguntarme que estaba pasando. A todo esto, nuestros acentos rioplantenses despertó la atención de otra argentina que estaba bajando del tren (que vivía ahi) , preguntandonos que hacíamos ahí. Como yo no quería quedar como un boludo le respondí que estabamos para recorrer a lo que me puso una cara de "¿que carajo pretendés ver acá?". Yo hice caso omiso y seguí en la mía.

Después de desayunarme que estabamos adentrandonos en los Alpes (o sea, yendo hacía el otro lado de donde debíamos ir) y que estabamos en un pueblo chiquito, empezamos a buscar un plan de escape. A todo esto mi hermana me estaba puteando de arriba a abajo y yo, por la situación extraña en la que estaba, no podía hacer otra cosa más que reirme. Así fue que mientras intentaba solucionar lo acontecido (a través de la búsqueda de computadora para fijarnos los horarios de otros trenes como para irnos de ahi ya que la boletería de la estación estaba cerrada) mi hermana y yo experimentabamos sensaciones totalmente opuestas que no se modificaron en las siguientes dos horas (literalmente me estuve riendo dos horas mientras que ella no podía contener su angustia).



Después de mucho buscar soluciones, se nos hizo imposible tener contacto con nadie en la estación, así como era imposible encontrar una computadora con internet aun en el centro propio del pueblo en el que estabamos. Así que lo que vimos en un cartel era que los dos únicos trenes que salían de ese pueblo ese día era uno que iba a Trieste (a la frontera con Eslovenia) o uno que iba a Venecia (ciudad de la que nosotros habíamos partido).

En el medio de la plaza principal, decidimos que lo más sensato era volver a Venecia, pero no quería antes de irme dejar de retratar el momento que estabamos viviendo. Es así que decido sacar unas fotos del centro de Bassano del Grapa (nombre que nunca más mi mente va a olvidar), una de las cuales aparece mi hermana expresando todo lo que sentía en este momento.

La foto no puede ser más expresiva. Una vez que llegamos de nuevo a la estación nos dimos cuenta que el mismo tren en el que habíamos venido era el que nos iba a llevar de nuevo a Venecia. Una vez arriba del tren, y ante los llamados de mi mamá que ya se estaba empezando a preocupar porque no volvíamos, le dijimos lo que había pasado y que habíamos tomado la sana decisión de que al llegar a Venecia (onda 11 de la noche) ibamos a buscar un hotel y quedarnos a dormir ahí para poder aprovechar otro día más de aquella ciudad.

FIN.

PD: Por último dejo una foto de la estación, lugar donde la odisea empezó y terminó.

Spoiler