Distintas culturas recuerdan hoy a los muertos
Las ceremonias mezclan ritos religiosos y paganos, en un sincretismo que construye el culto a la otra vida
En la fecha, Día de los Muertos, distintas culturas recuerdan a sus difuntos con ceremonias en las que se mezclan ritos religiosos y paganos, un sincretismo del que fluye el culto a la otra vida.
Ese día el pueblo maya rendía culto a la inmortalidad del alma y a la vida de ultratumba, una costumbre que aún se conserva en los pueblos de la ruta turística Mundo Maya, que abarca México, Belice, Guatemala, El Salvador y Honduras.
En el estado mexicano de Chiapas, que integra esa ruta, los deudos van al cementerio con baldes, escobas y pintura, dispuestos a renovar la última morada de sus muertitos.
En Guatemala, país de magias y misticismos, las ceremonias del Día de los Muertos se realizan al son de la marimba, mientras se remontan barriletes de colores, cuyos hilos simbolizan la unión de la vida, en la tierra, con la muerte, en el cielo.
Este rito finaliza con la quema de los barriletes, que significa que los difuntos han retornado a la paz de los sepulcros.
Extrañamente, en este país de Centroamérica ya existía la cruz antes de la llegada de los españoles; era el símbolo de los cuatro elementos sagrados: aire, agua, fuego y tierra.
En Bali, "la isla de los dioses" de Indonesia, la muerte es apenas el tiempo en que el alma abandona el cuerpo y se eleva hacia otra vida mejor, y el momento en que el cuerpo, ya sin sentido, tiene que pasar con alegría por la ceremonia de la purificación a través del fuego.
Porque en Bali, devenida en centro turístico luego de que en la década del 70 los surfistas australianos descubrieron las enormes olas de sus playas, aún se practican ritos muy cruentos ligados al culto a los antepasados.
Uno de ellos, el rito de la cremación, ya es un espectáculo turístico al que se puede asistir solicitando autorización al Ministerio de Turismo y pagando un pequeño arancel.
La cremación se realiza al aire libre y la familia ofrece comidas especiales y entretiene a los visitantes con sus famosos bailes de sombras, y con la música que fluye del gamelán, un instrumento muy parecido al xilofón.
Luego de unas seis horas las familias reciben las cenizas adentro de un coco, que oficia de urna funeraria, y sólo los íntimos se arrojan mar adentro para esparcirlas. Tanto le temen los balineses a los espíritus marítimos que erigieron para ellos el Templo de Tanah Lot.
Los occidentales también sienten una profunda atracción hacia los misterios del más allá, se crea o no en "la otra vida", y también por las moradas finales de los cementerios. Muchos dicen que no son sólo lugares para llorar, sino que tienen jardines, monumentos y diseños arquitectónicos dignos de conocer.
La muerte y el turismo, en principio, no parecen una buena dupla, pero los millones de visitantes que se inclinan ante el estudiado sepulcro de Napoleón, en París, y los 50 turistas -no se permiten más- que cada día visitan la tumba de la reina Nefertari, esposa del faraón egipcio Ramsés II, demuestran que la muerte mueve multitudes.
En el cementerio Pére-Lachaise, en París, los argentinos aún visitan la tumba vacía de Juan Bautista Alberdi, cerca de la de Modigliani y de la de Piaf. Las floristas españolas son las que informan que "el señorito Alberdi regresó a su patria".
La misma atracción conduce a los turistas hacia el camposanto de Auvers-sur-Oise, pueblo cercano a la Ciudad Luz, para visitar la tumba de los hermanos Vincent y Teodoro Van Gogh, un itinerario que incluye la visita a la casa del torturado pintor.
En la Argentina la necrofilia turística se remonta a la historia y apunta al elegante cementerio de La Recoleta, donde la bóveda siempre cerrada de la familia Duarte cobija tras desconocidos avatares el cuerpo de Eva Perón, cuyo última morada debería ser la quinta bonaerense de San Vicente, epicentro de feroces combates entre grupos sindicales hace 15 días, cuando trasladaron el cadáver del ex presidente Juan Domingo Perón.
Por su parte, la comunidad jujeña, que mantiene vivos los ritos ancestrales y en especial los vinculados a la fe, recordó ayer a todos los santos y preparaba las ofrendas para rendir hoy homenaje a sus familiares muertos. Una vez más la fe de miles de norteños se manifestó en los templos con oraciones a Dios y todos los santos, mientras que en forma casera se preparan altares repletos con comidas y bebidas para ofrendar a las almas de los fieles difuntos. (Télam)