#1 El anonimato y la privacidad en la Red ¿Es cierto que todo lo que
La compu
El anonimato y la privacidad en la Red
¿Es cierto que todo lo que hacemos queda registrado?
Creemos que en Internet no tenemos nombre ni apellido
Es más bien al revés
Sin embargo, una parte significativa de los cibernautas locales es casi anónima
Estamos de estreno en Mi PC. A partir de esta edición, comenzaremos a publicar una serie de columnas escritas por los protagonistas de la informática en el país. Los número uno de las empresas que investigan y construyen estas tecnologías tienen, lo hemos comprobado una y otra vez, mucho para decir. ¿Por qué no hacerlo en primera persona?
La firma que da el puntapié inicial es la de Marcelo San Pedro, gerente general de Epson de Argentina y director general de Epson Latinoamérica Sur. Le recomiendo la lectura de su columna, no sólo porque se trata de un excelente texto, sino también porque se enterará de cosas muy nuevas. E inesperadas.
Invisible, pero evidente
La polémica desatada por la reglamentación de la ley 25.873, la semana última, mostró que la mayoría de nosotros cree que existe algo así como un anonimato predeterminado cuando andamos por Internet. Bueno, no es así.
El anonimato perfecto existe, claro, pero dentro de ciertos límites y de forma transitoria. Por ejemplo, si una persona saca una cuenta de correo en Hotmail desde un cibercafé y con ella comete alguna fechoría, las posibilidades de que los registros de su sesión sirvan para una investigación son nulas. Sería mejor buscar huellas digitales en el teclado.
A cada computadora conectada a Internet se le asigna un número IP, algo así como la patente de los autos. En un cibercafé, los IP de las máquinas estarán asociados con la persona responsable del local, no a sus eventuales clientes.
En nuestro hogar, usando un proveedor de Internet (o ISP) con cuota mensual, el IP cambia cada vez que nos conectamos y en el registro queda consignado a qué cuenta se le proveyó. Si alguien hace algo malo durante esa sesión de Internet, ese dato apunta al responsable de la cuenta, no necesariamente a quien cometió el ilícito.
Los piratas saben esto, por lo que una de sus técnicas para burlar el rastreo es robarle a alguien su cuenta en un ISP. Los registros llevarán así a la persona equivocada. No es, dicho sea de paso, la única trampa de la que echan mano.
En el caso de los ISP gratis, donde no existe contrato, se puede contar con el número de teléfono desde el cual se realizó la conexión, no mucho más. Pese a todo, estos ISP hacen esfuerzos por restringir los abusos que se le pueden dar a sus servicios.
Cada servidor al que accedemos, desde el mail hasta las páginas Web o la descarga de archivos, registra nuestro número IP, así como las actividades que hemos realizado en ese servidor. Si el IP tiene un nombre y un apellido, el anonimato se desploma. Ahora, si los logs almacenan información tan detallada, ¿dónde termina el anonimato y empieza la privacidad?
Los registros de tráfico, pese a lo que se cree, también pueden contener parte de nuestra intimidad. No porque sí los programas espías intentan también rastrear nuestros pasos por Internet. Porque dicen mucho de lo que hacemos en nuestra vida privada: qué servidor visitamos, qué archivos bajamos, a qué hora realizamos transacciones de home banking.
La lista de sutilezas que el espacio virtual plantea a la hora de legislar excede estos párrafos. Los detalles técnicos son abrumadores. Hay nuevos paradigmas y realidades. Y nuevas clases de delincuentes, nuevas armas, nuevos fraudes. Nuevos derechos y obligaciones.
Una sola cosa me parece clara hoy, luego de reflexionar sobre el tema durante días: no hay una solución exprés, instantánea y mágica. Se trata de derechos civiles y seguridad en un mundo casi completamente diferente del que conocemos.
Es hora de pensar, no de apresurarse.
Por Eduardo Dahl
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/696453
El anonimato y la privacidad en la Red
¿Es cierto que todo lo que hacemos queda registrado?
Creemos que en Internet no tenemos nombre ni apellido
Es más bien al revés
Sin embargo, una parte significativa de los cibernautas locales es casi anónima
Estamos de estreno en Mi PC. A partir de esta edición, comenzaremos a publicar una serie de columnas escritas por los protagonistas de la informática en el país. Los número uno de las empresas que investigan y construyen estas tecnologías tienen, lo hemos comprobado una y otra vez, mucho para decir. ¿Por qué no hacerlo en primera persona?
La firma que da el puntapié inicial es la de Marcelo San Pedro, gerente general de Epson de Argentina y director general de Epson Latinoamérica Sur. Le recomiendo la lectura de su columna, no sólo porque se trata de un excelente texto, sino también porque se enterará de cosas muy nuevas. E inesperadas.
Invisible, pero evidente
La polémica desatada por la reglamentación de la ley 25.873, la semana última, mostró que la mayoría de nosotros cree que existe algo así como un anonimato predeterminado cuando andamos por Internet. Bueno, no es así.
El anonimato perfecto existe, claro, pero dentro de ciertos límites y de forma transitoria. Por ejemplo, si una persona saca una cuenta de correo en Hotmail desde un cibercafé y con ella comete alguna fechoría, las posibilidades de que los registros de su sesión sirvan para una investigación son nulas. Sería mejor buscar huellas digitales en el teclado.
A cada computadora conectada a Internet se le asigna un número IP, algo así como la patente de los autos. En un cibercafé, los IP de las máquinas estarán asociados con la persona responsable del local, no a sus eventuales clientes.
En nuestro hogar, usando un proveedor de Internet (o ISP) con cuota mensual, el IP cambia cada vez que nos conectamos y en el registro queda consignado a qué cuenta se le proveyó. Si alguien hace algo malo durante esa sesión de Internet, ese dato apunta al responsable de la cuenta, no necesariamente a quien cometió el ilícito.
Los piratas saben esto, por lo que una de sus técnicas para burlar el rastreo es robarle a alguien su cuenta en un ISP. Los registros llevarán así a la persona equivocada. No es, dicho sea de paso, la única trampa de la que echan mano.
En el caso de los ISP gratis, donde no existe contrato, se puede contar con el número de teléfono desde el cual se realizó la conexión, no mucho más. Pese a todo, estos ISP hacen esfuerzos por restringir los abusos que se le pueden dar a sus servicios.
Cada servidor al que accedemos, desde el mail hasta las páginas Web o la descarga de archivos, registra nuestro número IP, así como las actividades que hemos realizado en ese servidor. Si el IP tiene un nombre y un apellido, el anonimato se desploma. Ahora, si los logs almacenan información tan detallada, ¿dónde termina el anonimato y empieza la privacidad?
Los registros de tráfico, pese a lo que se cree, también pueden contener parte de nuestra intimidad. No porque sí los programas espías intentan también rastrear nuestros pasos por Internet. Porque dicen mucho de lo que hacemos en nuestra vida privada: qué servidor visitamos, qué archivos bajamos, a qué hora realizamos transacciones de home banking.
La lista de sutilezas que el espacio virtual plantea a la hora de legislar excede estos párrafos. Los detalles técnicos son abrumadores. Hay nuevos paradigmas y realidades. Y nuevas clases de delincuentes, nuevas armas, nuevos fraudes. Nuevos derechos y obligaciones.
Una sola cosa me parece clara hoy, luego de reflexionar sobre el tema durante días: no hay una solución exprés, instantánea y mágica. Se trata de derechos civiles y seguridad en un mundo casi completamente diferente del que conocemos.
Es hora de pensar, no de apresurarse.
Por Eduardo Dahl
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/696453
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