El descubrimiento de este sorprendente ingenio fue en el año 1900, cuando un buzo se encontró a una profundidad de poco más de 40 metros en el Mar Egeo, próximo a la pequeña isla griega de Antiquitera un navío mercante griego que se hundió allí aproximadamente en el año 80 antes de Cristo. En su interior había estatuas de mármol y bronce, ánforas y jarrones, piezas de oro y plata...
Sin embargo, entre tanto legado clásico, entre tanto tesoro de la antigüedad, entre tantas piezas riquísimas, un pequeño objeto que apenas destacaba entonces es hoy el más importante de todos ellos; y es que, al fin y al cabo, no parecía más que una piedra calcárea... en medio de preciadas joyas. Pero aquella simple piedra es hoy uno de los fetiches más valorados del Museo Arqueológico de Atenas. Bajo la vitrina que lo exhibe podemos leer una sugerente leyenda: "la máquina de Antiquitera".
El artefacto más valioso recuperado de este cargamento pasó inicialmente inadvertido. Cuando lo retiraron de las aguas, era algo como una caja de madera carcomida, de tamaño aproximado a una caja de zapatos. Debido a las precarias condiciones, el objeto pronto se deshizo en pedazos, lo que, por otro lado, permitió que quedaran expuestos algunos engranajes. Las inscripciones en griego permitían fecharlo de forma aproximada, y tal fecha coincidía con la de otros objetos encontrados en los destrozos del navío. El mecanismo de Antiquitera fue construido y se hundió en las aguas del Mediterráneo al final del siglo I a.C.
La primera imagen corresponde a la caja donde venía el artefacto, la segunda a la pieza sin limpiar y la tercera los grabados en griego de unos los fragmentos
Se pensó que era un astrolabio, aunque había quienes argumentaban, con razón, que las inscripciones eran demasiado complicadas para un mecanismo de este tipo. Al mismo tiempo, estaban los que decían que los griegos del siglo I a.C. ni siquiera podían construir un astrolabio. Pasarían más de cinco décadas hasta que el trabajo de restauración del mecanismo de Antiquitera llegase a un punto en que se podía poner más atención, lo que fue hecho por el físico e historiador Derek de Solla Price (familiarizado en la construcción de astrolabios medievales)
Derek limpió el objeto, le extrajo las impurezas atrapadas por la agresiva acción del mar en el seno del Egeo y, sin siquiera imaginarlo, se encontró con lo que hoy es, sin género de dudas, el mecanismo de relojería y astronómico más complejo de la antigüedad.
En su primera publicación sobre el tema en 1955 sitúa el mecanismo de Antiquitera como precursor de todos los relojes mecánicos. Más adelante, en un artículo fascinante en la revista "
Scientific American" de junio de 1959, llamó la atención del mundo científico sobre diversos aspectos del mecanismo, apuntando que debía ser una computadora astronómica a partir de las inscripciones con referencia al zodiaco, cuerpos celestes y a los meses del año. Estos contadores son singulares por presentar claras marcas periódicas, y si inferimos la existencia de punteros móviles, esto establece al mecanismo de Antiquitera como el instrumento científicamente graduado más antiguo que conocemos.
Mecanismo de la máquina
Todos los más de 30 engranes que componen el mecanismo original parecen haber sido cortados de la misma placa de bronce con una pequeña cantidad de latón, con dientes simples compuestos de triángulos con un ángulo de 60 grados en cada uno de ellos, y por lo tanto intercambiables. A partir de los engranes, Price conjeturó que el giro de un engrane motriz, ya perdido, movía todos los otros que llevaban los punteros e indicaban el movimiento de los cuerpos celestes a lo largo del tiempo. Así pues, el mecanismo sería una especie de simulador capaz de indicar las posiciones celestes en cualquier fecha, simplemente con girar una manivela para el frente y otra para atrás. Este giro podría ser incluso automatizado, representando el cielo junto con un reloj de agua.
La hipótesis era tan osada que se llegó a proponer que el artefacto había caído en medio de los destrozos del navío en un período medieval. De hecho, por todo lo que sabemos, el mecanismo de Antiquitera está más de mil años adelantado a su tiempo. Mecanismos conocidos con gran sofisticación similares solo se vieron surgir después del siglo XIII o más tarde. Sin embargo, nuevamente, una serie de evidencias indicaron con seguridad que data del siglo I a.C. La hipótesis es sin duda extraordinaria, y se acompaña de una serie de evidencias extraordinarias.
Más de 20 años después de iniciar su trabajo, teniendo como base fotografías recientes de rayos X y rayos gamma del objeto, Price publicaría su trabajo final sobre el mecanismo: "
Gears from the greeks" (1974)
El artefacto visto a través de los rayos X
Según la reconstrucción conjetural de Price, el mecanismo de Antiquitera era un arreglo de engranes creados y dispuestos para indicar las posiciones del Sol y la Luna de acuerdo con el calendario. La reconstrucción revela aspectos increíbles.
El mecanismo de la máquina
Por el lado científico, construir el mecanismo de Antiquitera involucró trabajar a partir de una serie de tablas astronómicas con precisión admirable para pueblos que observaban el cielo sin telescopios. Eran tablas que los griegos deben haber heredado de los babilonios. Observando las tablas, los ciclos astronómicos se hacen más claros.
El mecanismo de Antiquitera incorpora la razón astronómica de 254/19, lo que es una excelente aproximación al valor real, irracional, con un error aproximado de solo una parte en 86 mil. Se pueden imaginar varias explicaciones para que los griegos antiguos hayan llegado a tal valor, pero la más económica (sin recurrir a seres extraterrestres o descendientes de la Atlántida) sugiere que al observar y compilar tablas astronómicas pudieron haber percibido el ciclo de 19 años de equinoccios, solsticios y fases de la Luna. Diecinueve años equivalen a 235 + 19 = 254 revoluciones de la Luna en relación con las estrellas, siendo una adición derivada del hecho de que hay una revolución más por año mientras la Luna gira con nosotros alrededor del Sol.
Aplicar la proporción de 254/19 con engranes no es tarea fácil, y aquí entra el notable aspecto tecnológico del mecanismo. Con engranes simples de eje fijo, por más complejos que se hagan los arreglos, estamos limitados a multiplicaciones y divisiones de números. Para efectuar adiciones y sustracciones en nuestra pequeña computadora mecánica, necesitamos de un enorme avance tecnológico: el engrane diferencial.
El uso moderno y más cotidiano del engrane diferencial es en los automóviles, en donde permiten que las ruedas de cada lado del coche giren a velocidades diferentes, con una distribución proporcional de tracción de eje. Un diferencial es, básicamente, un engrane de eje móvil capaz de girar libremente entre otros dos. El movimiento del eje móvil es equivalente a la mitad de los movimientos sumados por los dos engranes en cuestión. Este engrane diferencial fue inventado por el inglés James Starley, en 1877.
Según Price, el mecanismo de Antiquitera incorpora de forma ingeniosa un engrane diferencial, y es éste su aspecto tecnológico más notable. Hay relatos chinos legendarios que hablan de un "carruaje apuntando al sur" usado en batallas en el mil a. C. o antes. Sería un dispositivo de navegación que movido con cuidado, siempre apuntaba al sur a partir de un movimiento diferencial de sus dos ruedas. Tal carruaje incorporaría un diferencial, no obstante evidencias directas de tal mecanismo datan recién del 300 d. C. en adelante. De esta forma, el diferencial del mecanismo de Antiquitera también es el más antiguo diferencial conocido de forma segura.
Tanto científica como tecnológicamente, el mecanismo de Antiquitera se revela como fantástico y singular. Es un ejemplo perfecto que viene a quebrar una "verdad" impuesta: hace 2000 años no existía la tecnología para confeccionarlo y aún no se habían alcanzado los conocimientos astronómicos que se derivan de su perfección a la hora de calcular movimientos de astros.
Sin embargo, afortunadamente o no, la historia y, al menos la que se impone a golpe de "verdad científica", no siempre sabe de lógica.
El martillo fósil
Fue hallado en 1934 muy cerca de London (Texas, Estados Unidos).
Apareció incrustado en el interior de una roca, lo que desde el principio obligó a los estudiosos a sospechar que tenía una antigüedad extrema. La madera del mango del martillo estaba fosilizada y la cabeza, de hierro, se fundía con la piedra, ¡lo cual significaba que el martillo era anterior a la roca!.
El mango del martillo es de madera, pero dicha madera se encuentra petrificada. La parte interior, porosa, se ha transformado en carbón. Precisamente, en aquellos lares la petrificación de la madera es algo que ha ocurrido con cierta frecuencia. Son bien conocidos los bosques de árboles petrificados de Texas, que no son sino la consecuencia de un proceso geológico mediante el cual la madera muy antigua acaba convirtiéndose en piedra. Sin embargo, para que esto ocurra deben transcurrir nada menos que 140 millones de años y, aunque el encontrar un tronco de árbol en ese estado no nos puede sorprender mucho, no sucede lo mismo cuando lo que encontramos es una pieza de madera que ha sido trabajada por la mano del hombre. Teniendo en cuenta ambos factores y que los primeros homínidos no surgen hasta hace 7 millones de años, añadiendo además que no fue hasta hace 2 cuando nuestros ancestros comenzaron a fabricar herramientas, este descubrimiento hace tambalear los cimientos de la historia humana.
Respecto a la cabeza del martillo, el misterio es todavía mayor. Unos análisis efectuados en el Instituto Metalúrgico de Columbia dejaron ver que la cabeza estaba formada en un 96.6% por hierro, en un 2.6% por cloro y en casi un 1% por azufre. Tal combinación de elementos quiere decir que el objeto es hierro casi puro, algo que sólo puede conseguirse empleándose avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, los investigadores efectuaron varias radiografías del objeto. Gracias a los rayos X dedujeron que, durante su fabricación, el hierro empleado fue purificado y endurecido. Para conseguirlo, es necesaria la utilización de una tecnología metalúrgica muy reciente...
Pasando a la roca, tras los estudios geológicos pertinentes, resultó tener 140 millones de años (recordar el dato de petrificación de la madera) y, según señalan los estudiosos, se sedimentó después de la fabricación del martillo. Los estudiosos separaron la piedra del objeto, lo que provocó una muesca en la parte superior de la roca. Ésta parecía formar parte de algo parecido al recubrimiento del objeto, lo que indujo a un nuevo análisis. Formada por hierro en cuatro partes, la muesca contenía silicio, azufre, calcio, potasio y cloro, lo que significaba que era producto de un proceso poco común. Al estar fundida la cabeza del martillo con la roca se ha sospechado que dicho proceso podría deberse a que, en tiempos, el objeto estuvo sometido a una presión atmosférica distinta de la actual, lo que nuevamente obliga a pensar en una época remotísima.
Como explicación natural se ha propuesto la posibilidad de que la cabeza del martillo perteneciera al hierro procedente de un meteorito. Sin embargo, los elementos hallados en la pieza arqueológica no coinciden con los que sería de esperar de una roca procedente del Sistema Solar. Además, el proceso posterior habría originado impurezas en el metal que no se habrían escapado del escrutinio de los laboratorios que participaron en el análisis.
Así pues, nos encontramos ante uno de los objetos más desestabilizadores jamás hallados, un objeto datado en una época en la que sobre la faz de la Tierra corrían los dinosaurios y en la que faltaban millones de años para que los humanos apareciéramos en la escena terrícola y, sin embargo, manos como las nuestras fabricaron y usaron ese martillo... no hay explicación posible, al menos hoy por hoy...