Estigmas...
- 30/05/2002#1 Estigmas...
Bueno, realmente me gusta este tema... espero que lo disfruten...
¿Qué es realmente un estigma? Es una marca, una señal en forma de lesión, surgida sin origen físico aparente, que imita cualquiera de las heridas recibidas por Cristo durante su tortura. Los más frecuentes e importantes por su profundo simbolismo fundamental para el Cristianismo son las lesiones que reproducen las cinco llagas, las perforaciones en pies y manos y la herida de la lanza recibida en el costado. A la lista de estos estigmas por antonomasia se añade el del hombro, que a menudo aparece herido, caído o deformado, evocando así el peso de la cruz arrastrada por Jesucristo en su camino al Gólgota. La famosa estigmatizada Louise Lateau portaba este estigma, cuyo efecto era tan intenso que inutilizaba su brazo derecho. Aparecen asimismo estigmas sobre la espalda, en forma de latigazos, reproduciendo la flagelación. El padre Pío, entre otros, presentaba este estigma, como lo atestiguaban diferentes fotografías de sus camisas. Otro estigma es el que aparece sobre la frente, un conjunto de pequeñas lesiones, de doce a quince generalmente, que reproducen las heridas provocadas por la corona de espinas, como las que mostraba, en el siglo XVI la parisina Sor Loise de Jesús; o Jeanne Boisseau, de cuya frente brotaba sangre todos los viernes a las tres de la tarde, a raíz de la Cuaresma de 1862.
Cuando todas estas marcas se dan simultáneamente, se habla de estigmatización completa, un hecho raro, si es que se puede hablar de rareza cuando nos referimos a este extraño fenómeno. Uno de los pocos "estigmatizados completos" fue Catherine de Ricci, quien durante doce años, entre el jueves y el viernes, presentaba las cinco llagas, la corona de espinas, los azotes y el estigma del hombro.
A estos estigmas se pueden añadir otros mucho menos comunes, como heridas en las rodillas conmemorando las caídas de Cristo, o representaciones simbólicas como cruces, látigos e incluso letras o palabras.
LA MARCA DE DIOS
Francesco Forgione, conocido como el padre Pío, fue un enigma viviente para médicos y especialistas hasta su muerte en 1968. Ingresó a los quince años en un monasterio y hacia el año 1915 sufrió una experiencia que marcó su vida. Tuvo una visión de Cristo mientras se encontraba arrodillado en un banco de la iglesia donde acababa de decir misa. Difícilmente pudo explicar su vivencia: "Sentí como si me fuera a morir... La visión se desvaneció y advertí que mis manos, pies y costado estaban perforados y sangrando profusamente". Intentó ocultar sus heridas, pero fue inútil. Los responsables del monasterio le pusieron bajo la tutela de diferentes autoridades médicas que estudiaron de cerca las heridas. De modo prácticamente unánime, reconocieron que éstas atravesaban completamente sus manos, despedían un aroma agradable y ningún tratamiento había sido útil para curarlas. No tenían explicación alguna para el suceso. Además, el hermano Francesco sufría terribles hipertermias, elevadas subidas de temperatura que hacían romperse los termómetros clínicos. Diferentes manifestaciones paranormales se producían en torno a su persona: bilocación, sanación, don de profecía y una extraña capacidad para leer el pensamiento ajeno. Uno de los informes médicos manifiesta el estupor de los doctores: "He examinado al padre Pío en cinco ocasiones a lo largo de quince meses y, aunque a veces he notado algunas modificaciones en las lesiones, no he conseguido clasificarlas en ningún orden clínico conocido... Creo que incluso se podría ver cualquier objeto o leer un texto colocado al otro lado de su mano".
Francesco Forgione, el padre Pío, constituye, tanto desde el punto de vista místico como parapsicológico y médico, un misterio incómodo y desconcertante para la ciencia. Pero no ha sido, ni es, el único. San Francisco de Asís pasa por ser el primer estigmatizado de la historia. En medio de una intensa visión, el santo contempló la imagen de un serafín representando a Cristo crucificado. Mientras lo extraño del hecho turbaba su corazón, empezaron a aparecer en sus manos y pies las marcas de los clavos que poco antes viera en el crucificado que había aparecido ante él.
TRASPASADOS POR LA LUZ
Bien puede decirse que hay tantos tipos de estigmas como estigmatizados. Existe, sin embargo, una característica común que marca el comienzo de la estigmatización. Generalmente, el afectado es un visionario y recibe sus heridas en el curso de un éxtasis profundo en el que la luz se manifiesta como agente primordial. El místico suele ser presa de un éxtasis intenso, durante el cual contempla una figura radiante que representa a Cristo en la cruz y de cuyas llagas parten rayos. La estigmatizada Marie-Julie Jahenny relataba así su experiencia: "Nuestro Señor se me apareció con sus cinco llagas resplandecientes. Había como un Sol en torno a ellas. De cada llaga surgió un rayo luminoso que golpeó mis manos, mis pies y mi costado. En el extremo de cada rayo había una gota de sangre roja". La experiencia es fulminante y arrasa todos los contenidos de la conciencia.
Como si parte de esa luz hubiera quedado impresionada en las heridas, en algunos casos los estigmas desprenden una extraña luminosidad, a veces con formas iridiscentes, como afirman los testigos de la estigmatizada del siglo XVII Jeanne-Marie Bonomo.
Otra característica que diferencia a los estigmas de las lesiones naturales es que las heridas que no sufren procesos de infección, pero tampoco pueden curarse sangran de forma cíclica, en mayor o menor medida y según los casos, coincidiendo con fiestas religiosas asociadas a Cristo o la Cruz. Es sobre todo el Viernes Santo cuando su actividad se recrudece, como si algo o alguien, ya sea Dios o la mente del místico, tratara de enfatizar el momento cumbre de la Pasión.
La propia sangre del estigmatizado no es menos sorprendente. A menudo, como en el caso del padre Pío o de Jeanne de la Croix, exhala agradables perfumes; en otros casos mantiene una elevada temperatura y calienta los objetos que toca, o rompe las vasijas en las que es introducida. Pero sin duda el fenómeno más sorprendente y que ha dejado perplejos a los que han podido observarlo es el de la sangre fluyendo en direcciones insólitas, desafiando literalmente a las leyes de la gravedad y corriendo de la misma forma en que lo haría si el estigmatizado estuviera crucificado. Así se observó en Teresa Neumann. Pese a estar tendida sobre su lecho, la sangre que manaba de las llagas de su pie corría hacia los dedos en lugar de dirigirse hacia los talones, como si realmente tuviera los pies sobre la cruz.
Este hecho resulta especialmente desconcertante, pues el fenómeno se produce fuera del cuerpo del estigmatizado y, por lo tanto, no hay mecanismo fisiológico capaz de explicarlo. Pero, de hecho, ¿qué puede explicar los propios estigmas?
Para el creyente, se trata de un don concedido por Dios. El estigmatizado pide, enfervorizado por la oración y la meditación continua, sufrir los padecimientos de Cristo. Para la Iglesia, el estigma es un "carisma", una marca concedida a las personas especialmente santas para estimular la fe de quienes les contemplan y para servir de ayuda en el camino de autoperfección moral y espiritual del asceta. Una tercera interpretación, a la que no se adhieren los sectores más conservadores, es la propuesta por el sacerdote Dom Alois Mager, según la cual los estigmas son producto de la autosugestión provocada por un inusitado estado de contemplación mística y fervor religioso.
¿Gracia divina? ¿Enfermedad? ¿Fenómeno parapsicológico? El misterio de los estigmatizados está muy lejos de quedar resuelto. Sin embargo, eso importa poco a los millones de personas que peregrinan a la iglesia de San Giovanni Rotondo para venerar al padre Pío, el más asombroso estigmatizado y místico de nuestro siglo.
Y les dejo una foto... -
muy buen tema...
te agrego algo...lastima que este en ingles!!!
stigmata
The stigmata are wounds believed to duplicate the wounds of Christ's crucifixion that appear on the hands and feet, and sometimes on the side and head, of a person. The fact that the stigmata appear differently on its victims is strong evidence that the wounds are not genuinely miraculous (Wilson).
St. Francis of Assisi (1182 - 1226), devoted to imitate Christ in all ways, apparently inflicted himself with wounds and perpetuated the first stigmatic fraud. There have been several hundred others since, including Magdalena de la Cruz (1487-1560) of Spain (who admitted her fraud when she became seriously ill) and Therese Neumann of Bavaria (1898-1962). The latter reportedly survived for 35 years eating only the "bread" of the Holy Eucharist at mass each morning. She was also said to be clairvoyant and capable of astral projection. One of the more recent stigmatics, Fr. James Bruce, claimed not only to have Christ's wounds but also that religious statues wept in his presence. This was in 1992 in a suburb of Washington, D.C., where strange things are common. Needless to say, he packed the pews. He now runs a parish in rural Virginia where the miracles have ceased.
Self-inflicted wounds are common among people with certain kinds of brain disorders. Claiming that the wounds are miraculous is rare and is more likely due to excessive religiosity than to a diseased brain, though both could be at work in some cases.
The likelihood that the wounds are psychosomatic (psychogenic purpuras), manifested by tortured souls, seems less likely than hoaxing in most cases. There are two main reasons for believing the stigmata are usually self-inflicted, rather than psychosomatic or miraculous. One, no stigmatic ever manifests these wounds from start to finish in the presence of others. Only when they are unwatched do they start to bleed. (There is one apparent exception to this rule: Catia Rivas.) And two, Hume's rule in "Of Miracles" is that when an alleged miracle occurs we ask ourselves which would be more miraculous, the alleged miracle or that we are being hoaxed? Reasonableness requires us to go with the lesser of two miracles, the least improbable, and conclude that we are witnessing not miracles but pious frauds. All 32 or so recorded cases of stigmata have been Roman Catholics and all but four of those cases were women. No case of stigmata is known to have occurred before the thirteenth century,* when the crucified Jesus became a standard icon of Christianity in the west. Reasonableness seems to require the non-miraculous explanation.
One of the latest to be added to the list of alleged stigmatics is Audrey Santo, a child who has been in a coma since 1987 when she was three years old. What kind of people are inspired by the concept of a God who would render a child comatose and then inflict wounds on her? Joe Nickell thinks he has the answer.
People seem to hunger for some tangible religious experience, and wherever there is such profound want there is the opportunity for what may be called "pious fraud." Money is rarely the primary motive, the usual impetus being to seemingly triumph over adversity, renew the faith of believers, and confound the doubters.
People also don't want to think God would allow purposeless and gratuitous pain. They like to feel important and please those with power over them. What could be more special than being chosen to suffer the Savior's wounds and torments? What could please God more than being a living proof of God's existence? Well, being honest and truthful might be a good start.
si quieren la inf completa con los link relacionados:
http://skepdic.com/stigmata.html
estoy tratando de buscar en español!!! -
protheo,
algo que no me quedó claro: las marcas de las espigas y de los latigazos son parte de lo que se conoce como "las cinco llagas", o no?
muy buena la data, y gracias. - Publicado por kaArlOncHo
protheo,
algo que no me quedó claro: las marcas de las espigas y de los latigazos son parte de lo que se conoce como "las cinco llagas", o no?
muy buena la data, y gracias.
Sí, son las cinco heridas que habría sufrido jesucristo antes de morir...
