A LA CAZA DE CHARLATANES
LUIS ALFONSO GÁMEZ
Se ha abierto la temporada de caza del escéptico en Más Allá, revista que dedicó en el número de junio de 1995 nada menos que diez páginas a intentar desprestigiar la labor de Alternativa Racional a las Pseudociencias. Y digo que lo intentó porque no lo consiguió, quizá debido a que el encargado de tan delicada misión es un alumno aventajado de la escuela del 'Mississippi', con todo lo que eso supone. Me explico. BENITO MANUEL CARBALLAL, uno de los habituales de las noches de sexo, ocultismo y periodismo amarillo de PEPE NAVARRO, ha aprendido de ALVARO BAEZA a hacerse pasar por entendido en cosas de las que en realidad no tiene ni idea y de JOSÉ AMEDO, a practicar la guerra sucia. Pero la cosa no acaba ahí. El ufólogo gallego también tiene, como Baeza, serios problemas para expresarse debidamente por escrito y, al igual que el ex-policía, tendencia a la chapucería. Explosivo cóctel para alguien que después de haber pasado por el seminario ni siquiera sabe que la palabra lobo no proviene «del latín lobis», como sostiene en su libro La ciencia frente al misterio.
El artículo de Carballal no dice nada de interés -que yo sepa este cazafantasmas no ha escrito nada de interés en su corta carrera-, pero sí resulta interesante por lo que revela: la inquietud que suscita la existencia de ARP entre los estafadores de lo paranormal españoles. Lo que preocupa al autor de «Alternativa Racional a las Pseudociencias. El fanatismo de una nueva secta» no es la escasa solidez de las pruebas esgrimidas habitualmente por él y sus colegas, sino que los escépticos, en su opinión, «están en todo debate y coloquio radiofónico o televisivo sobre lo llamado paranormal».
A partir de ese falso presupuesto, acusa a ARP de «ser una organización de carácter marcial, intransigente, de comportamientos viscerales, ideológicamente vacía de fundamento, acérrima enemiga del diálogo sereno y sorprendentemente llena de imberbes estudiantes con muy limitada cultura que sólo buscan salir en la tele y sentirse importantes». Un hombre de tan basta cultura como Carballal no es, precisamente, la persona más indicada para decir que «la mayor parte de estos pretendidos escépticos y abanderados de la Ciencia carece de titulación universitaria» y «los que la tienen son completamente desconocidos en sus respectivas disciplinas».
Carballal ignora, por ejemplo, lo que es la Organización Mundial de la Salud, el Instituto Astrofísico de Canarias, el Planetario de Pamplona, la Universidad de Zaragoza y un largo etcétera de importantes instituciones y empresas en las que los integrantes de ARP prestan sus servicios. Sería estúpido emprender una competición sobre qué bando, el crédulo o el escéptico, posee más títulos superiores en su haber. No lo he hecho nunca y no voy a hacerlo ahora. Por un lado, porque creo que un título universitario como el que no tiene Carballal no es garantía de racionalidad; por otro, porque ARP no es un colectivo de licenciados, aunque la mayoría de sus miembros lo sean, sino de personas con sentido común y demuestra muy poco sentido común todo aquél que valora a sus congéneres de acuerdo con sus titulaciones.
ARP, Jarrai y los neonazis
Lo que me ha indignado de todo el cúmulo de sandeces propalado por el joven fabricante de paradojas es que saque frases de sus víctimas de contexto y las tergiverse -sustituye unas palabras por otras para amoldar las citas textuales a sus argumentos- para dar la impresión de que los planteamientos de ARP son similares a los que se «podrían encontrar en un manual de Jarrai o de cualquier grupo neonazi, pero ¿en una revista que se dice 'científica'? Y conste que el hecho de que los fundadores y cabecillas de ARP vivan en Euskadi es sólo una casualidad».
Quizá por ser bilbaíno, me repugna especialmente que se me tache de terrorista y que se apunte la posibilidad del empleo de métodos fascistas en la guerra intelectual contra la estupidez. Fue una casualidad que ARP naciera hace once años en el País Vasco, de la mano de madrileños, valencianos, bilbaínos, donostiarras, erandiotarras y berriztarras, y que Carballal pretenda por eso etiquetarnos de simpatizantes de asesinos y chantajistas sólo demuestra una vez más sus problemas para defender sus tesis sin recurrir al insulto, a la coacción o al racismo.
Los escépticos organizados -como gustaba llamarnos el fallecido MARIO BOHOSLAVSKY- jamás hemos recurrido a las amenazas y, menos aún, a la violencia. Ni lo haremos nunca. Sin embargo, sí hemos sido víctimas de las iras de los charlatanes. En los inicios de ARP, por ejemplo, los miembros del grupo Alpha de Sestao nos amenazaron con darnos una paliza si asistíamos a una conferencia y, pocos días después, retuvieron por la fuerza durante más de una hora en un bar a ÁNGEL RODRÍGUEZ, en aquel entonces socio de ARP, porque no era de su agrado una carta que habíamos publicado en un diario y querían que nos desdijéramos.
Que yo sepa, además, ningún escéptico ha hecho la vida imposible a un charlatán, publicando su número de teléfono en Más Allá, como hizo hace varios años el propio Benito Manuel Carballal(la historia se explica detalladamente en este mismo número). Pero ¿qué puede esperarse de un sujeto que tiene entre sus principales fuentes para descalificar nuestro trabajo a un parapsicólogo vizcaíno acusado de abusos deshonestos?
El ufólogo dobla la verdad con la misma facilidad que URI GELLER cucharas. Y, como el ilusionista israelí, al que admira profundamente, hace trampas. Su argucia favorita es sacar frases de contexto y recurrir a novelistas como JUAN JOSÉ BENÍTEZpara fundamentar afirmaciones que sobrepasan lo cómico y caen en lo patético. Así, Carballal sostiene que el autor de Caballo de Troya le ha dicho que un teniente coronel del Cesid ha confirmado que seis personas vinculadas a ARP «han recibido o reciben fondos reservados por colaborar con nosotros». Todo un culebrón, vamos. Y, cómo no, el experto de Más Allá va y se cree el cuento, a pesar de que provenga de uno de los divulgadores menos fiables del panorama esotérico español.
La ignorancia de Benito Manuel Carballal es tan atrevida que se jacta de que, durante el congreso escéptico de Pamplona, yo «no podía imaginar» que su grabadora estaba recogiendo todas las intervenciones. Por una vez, tiene razón. No pude imaginarlo. Lo sabía porque nos lo dijo a todos un miembro de ARP antes de la conferencia inaugural.
Las mentiras de Bruno Cardeñosa
Un mes después, Más Allá ofreció su oportunidad a otro intrépido investigador afectado del síndrome Pinocho. A través de una carta al director, BRUNO CARDEÑOSA se presentaba como uno de los impulsores de Alternativa Racional a las Pseudociencias en Aragón y se lamentaba de «haber potenciado un día aquella original tertulia que supuso la cuna» de «la nueva generación de escépticos que ahora lidera» la asociación.
Cuando MIGUEL ÁNGEL SABADELL y CARLOS TELLERÍA tuvieron conocimiento de esta memez, me consta que no pararon de reírse en una semana. Aunque no era lo más disparatado de una carta, en la que, entre otras cosas, este ufólogo estudiante de Periodismo mantiene que «hoy resulta imposible combatir las burradas de ARP en ningún sitio. Todos los periódicos locales -se refiere a los de Zaragoza- les rinden pleitesía, institutos y universidades prohíben cualquier acto ufológico o parapsicológico y casi a diario, por diferentes motivos, los 'arpíos' siembran una corriente de opinión, no dudan en reventar conferencias o programas de radio y, lo que es más grave, reciben becas y apoyo logístico tanto de los organismos oficiales -ayuntamientos o diputaciones- como de la Iglesia, en especial del Opus Dei».
Nada -repito, nada- de lo que dice Cardeñosa en esta carta es cierto. Y menos que nada lo que se refiere a la financiación de la asociación. Respecto al poder de los escépticos, según la calenturienta mente de este ufólogo, la influencia de ARP «se ha extendido por todo el país y resulta especialmente grave en Zaragoza, uno de los motivos por los que he tenido que abandonar esta ciudad como primera residencia». Y yo que creía que Cardeñosa se había mudado a Bilbao para aprender Periodismo en la Universidad del País Vasco.
Las mentiras de este aprendiz de brujo son sólo equiparables a las de Carballal. Personalmente, este tipo de ataques me trae sin cuidado, pero sé que hay gente a la que pueden hacerle daño. Por eso, desde estas líneas animo a todos a participar en la creación de un banco de datos escéptico para luchar contra embaucadores de esta calaña, denunciar sus abusos y ponerles en su sitio. El objetivo es reunir toda la información posible acerca de los integrantes de esta inquisición -a la que encanta quemar libros, como demuestra Carballal con las fotos que ilustran su libelo- para ponerla en evidencia en cualquier foro.
Ovnis a mogollón
se dedicará a proporcionar munición intelectualpara ser utilizada en radio y televisión. Un ejemplo: ¿Saben qué conocido novelista hizo en su día apología de la droga en una revista esotérica? Se lo contaré otro día. Hasta entonces, quienes conozcan alguna anécdota jugosa sobre cualquier mercachifle están invitados a redactar una líneas o, en su defecto, hacernos llegar el recorte. No hay que olvidar que la caza de charlatanes es una actividad ecológica, que pone en guardia a la sociedad frente a los traficantes de misterios.
© Copyright 1997 Luis Alfonso Gámez