#1 Sobre la creencia en la vida extraterrestre
Este es un fragmento del prólogo de la edición española de "El misterio de Sirio" de Robert K. G. Temple, editado por Ediciones Martínez Roca en 1982.
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Sólo a nivel intelectual aceptamos la existencia de vida extraterrestre. Si somos honrados, reconocemos emocionalmente que, en realidad, no creemos en ello. Eso es lo que me ocurre a mí mismo, y no me cabe la menor duda a nivel racional, e incluso a nivel intuitivo, de que en el espacio existe vida inteligente. Pero me doy cuenta que, al igual que todas las demás personas que conozco, psicológicamente no me esfuerzo por resolver la cuestión. Existe una minoría de personas que "creen en los hombres del espacio" con un celo y un fervor religiosos que a mí me parecen inquietantes y malsanos. Yo no soy una de tales personas. Su fervor es de origen histérico y su creencia satisface un anhelo irracional que, a menudo, es la necesidad de encontrar algo que sustituya a la religión. Muchas de estas personas han perdido la fe religiosa y han decidido que los "hombres del espacio" son la respuesta. Inevitablemente estos "hombres del espacio" se convierten en "dioses visitantes". Estoy completamente en desacuerdo con esta religión. Estoy convencido de que, por muy avanzados y superiores que puedan ser los seres extraterrestres, sería una tontería considerarlos algo más que "gente forastera". Aun cuando sean capaces de hacer cosas mágicas y tengan unas facultades tecnológicas y mentales que nos deslumbren, en lo que a mí respecta son individuos. Nada más. Me resisto a llamarlos "dioses". Debemos mostrarnos más comedidos y no utilizar alegremente este tipo de palabras. Para mí es un consuelo saber que, al menos, mi estado mental no me permite dejarme impresionar y estoy decidido a seguir así aun cuando algún día me entere de cosas verdaderamente asombrosas en relación con los extraterrestres. Eso representa haber ganado gran parte de la batalla por retener la integridad propia ante lo que, inevitablemente, sería una civilización superior.
Pero hay personas que siguen creyendo literalmente que los hombres del espacio son dioses, simplemente porque tienen sus propias razones para creerlo. Son tan insensibles a los argumentos como cualquier otro grupo de fanáticos. En este caso la palabra clave es creer. Es una palabra que se puede utilizar para referirse a la opinión racional, lo que despreocupadamente se denomina "creencia". O puede referirse a lo que casi significa lo contrario: una convicción especulativa y fanática. Por consiguiente, nos encontramos ante un problema semántico. "¿Crees en los hombres del espacio?" se transforma en una pregunta casi sin sentido, ya que nadie especifica a qué clase de creencia se refiere la pregunta. Como es obvio, nuestro lenguaje se sume en el caos al llegar a este punto. Y, sin embargo, es un lenguaje que formamos nosotros mismos.
(...)
Hacerse mayor y dejar la infancia atrás es un proceso irreversible. En la actualidad estamos peligrosamente cerca de perder nuestra virginidad cósmica. Nos encontramos a punto de salir del Edén. Hemos vivido en el paraíso sin saberlo. La vida ha sido un idilio, pero no la hemos percibido como tal. Nuestros descendientes volverán la mirada hacia nuestros días con asombro e incomprensión al ver que seguíamos escondidos en el caparazón de nuestro mundo, envueltos en nuestros sueños.
El durmiente está convencido de que está despierto. Pero luego se despierta de verdad...
Robert Temple
Marzo de 1977
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Hay que decir que Robert K. G. Temple es miembro de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra y un científico con dignidad y status, ampliamente respetado y admirado por sus colegas. No es un investigador paranormal ni nada que se le parezca; y su libro no es ningún delirio. Son casi 300 páginas de evidencia científica, tanto astronómica como antropológica, que sugiere (no llega a afirmarlo porque su formación en ciencias se lo impide, pero lo sugiere de una forma casi "afirmativa") que hace unos 6500 años hubo alguna especie de contacto entre la humanidad prehistórica de ese entonces y una raza extraterrestre cuyo origen sería la estrella Sirio.
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Sólo a nivel intelectual aceptamos la existencia de vida extraterrestre. Si somos honrados, reconocemos emocionalmente que, en realidad, no creemos en ello. Eso es lo que me ocurre a mí mismo, y no me cabe la menor duda a nivel racional, e incluso a nivel intuitivo, de que en el espacio existe vida inteligente. Pero me doy cuenta que, al igual que todas las demás personas que conozco, psicológicamente no me esfuerzo por resolver la cuestión. Existe una minoría de personas que "creen en los hombres del espacio" con un celo y un fervor religiosos que a mí me parecen inquietantes y malsanos. Yo no soy una de tales personas. Su fervor es de origen histérico y su creencia satisface un anhelo irracional que, a menudo, es la necesidad de encontrar algo que sustituya a la religión. Muchas de estas personas han perdido la fe religiosa y han decidido que los "hombres del espacio" son la respuesta. Inevitablemente estos "hombres del espacio" se convierten en "dioses visitantes". Estoy completamente en desacuerdo con esta religión. Estoy convencido de que, por muy avanzados y superiores que puedan ser los seres extraterrestres, sería una tontería considerarlos algo más que "gente forastera". Aun cuando sean capaces de hacer cosas mágicas y tengan unas facultades tecnológicas y mentales que nos deslumbren, en lo que a mí respecta son individuos. Nada más. Me resisto a llamarlos "dioses". Debemos mostrarnos más comedidos y no utilizar alegremente este tipo de palabras. Para mí es un consuelo saber que, al menos, mi estado mental no me permite dejarme impresionar y estoy decidido a seguir así aun cuando algún día me entere de cosas verdaderamente asombrosas en relación con los extraterrestres. Eso representa haber ganado gran parte de la batalla por retener la integridad propia ante lo que, inevitablemente, sería una civilización superior.
Pero hay personas que siguen creyendo literalmente que los hombres del espacio son dioses, simplemente porque tienen sus propias razones para creerlo. Son tan insensibles a los argumentos como cualquier otro grupo de fanáticos. En este caso la palabra clave es creer. Es una palabra que se puede utilizar para referirse a la opinión racional, lo que despreocupadamente se denomina "creencia". O puede referirse a lo que casi significa lo contrario: una convicción especulativa y fanática. Por consiguiente, nos encontramos ante un problema semántico. "¿Crees en los hombres del espacio?" se transforma en una pregunta casi sin sentido, ya que nadie especifica a qué clase de creencia se refiere la pregunta. Como es obvio, nuestro lenguaje se sume en el caos al llegar a este punto. Y, sin embargo, es un lenguaje que formamos nosotros mismos.
(...)
Hacerse mayor y dejar la infancia atrás es un proceso irreversible. En la actualidad estamos peligrosamente cerca de perder nuestra virginidad cósmica. Nos encontramos a punto de salir del Edén. Hemos vivido en el paraíso sin saberlo. La vida ha sido un idilio, pero no la hemos percibido como tal. Nuestros descendientes volverán la mirada hacia nuestros días con asombro e incomprensión al ver que seguíamos escondidos en el caparazón de nuestro mundo, envueltos en nuestros sueños.
El durmiente está convencido de que está despierto. Pero luego se despierta de verdad...
Robert Temple
Marzo de 1977
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Hay que decir que Robert K. G. Temple es miembro de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra y un científico con dignidad y status, ampliamente respetado y admirado por sus colegas. No es un investigador paranormal ni nada que se le parezca; y su libro no es ningún delirio. Son casi 300 páginas de evidencia científica, tanto astronómica como antropológica, que sugiere (no llega a afirmarlo porque su formación en ciencias se lo impide, pero lo sugiere de una forma casi "afirmativa") que hace unos 6500 años hubo alguna especie de contacto entre la humanidad prehistórica de ese entonces y una raza extraterrestre cuyo origen sería la estrella Sirio.
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