#1 La maldición de Tutankamón
La muerte tocará con sus alas a quien moleste al faraón muerto...
Cientos de cuentos, novelas, películas y comics, desde "La Mano de la Momia" hasta "La Maldición del Faraón" han recurrido a este tema como leitmotiv del misterioso encuentro con lo desconocido. ¿Quién no vio nunca un especial de las pirámides o leyó en algún libro acerca de Tutankamón? Sin duda el tema es tan conocido y tantas las versiones que parece difícil llegar al origen de este enigma, sin embargo, este informe de 4 partes, cuenta todo, acerca de la maldición. Por demás interesante para quien le interese el intrigante Egipto, cuyos misterios, aún no terminan de develarse.
La información la saqué de: http://www.losenigmas.com.ar
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Maldiciones
Jeroglíficos y Símbolos
Piramides
Egipto...
Ahora sí, el informe.
¿Cuál es el origen de este mito contemporáneo? En realidad, los ritos funerarios egipcios, el proceso para embalsamar, las tumbas (pirámides y mastabas), siempre impresionó profundamente a los hombres, pero "la maldición del faraón" tuvo su origen recién a comienzos de este siglo, cuando una expedición financiada por un aristócrata inglés, Lord Carnarvon, y encabeza_ da por un arqueólogo profesional, Howard Carter, des_cubrió en el Valle de los Reyes la tumba de un faraón, Tutankamón.
Esta es la historia.
El descubrimiento
680 kilómetros, Nilo arriba, de El Cairo se encuentra Tebas, que en otro tiempo fuera una gran metrópoli y la fastuosa corte de los faraones. A ella afluyó un verdadero torrente de tesoros, en forma de botín o de tributos, proveniente de todo el mundo mercantil de aquellos tiempos. Allí, en los lugares conocidos como Karnak y Luxor, se tributó el más brillante culto al dios Amón. Todavía hoy pueden verse ahí suntuosos templos. A ambos lados del río se elevan columnatas, pilares y obeliscos.
En Tebas Oeste, en la orilla izquierda del Nilo, fue construida la necrópolis, toda una serie de tumbas y templos funerarios. En Biban-el-Muluk, el llamado "Valle de los Reyes", se encuentran, agrestes y ocultas, las tumbas de los reyes. En Biban-el-Harik, las de sus esposas.
Durante el primer año de la primera guerra mundial, el gobierno egipcio autorizó a lord Carnarvon y a Howard Carter para realizar excavaciones en el Valle de los Reyes, donde ya habían sido descubiertas numerosas tumbas, entre ellas, la del gran rey hereje, Amenofis IV.
Lord Carnarvon era una mezcla de deportista y de coleccionista de antigüedades. A raíz de un accidente automovilístico que tuvo a fines de siglo, se veía forzado a pasar los inviernos fuera de Inglaterra, pues sufría de dificultades respiratorias.
En 1903 fue en busca del clima benigno de Egipto; tiempo después iniciaba sus excavaciones en ese país. Con el fin de aumentar sus insuficientes conocimientos, entabló relaciones con Howard Carter, un hombre de ciencia de sólida y amplia cultura y experiencia. Lord Carnarvon le encargó la inspección permanente de todas sus excavaciones.
En 1917, Carter y Carnarvon iniciaron las excavaciones en el Valle de los Reyes, por ese entonces ya exhaustivamente examinado. Buscaban, concretamente, la tumba de Tutankamón.
Los motivos que llevaban a Carter a pensar que aún quedaba por descubrir esa tumba, en contra de toda la opinión profesional de la época, era el hallazgo de una copa de porcelana con el nombre del faraón entre los restos de otra tumba, y un arca de madera rota que llevaba también el nombre de Tutankamón en las láminas de oro que aún adornaban dicha arca.
Luego de trabajar durante un invierno completo, Carnarvon y Carter encontraron unas chozas para obreros, construidas de pedernal, lo que siempre indicaba la cercanía de una tumba. Como este lugar estaba al pie de la tumba abierta de Ramsés VI, y para no privar a los turistas de la visita a esta tumba, dejaron, por entonces, de buscaren ese sitio.
Durante varios años excavaron en distintas partes del Valle sin encontrar nada que valiera la pena. Al fin tomaron la decisión de dedicar un solo invierno más al Valle, retornando al sitio que dejaran de lado seis años antes: las chozas de pedernal.
El 3 de noviembre de 1922 Carter empezó a derrumbar las chozas, que eran fragmentos de cabañas de la XX dinastía. En la mañana siguiente, debajo de la primera choza, apareció una grada de piedra. El 5 de noviembre ya no cabía duda de que se había descubierto la entrada de una tumba. Al pie de la décimosexta grada se encontró una puerta cerrada sellada con argamasa. Los sellos eran los de la ciudad de los faraones fallecidos, garantía de que la tumba era la de alguien importante.
El 6 de noviembré, Carter envía a lord Carnarvon, quien por entonces se encontraba en Inglaterra. el siguiente telegrama:
"Realizado en el Valle descubrimiento maravilloso; tumba sorprendente con sellos intactos; he cubierto todo hasta su llegada. ¡Mi felicitación!".
El 24 de noviembre por la tarde, Carnarvon y Carter llegaron ante la puerta sellada y vieron escrito el nombre de Tutankamón. También vieron que, al igual que en todas las otras tumbas faraónicas descubiertas, los profanadores habían estado allí. La puerta había sido abierta y vuelta a cerrar dos veces. Los sellos descubiertos primero, con el signo del chacal y los nueve prisioneros, habían sido colocados de nuevo en las partes últP mamente cerradas, mientras que los sellos de Tutankamón se hallaban en la parte de la puerta que aún conservaba su estado primitivo, y por lo tanto, eran los que originalmente habían protegido la tumba.
Al cabo de varios días de trabajo, las excavaciones avanzaron diez metros y se encontró una segunda puerta que también tenía los sellos de Tutankamón y los de la ciudad de los faraones muertos. Allí practicaron una pequeña abertura y Carter pudo ver, a la luz de una vela, lo que había adentro. Permaneció mudo durante un rato, hasta que Carnarvon le preguntó si veía algo. Carter respondió: "¡Sí, algo maravilloso!"
Diecisiete días más tarde abrieron la puerta. Había féretros dorados, un sitial de oro, dos grandes estatuas negras, jarros de alabastro y extrañas arcas. De uno de los féretros sobresalía una serpiente de oro. Como centinelas, dos estatuas con delantales y sandalias de oro, la maza y la vara de los reyes, y en la frente, la cobra, símbolo del poderío del faraón. Entre todas estas cosas estaban las señales del trabajo de los vivos: un cubo medio lleno de argamasa, una lámpara negra, huellas digitales en la superficie pintada, y en el umbral, unas flores de despedida.
Examinando las paredes descubrieron que entre las dos estatuas del rey había una tercera puerta sellada, por donde también habían pasado los ladrones.
Poco después se hizo otro descubrimiento: una pequeña cámara lateral, totalmente llena de objetos y tesoros de toda clase. Allí los ladrones habían revuelto todo, habían roto algunas cosas, pero al parecer, no habían robado nada.
Carnarvon y Carter decidieron cubrir la tumba, puesto que este último opinaba que no se debía empezar a cavar de inmediato. Era necesario fijar primero con exactitud la posición original de todos tos objetos para determinar datos acerca de la época y otros puntos de referencia semejantes. También había que considerar que muchos objetos tenían que ser tratados para su conservación, inmediatamente después de tocarlos, o incluso antes. Había que consultar con los expertos acerca de cuál era el mejor modo de hacerlo y montar un laboratorio para tener la posibilidad de un análisis inmediato de materias importantes que probablemente se descompondrían al menor contacto.
Sólo para catalogar el hallazgo se requería un gran trabajo previo de organización, y todo ello requería medidas que no podían tomarse en el lugar del descubrimiento. Era necesario que Carnarvon viajara a Inglaterra y Carter, a El Cairo. Así pues, el 3 de diciembre cubrieron la tumba, y una vez en El Cairo, Carter encargó una pesada verja de hierro para la puerta interior.
El 16 de diciembre la tumba volvió a abrirse; el 18, el fotógrafo Harry Burton, del Metropolitan Museum of Art, hizo las primeras fotos en la antecámara, y el 27 se sacó el primer objeto.
El trabajo realizado en la tumba tomó varios años. Tan sólo en la antecámara había de seiscientas a setecientas piezas. A mediados de febrero la antecámara quedó desalojada y el 17, ante aproximadamente veinte personas, miembros del gobierno y hombres de ciencia, se procedió a abrir la puerta sellada entre las dos estatuas. Cuando Carter, subido en un saliente para quitar cuidadosamente las piedras de la puerta, hubo hecho una abertura lo suficientemente grande, introdujo una linterna y observó el interior.
Se encontró con una pared de oro que cubría toda la entrada, y que resultó ser el costado anterior de un gigantesco féretro, cuyo interior contenía otros ataúdes, todos los cuales guardaban el sarcófago propiamente tal, con la momia. Las dimensiones del féretro eran 5.20 x 3.35 x 2.75 metros, y sólo dejaban un espacio de 65 centímetros entre él y la pared. De arriba abajo estaba totalmente recubierto de oro, y en los costados tenía incrustados adornos de cerámica de un tono azul vivo, cubiertos de signos mágicos que invocaban protección para el muerto. Carter descubrió que las grandes puertas del costado oriental se hallaban cerradas con pestillos, pero sin sellar. Detrás de tales puertas había un segundo féretro cuyas puertas también estaban cerradas con pestillos, pero que además tenían un sello intacto. Aquí no habían penetrado los ladrones.
Pero eso no fue todo. En uno de los costados de la cámara hallaron una puerta baja que conducía a otra cámara pequeña donde se encontraban los mayores tesoros de la tumba. En el centro de ella había un monumento de oro con cuatro diosas protectoras.
Los trabajos para llegar a la momia comenzaron quitando los ladrillos de la pared que separaba la antecámara de la cámara sepulcral. Después se desmontó el primer féretro de oro. Este contenía un segundo féretro, y éste, otro.
Esta es la descripción de Carter de cómo abrió el tercer féretro:
"Con una exaltación reprimida, me dispuse a abrir el tercer féretro; nunca en mi vida olvidaré aquel momento, lleno de tensión, de nuestro fatigoso trabajo.
Corté la cuerda, levanté el precioso sello, corrí los pestillos y descubrí delante de nosotros un cuarto féretro, parecido a los demás, aunque era aún más espléndido y estaba más bellamente trabajado que el tercero. ¡Qué momento tan indescriptible para un arqueólogo! De nuevo nos veíamos ante lo desconocido.
¿Qué contendría este último féretro? Con la más profunda emoción corrí los pestillos de las últimas puertas no selladas, y éstas, lentamente, se abrieron. Ante nosotros, llenando todo el féretro, apareció el inmenso sarcófago amarillo, de cuarzo; estaba intacto, como si unas manos piadosas acabaran de cerrarlo. ¡Qué aspecto tan inolvidable, tan magnífico! Era más emocionante aún que el brillo del oro en los féretros. Sobre el extremo del sarcófago correspondiente a los pies, una diosa extendía con gesto protector los brazos y las alas como si quisiera retener al intruso. Llenos de respeto estábamos nosotros ante ese signo tan claro..."
Esta es la imagen de Carter abriendo el sello:
Cientos de cuentos, novelas, películas y comics, desde "La Mano de la Momia" hasta "La Maldición del Faraón" han recurrido a este tema como leitmotiv del misterioso encuentro con lo desconocido. ¿Quién no vio nunca un especial de las pirámides o leyó en algún libro acerca de Tutankamón? Sin duda el tema es tan conocido y tantas las versiones que parece difícil llegar al origen de este enigma, sin embargo, este informe de 4 partes, cuenta todo, acerca de la maldición. Por demás interesante para quien le interese el intrigante Egipto, cuyos misterios, aún no terminan de develarse.
La información la saqué de: http://www.losenigmas.com.ar
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Civilizaciones avanzadas en antiguos textos sanscritos
Maldiciones
Jeroglíficos y Símbolos
Piramides
Egipto...
Ahora sí, el informe.
¿Cuál es el origen de este mito contemporáneo? En realidad, los ritos funerarios egipcios, el proceso para embalsamar, las tumbas (pirámides y mastabas), siempre impresionó profundamente a los hombres, pero "la maldición del faraón" tuvo su origen recién a comienzos de este siglo, cuando una expedición financiada por un aristócrata inglés, Lord Carnarvon, y encabeza_ da por un arqueólogo profesional, Howard Carter, des_cubrió en el Valle de los Reyes la tumba de un faraón, Tutankamón.
Esta es la historia.
El descubrimiento
680 kilómetros, Nilo arriba, de El Cairo se encuentra Tebas, que en otro tiempo fuera una gran metrópoli y la fastuosa corte de los faraones. A ella afluyó un verdadero torrente de tesoros, en forma de botín o de tributos, proveniente de todo el mundo mercantil de aquellos tiempos. Allí, en los lugares conocidos como Karnak y Luxor, se tributó el más brillante culto al dios Amón. Todavía hoy pueden verse ahí suntuosos templos. A ambos lados del río se elevan columnatas, pilares y obeliscos.
En Tebas Oeste, en la orilla izquierda del Nilo, fue construida la necrópolis, toda una serie de tumbas y templos funerarios. En Biban-el-Muluk, el llamado "Valle de los Reyes", se encuentran, agrestes y ocultas, las tumbas de los reyes. En Biban-el-Harik, las de sus esposas.
Durante el primer año de la primera guerra mundial, el gobierno egipcio autorizó a lord Carnarvon y a Howard Carter para realizar excavaciones en el Valle de los Reyes, donde ya habían sido descubiertas numerosas tumbas, entre ellas, la del gran rey hereje, Amenofis IV.
Lord Carnarvon era una mezcla de deportista y de coleccionista de antigüedades. A raíz de un accidente automovilístico que tuvo a fines de siglo, se veía forzado a pasar los inviernos fuera de Inglaterra, pues sufría de dificultades respiratorias.
En 1903 fue en busca del clima benigno de Egipto; tiempo después iniciaba sus excavaciones en ese país. Con el fin de aumentar sus insuficientes conocimientos, entabló relaciones con Howard Carter, un hombre de ciencia de sólida y amplia cultura y experiencia. Lord Carnarvon le encargó la inspección permanente de todas sus excavaciones.
En 1917, Carter y Carnarvon iniciaron las excavaciones en el Valle de los Reyes, por ese entonces ya exhaustivamente examinado. Buscaban, concretamente, la tumba de Tutankamón.
Los motivos que llevaban a Carter a pensar que aún quedaba por descubrir esa tumba, en contra de toda la opinión profesional de la época, era el hallazgo de una copa de porcelana con el nombre del faraón entre los restos de otra tumba, y un arca de madera rota que llevaba también el nombre de Tutankamón en las láminas de oro que aún adornaban dicha arca.
Luego de trabajar durante un invierno completo, Carnarvon y Carter encontraron unas chozas para obreros, construidas de pedernal, lo que siempre indicaba la cercanía de una tumba. Como este lugar estaba al pie de la tumba abierta de Ramsés VI, y para no privar a los turistas de la visita a esta tumba, dejaron, por entonces, de buscaren ese sitio.
Durante varios años excavaron en distintas partes del Valle sin encontrar nada que valiera la pena. Al fin tomaron la decisión de dedicar un solo invierno más al Valle, retornando al sitio que dejaran de lado seis años antes: las chozas de pedernal.
El 3 de noviembre de 1922 Carter empezó a derrumbar las chozas, que eran fragmentos de cabañas de la XX dinastía. En la mañana siguiente, debajo de la primera choza, apareció una grada de piedra. El 5 de noviembre ya no cabía duda de que se había descubierto la entrada de una tumba. Al pie de la décimosexta grada se encontró una puerta cerrada sellada con argamasa. Los sellos eran los de la ciudad de los faraones fallecidos, garantía de que la tumba era la de alguien importante.
El 6 de noviembré, Carter envía a lord Carnarvon, quien por entonces se encontraba en Inglaterra. el siguiente telegrama:
"Realizado en el Valle descubrimiento maravilloso; tumba sorprendente con sellos intactos; he cubierto todo hasta su llegada. ¡Mi felicitación!".
El 24 de noviembre por la tarde, Carnarvon y Carter llegaron ante la puerta sellada y vieron escrito el nombre de Tutankamón. También vieron que, al igual que en todas las otras tumbas faraónicas descubiertas, los profanadores habían estado allí. La puerta había sido abierta y vuelta a cerrar dos veces. Los sellos descubiertos primero, con el signo del chacal y los nueve prisioneros, habían sido colocados de nuevo en las partes últP mamente cerradas, mientras que los sellos de Tutankamón se hallaban en la parte de la puerta que aún conservaba su estado primitivo, y por lo tanto, eran los que originalmente habían protegido la tumba.
Al cabo de varios días de trabajo, las excavaciones avanzaron diez metros y se encontró una segunda puerta que también tenía los sellos de Tutankamón y los de la ciudad de los faraones muertos. Allí practicaron una pequeña abertura y Carter pudo ver, a la luz de una vela, lo que había adentro. Permaneció mudo durante un rato, hasta que Carnarvon le preguntó si veía algo. Carter respondió: "¡Sí, algo maravilloso!"
Diecisiete días más tarde abrieron la puerta. Había féretros dorados, un sitial de oro, dos grandes estatuas negras, jarros de alabastro y extrañas arcas. De uno de los féretros sobresalía una serpiente de oro. Como centinelas, dos estatuas con delantales y sandalias de oro, la maza y la vara de los reyes, y en la frente, la cobra, símbolo del poderío del faraón. Entre todas estas cosas estaban las señales del trabajo de los vivos: un cubo medio lleno de argamasa, una lámpara negra, huellas digitales en la superficie pintada, y en el umbral, unas flores de despedida.
Examinando las paredes descubrieron que entre las dos estatuas del rey había una tercera puerta sellada, por donde también habían pasado los ladrones.
Poco después se hizo otro descubrimiento: una pequeña cámara lateral, totalmente llena de objetos y tesoros de toda clase. Allí los ladrones habían revuelto todo, habían roto algunas cosas, pero al parecer, no habían robado nada.
Carnarvon y Carter decidieron cubrir la tumba, puesto que este último opinaba que no se debía empezar a cavar de inmediato. Era necesario fijar primero con exactitud la posición original de todos tos objetos para determinar datos acerca de la época y otros puntos de referencia semejantes. También había que considerar que muchos objetos tenían que ser tratados para su conservación, inmediatamente después de tocarlos, o incluso antes. Había que consultar con los expertos acerca de cuál era el mejor modo de hacerlo y montar un laboratorio para tener la posibilidad de un análisis inmediato de materias importantes que probablemente se descompondrían al menor contacto.
Sólo para catalogar el hallazgo se requería un gran trabajo previo de organización, y todo ello requería medidas que no podían tomarse en el lugar del descubrimiento. Era necesario que Carnarvon viajara a Inglaterra y Carter, a El Cairo. Así pues, el 3 de diciembre cubrieron la tumba, y una vez en El Cairo, Carter encargó una pesada verja de hierro para la puerta interior.
El 16 de diciembre la tumba volvió a abrirse; el 18, el fotógrafo Harry Burton, del Metropolitan Museum of Art, hizo las primeras fotos en la antecámara, y el 27 se sacó el primer objeto.
El trabajo realizado en la tumba tomó varios años. Tan sólo en la antecámara había de seiscientas a setecientas piezas. A mediados de febrero la antecámara quedó desalojada y el 17, ante aproximadamente veinte personas, miembros del gobierno y hombres de ciencia, se procedió a abrir la puerta sellada entre las dos estatuas. Cuando Carter, subido en un saliente para quitar cuidadosamente las piedras de la puerta, hubo hecho una abertura lo suficientemente grande, introdujo una linterna y observó el interior.
Se encontró con una pared de oro que cubría toda la entrada, y que resultó ser el costado anterior de un gigantesco féretro, cuyo interior contenía otros ataúdes, todos los cuales guardaban el sarcófago propiamente tal, con la momia. Las dimensiones del féretro eran 5.20 x 3.35 x 2.75 metros, y sólo dejaban un espacio de 65 centímetros entre él y la pared. De arriba abajo estaba totalmente recubierto de oro, y en los costados tenía incrustados adornos de cerámica de un tono azul vivo, cubiertos de signos mágicos que invocaban protección para el muerto. Carter descubrió que las grandes puertas del costado oriental se hallaban cerradas con pestillos, pero sin sellar. Detrás de tales puertas había un segundo féretro cuyas puertas también estaban cerradas con pestillos, pero que además tenían un sello intacto. Aquí no habían penetrado los ladrones.
Pero eso no fue todo. En uno de los costados de la cámara hallaron una puerta baja que conducía a otra cámara pequeña donde se encontraban los mayores tesoros de la tumba. En el centro de ella había un monumento de oro con cuatro diosas protectoras.
Los trabajos para llegar a la momia comenzaron quitando los ladrillos de la pared que separaba la antecámara de la cámara sepulcral. Después se desmontó el primer féretro de oro. Este contenía un segundo féretro, y éste, otro.
Esta es la descripción de Carter de cómo abrió el tercer féretro:
"Con una exaltación reprimida, me dispuse a abrir el tercer féretro; nunca en mi vida olvidaré aquel momento, lleno de tensión, de nuestro fatigoso trabajo.
Corté la cuerda, levanté el precioso sello, corrí los pestillos y descubrí delante de nosotros un cuarto féretro, parecido a los demás, aunque era aún más espléndido y estaba más bellamente trabajado que el tercero. ¡Qué momento tan indescriptible para un arqueólogo! De nuevo nos veíamos ante lo desconocido.
¿Qué contendría este último féretro? Con la más profunda emoción corrí los pestillos de las últimas puertas no selladas, y éstas, lentamente, se abrieron. Ante nosotros, llenando todo el féretro, apareció el inmenso sarcófago amarillo, de cuarzo; estaba intacto, como si unas manos piadosas acabaran de cerrarlo. ¡Qué aspecto tan inolvidable, tan magnífico! Era más emocionante aún que el brillo del oro en los féretros. Sobre el extremo del sarcófago correspondiente a los pies, una diosa extendía con gesto protector los brazos y las alas como si quisiera retener al intruso. Llenos de respeto estábamos nosotros ante ese signo tan claro..."
Esta es la imagen de Carter abriendo el sello:
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