Los cambios sociales son lentos, especialmente en aspectos estructurales importantes; tales como las formas de matrimonio, las reglas de descendencia y los tipos y composición de los grupos familiares. Es decir, usualmente emergen con claridad en el curso de generaciones y no solo en días y ni siquiera en años. Además, las fuerzas que están detrás de esos cambios son de muchos tipos, interrelacionadas y a veces contrapuestas.
Cabe recordar que entre los objetivos originales de la institución matrimonial están la regulación de la procreación y cuidado de los hijos, así como la producción y transmisión de la propiedad privada. La combinación de Amor y Matrimonio es un vínculo específicamente moderno, como un ideal romántico promovido en diversas sociedades. Pero esto no evita que frecuentemente existan otros tipos de relaciones sexuales, como ser:
a) Matrimonio sin amor
b) Amor sin matrimonio y
c) Relaciones sexuales sin amor ni matrimonio.
El matrimonio como institución, es tan variable y fluctuante, que ha pasado en el curso de la historia, por todos los experimentos y formas concebibles; desde la primitiva crianza de hijos sin la asociación de cónyuges, a la moderna asociación de cónyuges sin crianza de hijos.
Al parecer, la transición del matriarcado al patriarcado es en primer lugar, un cambio político justificado con la creación de una nueva cosmogonía religiosa. El amor sexual se desvinculó de la religión y quedó sometido a las violaciones y conquistas. Aún hoy, nuestro lenguaje referido a las relaciones sexuales se halla plagado de términos guerreros. Se habla de conquista, posesión, poder, armas, sometimiento, cacería o pesca, etc. Términos todos asociados a aquello que, de ser éxtasis, vida y cooperación, se ha transformado en la lucha de dos voluntades con distintos y mezquinos objetivos.
MATRIMONIO Y AMOR
En todas las formas de matrimonio mencionadas, apenas hay rastro del amor romántico y, en el mejor de los casos,
el amor nacía del matrimonio y no el matrimonio del amor, como se trató de imponer en el presente siglo (con las deformaciones, hipocresía y conflictos pertinentes).
Durante casi toda su vigencia, el matrimonio ha sido francamente una transacción comercial y política. Hombres y mujeres no se avergonzaban en subordinar las consideraciones emotivas a las prácticas, tanto en la elección de compañera o compañero, como para mantener el vínculo. Incluso, las cualidades prácticas de la posible compañera, hacían crecer su estima y cariño. De serles posible observar nuestro presente, a las personas de la antigüedad les extrañaría sobremanera la costumbre actual de unir a un hombre y una mujer por toda la vida sólo por haberlos herido el deseo sexual en algún momento. Nuestros ancestros no consideraban al matrimonio como licencia sexual, sino en términos de cooperación económica.
Antiguamente, el matrimonio era una asociación productiva y no una orgía privada o una comunión romántica. Era un medio para que un hombre y una mujer, trabajando juntos, pudiesen alcanzar más prosperidad que separados. El hombre no pretendía hallar en la esposa, ni ésta pretendía ofrecer (aunque él lo apreciase) "gracia y belleza"; de hecho, privilegiaban los valores prácticos como la fertilidad, lealtad y laboriosidad femenina.
Francis Fukuyama alude al papel de la mujer en el siglo XX, como uno de los principales factores en lo que denomina “La Gran Ruptura”. Ruptura referida a problemas sociales como: “Aumento de la delincuencia”, “Falta de confianza”, “Falta de cooperación”, “Individualismo a ultranza”, etc.; los que tendrían su origen en la “Desestructuración Familiar”. Vale aclarar que este autor se refiere especialmente a los países desarrollados, como Estados Unidos, integrantes de Europa y algunos países asiáticos como Japón, Corea y otros. Fukuyama menciona dos revoluciones importantes en los cambios del papel de la mujer: la Sexual y la Feminista (social).
Personalmente, pienso que es una visión tradicionalista y prejuiciosa, adjudicando solo a la mujer la responsabilidad de esa ruptura, y negando el rol masculino en dicha ruptura social.
Creo que en nuestros países, si bien se importaron algunas modalidades que pudieron parecer novedosas y atractivas para la mujer latinoamericana, los cambios se produjeron con bastante posterioridad y con mayor lentitud; coexistiendo los modelos conservadores y modernos en forma más bien caótica.
¿Es posible mantener estructuras familiares que sean funcionales a las sociedades humanas actuales? Me gustaría conocer ideas, opiniones, alternativas Ezequiel