[NIÑOS] Miedos Y Temores En Los Niños.
Los miedos y los temores forman parte de nuestra historia personal y familiar con una fuerza que sólo quienes la experimentamos podemos valorar.
El padre que a medianoche es llamado a gritos por el menor que atraviesa por un ataque de pánico puede tomar con calma todas las medidas para explicarle que, en realidad, no se cuelan monstruos por las ventanas y que el dragón espantoso no vive bajo su cama. Para el progenitor, esa realidad es patente. Sin embargo, para el chico el miedo y su terror también es “real”: lo siente y le teme.
Frente a su papel en el dominio del miedo, los padres suelen sentir culpa. Les remuerde la conciencia paterna sentir que actúan con insensibilidad ente aquella angustia que duele al menor. Otros se resienten al sentir que fracasaron como padres en su tarea formadora y protectora. Se avergüenzan, por tanto, de que sus hijos tengan miedo. Y, actúan con dureza para suprimir estas manifestaciones o bien, caen en un permisivismo que compense su fracaso. Estas actitudes sólo producen un efecto claro y real: el deterioro de la imagen y función paterna. Niegan la realidad del miedo y refuerzan positiva o negativamente el temor. Durante el proceso de crecimiento, la construcción del mundo y la determinación de límites se sirven de los miedos para impulsar la madurez. En otras palabras, los temores son normales en el crecimiento de los niños.
La incorporación de relaciones con pares y de nuevos conocimientos que trae consigo la etapa escolar va a inaugurar nuevos tipos de temores. Son los miedos a perder a los padres, a morir, al rechazo de los pares, reprobar en el colegio o a quedar ciegos. Con distintas intensidades y modalidades, estos temores irán mudando hasta finalizado el proceso de la adolescencia.
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