Originalmente publicado por
Keisso
El gran problema de los estudiosos de la filosofía, especialmente los más jóvenes, pasa porque pretenden conocer por la razón lo que sólo puede ser conocido por la experiencia. La impresión que me causan muchos de estos filosofadores de libro es la de que carecen de experiencia en cosas donde la mayoría de las personas la poseen ampliamente, les falta intuición, sentido común, orientación en el mundo. Utilizan el saber librezco para darse importancia, autoridad en sus opiniones, pero les falta vida -es más, emplean ese supuesto saber para tratar de cubrir, de tapar de alguna manera la falta de experiencia-. Creo que tampoco la buscan -la vida-, pues experimentan un fuerte placer narcístico en el armado de discursos barrocos, llenos de palabras, que nada dicen, para crearse una identidad asociada al saber, y lo cotidiano de la vida les parece muy pobre con relación a los discursos del saber y el mundo de las ideas. La secuencia parece ser la siguiente: darse importancia citando varios autores –donde no necesariamente todos deben haber escrito sobre el tema en cuestión, pues la idea fundamental en este primer movimiento es la de transmitir la sensación de que se posee una amplia cultura-, a partir de ahí y, de una supuesta autoridad que ese saber les otorgaría armar una teoría acerca de lo que se quiere explicar, teoría que muchas veces no pasa de ser una simple opinión –a veces insostenible, muy simple, sin contenido, casi una caricatura de explicación- que supuestamente estaría sustentada en el estudio de esos grandes pensadores, por lo que –y aquí está lo más importante del asunto- no podría ser rebatida por quienes no hayan estudiado profundamente a estos autores. Por lo tanto la cosa es así: “Yo sé porque estudié a estos grandes pensadores que han escrito sobre el tema y a muchos otros, por lo que quienes no los hayan leído no se encuentran en posición de rebatirme, pues no saben lo que yo sé”. Claro, este fenómeno se ve en toda su crudeza en los estudiantes más jóvenes, sin embargo, y aquí está lo más grave, también puede apreciarse en estudiosos de más edad, profesores de filosofía, hasta en algunos filósofos menores. La falta de experiencia no puede ser sustituida por la lectura. De cualquier manera, la pregunta que me formulo en estos momentos es: si el aproximarse a las cosas a través primero de muchas lecturas, no podrá perjudicar la adquisición de las experiencias correspondientes. He leído y escuchado a algunos filósofos opinar sobre temas corrientes, por ejemplo en torno a las relaciones de pareja, sobre algunos temas de ética, etc., donde sus opiniones se contradicen completamente con las de personas que simplemente han vivido esas cosas, pero que no sólo se contradicen, sino que hasta son ridículas. En esos momentos sentí que el exceso de lecturas impedía a estos pensadores acceder a experiencias, muchas veces simples y cotidianas, pero donde ellos sentían que debían marcar la diferencia a partir de un análisis racional, que sólo desvirtuaba los temas. No es la primera vez que esto me ocurre con profesores de filosofía o estudiosos de filosofía de varios años. Es como si tuvieran la cabeza llena de palabras y textos, y que esto les impidiera consultar sus cuerpos, sus sensaciones en torno a las cosas, para así poder dar cuenta de éstas. Han perdido completamente, tal vez nunca la tuvieron, esa intuición que a algunas personas bien despiertas les permite orientarse en el mundo.
Comprendo que la cultura libresca no sea bien vista por algunos, y prefieran repetir con Hobbes que “lo primero es vivir, luego filosofar”. Se trata de una situación completamente relativa. La realidad que a cada segundo captamos a través de los sentidos para deformar luego con nuestros cerebros, tiende a la variación más brusca por factores tan simples como la bioquímica del sistema nervioso. Esto nos muestra cuan susceptibles somos frente a lo que escapa a nuestro control y lo que tan seguramente definimos como Libertad. En otras palabras, la experiencia cambia la percepción del mundo; y no por ello el universo particular de las ideas quedará descartado. El acto de formular razonamientos en filosofía bien podría ayudarse de la experiencia, tanto personal como ajena, o bien podría partir de la intuición y la simple observación del mundo (¿y quién nos dice que no es esta en sí misma una forma de experiencia?). El valor de las ideas plasmadas en gruesos y sesudos tomos es evidente, sin la necesidad de que sus autores hubiesen gastado décadas de sus vidas aventurándose por el mundo, pues son producto de una concienzuda reflexión, con ayuda de la experiencia directa o sin ella. Kant fue un hombre de vida simple y austera que jamás salió de Königsberg, su ciudad natal, ¿quién duda hoy día que el pensamiento kantiano haya estremecido la filosofía de Occidente a tal punto que logró partir en dos su historia? O Gustave Flaubert en el campo literario, que enclaustrado en su casa y con un mínimo de contacto social, se convirtió en uno de los más grandes exponentes del realismo francés. ¿La experiencia como un requisito indispensable para el pensador?
Me pregunto cuán vinculado te encuentras a la filosofía. Mencionabas en tu discurso algo despectivo sobre citar autores –lo cual más que fatuidad es un debido respeto por aquellos cuyas ideas no nos pertenecen– en donde quien no los hubiese leído en nada podría rebatir. Estás en lo cierto. Sin lectura no se pueden debatir con efectividad teorías filosóficas; es así de simple. Se podría a lo sumo mencionar una que otra opinión basada en la experiencia (la cual sin reflexión no vale absolutamente nada) y caer en una completa desorientación. De las personas a las cuales te refieres, ¿las conoces o tu impresión de su “inexperiencia” viene simple y llanamente del discurso escrito? En el primer caso debes saber de qué hablan para poder juzgarlos, haber leído lo mismo que ellos, estar al mismo nivel intelectual, ser familiar entre las mismas ideas. De lo contrario dirás que sus razonamientos son “ridículos y absurdos” o que “hablan mucho sin decir nada”; siendo el lenguaje con toda su complejidad incapaz aún de comunicar con exactitud todos nuestros pensamientos/emociones. La escritura filosófica es difícil porque los razonamientos así lo exigen. Por otro lado, si sólo se trata del segundo caso te ha de quedar la duda, cualquier persona podría ser un impostor leyendo resúmenes de un compendio filosófico o alguna página de Internet.
Por último, yo plantearía tu interrogante al contrario, en vista de lo perjudicial que pueden ser algunas experiencias para lucidez del pensamiento (esto lo sabe por ejemplo un hombre profundamente enamorado). Así que, ¿no perjudicará al razonamiento la adquisición de ciertas experiencias?*
*Todos sabemos cuan influenciados estamos con ciertos hechos de nuestras vidas, los cuales pueden desencadenar ideas fijas, prejuicios, concepciones erradas, traumas que afectarían las capacidades de percepción y análisis.
Saludos.