#19 Re: Paradoja de la plusvalía
Originalmente publicado por
Carlos_si
Justamente Anna O, la base es paradojal, entonces si no existe base, no hay estructura.
Se debe tener en cuenta, primero que todo, la evolución que ha tenido el sistema capitalista desde aquella Inglaterra del siglo XIX que Marx analiza en
El Capital. La paradoja es sólo en apariencia, los medios de enriquecimiento siguen siendo exactamente los mismos; el concepto de plusvalía no deja de cobrar validez pues es inherente a la mecánica del sistema en discusión (acumulación progresiva del capital y supeditación de la fuerza de trabajo del obrero a simple mercancía)
Que en la época de Marx haya habido explotación es cierto, como hubo siempre hasta que llegó la revolución liberal que acabó con los privilegios impuestos.
No creo que la antítesis a mi tesis sea preguntarme si leí a marx.
En un sistema donde cada uno tenga la libertad para decidir su proyecto de vida, si alguien considera que su patrón lo explota, se busca otro. El sistema funciona así.
¿Cómo evalúa alguien que su patrón lo explota? Seguramente porque la paga no es la que corresponde para el trabajo que desarrolla. ¿Por qué es entonces que el individuo quiere tener mejor paga? Yo entiendo que es para poder consumir más.
Cuando la economía como ciencia se desarrolló, se consideraba la tierra como la fuente de la riqueza, y es cierto en ese entonces que la propiedad de la tierra estaba en manos de pocos privilegiados.
¿De cuál “revolución liberal” hablas? Recién me entero que tal cosa existía o existió alguna vez. Los privilegiados cada vez acumulan más dinero y más poder, traduciéndose esto en mayores privilegios, es así de evidente. Sólo falta asomarse al mundo y ver lo que sucede: fusiones empresariales masivas, paraísos fiscales, aparición de subcontratistas en países del tercer mundo, etc. El mecanismo por el cual el capital se acumula en pocas manos sigue siendo, sin diferencias considerables, el mismo que en tiempos de Marx: la fuerza de trabajo del obrero. Pero aunque la situación se ha complicado aún más con la división del trabajo, ello no oculta lo que nos es claro a la vista. Naomi Klein, en su libro
No Logo, dice:
“Un grupo selecto de grandes empresas ha intentado liberarse del mundo corpóreo de los bienes de consumo, de la fabricación y de los productos a fin de existir en otro plano. Argumentan que cualquiera puede fabricar un producto (y así es, como lo demostró el éxito de las marcas genéricas durante la recesión). En consecuencia, esas tareas menudas deben ser entregadas a subcontratistas, cuya única tarea consiste en servir los pedidos a tiempo y a bajo coste (y preferentemente en el Tercer Mundo, donde la mano de obra es barata, las leyes son permisivas y las exenciones impositivas llueven del cielo). Mientras tanto, las sedes centrales de las empresas tienen libertad para dedicarse al verdadero negocio: crear una mitología corporativa lo suficientemente poderosa como para infundir significado a estos objetos brutos imponiéndoles su nombre.”
Examinemos lo que dices sobre la libertad. Hoy día en muchos países y gracias al sindicalismo revolucionario, se han logrado a través de las últimas décadas condiciones más humanas para los trabajadores en general: jornadas de 40 horas semanales, cupos de alimentación, seguridad social en algunos casos, etc. Estos logros se han llevado a cabo por las luchas del movimiento obrero, ¿cuál empresario se atrevería a mover un solo dedo en detrimento de sus ganancias al reducir el tiempo en que labora su “fuerza de trabajo” o al otorgarle beneficios médicos u odontológicos? Cambiar de patrón nada soluciona. El sistema juega con unas reglas que son iguales para todos; la explotación en los términos marxistas es intrínseca al capitalismo y cualquiera de sus variantes.
No todos son realmente conscientes de uno de los mitos fundamentales del sistema: “todos podemos ser ricos algún día”. Y haciendo hincapié en este "algún día", el capitalismo se confunde con la abundancia, la prosperidad y el bienestar. Simples falacias. Si los 6 mil millones y medio de seres humanos existentes tuviesen el nivel de vida de un estadounidense promedio de clase media, se necesitarían más de 3 planetas como el nuestro para poder satisfacer la demanda de recursos para el consumo. Y aquí caemos en el concepto de
consumismo que bien podemos definir de manera simple: “relacionar el bienestar y la realización personal con la adquisición de artículos materiales”; como nunca se llega a la satisfacción siempre habrá que seguir consumiendo: una fórmula perfecta. ¿Cuánta alienación no existe, incluso entre nosotros mismos, frente al bombardeo feroz que a diario nos someten todos los medios de comunicación vendiéndonos una personalidad y una vida en forma de un champú o un par de zapatos? Cito de nuevo a la autora canadiense:
“Con la manía de las marcas ha aparecido una nueva especie de empresario, que nos informa con orgullo que la marca X no es un producto sino un estilo de vida, una actitud, un conjunto de valores, una apariencia personal y una idea. Y ello parece realmente algo espléndido, muy distinto de cuando la marca X era un sacacorchos o una cadena de hamburgueserías, o incluso una exitosa marca de zapatillas de deporte.” El sistema capitalista, liberal si querés, hizo que eso se fuera acabando. Hoy la riqueza heredada se va perdiendo con el tiempo, y la mayor parte de los ricos hicieron la riqueza en esta vida.
Ford, General Motors, McDonald’s, Disney, hp entre otras muchas empresas multi millonarias hicieron sus fortunas y se han mantenido en el tiempo como capitales heredados, que se fusionan a otras empresas, que promocionan su imagen mientras la fabricación de los productos es dejado a subcontratistas cuyas condiciones laborales dejan mucho que desear (algunos recordaran los talleres de Nike/Converse en Vietnam). ¿El sistema capitalista “liberal” ofrece alguna alternativa a la situación que tenemos ante nuestros ojos? Habrá que pensarlo de nuevo.