Les cuento, quieranlo ustedes o no

, más o menos por qué me gusta la filosofía.
Desde chico siempre quise entender la vida, los seres vivos. Me fascinan los animales (como a todo nene/a

). Quería ir por partes: entender la mente y el cuerpo.
Debido a esto terminé estudiando bioquímica (me licencié hace algunos años), pero me decepcionó mucho, por muchos y variados motivos. Al mismo tiempo siempre estuve interesado en el esoterismo y las filosofías orientales. Siempre desprecié, mucho, la filosofía occidental, porque despreciaba el uso que se hacía de la razón, o lo que yo observaba del uso que hacían de la razón.
Pero hace bastante poco, unos pocos meses, de repente, por una cantidad diversa de experiencias, me di cuenta que la filosofía, al modo occidental, es imprescindible, es de vital importancia. Había malentendido la razón por el uso que veía hacer de ella.
Como he comentado algunas veces en este foro, observo que hay una dialéctica, que antes no veía, entre mente y realidad. Es decir, comprendo que se puede comprender de diversas maneras a la realidad y obtener poder sobre ella, al mismo tiempo que sobre nosotros mismos. La cuestión relevante es no dejarse engañar por los sentidos.
Digamos que siempre tuve tendencia aristotélica y después pasé al platonismo, o algo así.
Miren, quisiera dejarles, a razón de esto, un texto cortito de Kant que habla un poco de esto, aunque desde otra perspectiva:
Kant: ¿Qué es Ilustración?
La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.
La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea. Como la mayoría de los hombres (y entre ellos la totalidad del bello sexo) tienen por muy peligroso el paso a la mayoría de edad, fuera de ser penoso, aquellos tutores ya se han cuidado muy amablemente de tomar sobre sí semejante superintendencia. Después de haber atontado sus reses domesticadas, de modo que estas pacíficas criaturas no osan dar un solo paso fuera de las andaderas en que están metidas, les mostraron el riesgo que las amenaza si intentan marchar solas. Lo cierto es que ese riesgo no es tan grande, pues después de algunas caídas habrían aprendido a caminar; pero los ejemplos de esos accidentes por lo común producen timidez y espanto, y alejan todo ulterior intento de rehacer semejante experiencia.
Por tanto, a cada hombre individual le es difícil salir de la minoría de edad, casi convertida en naturaleza suya; inclusive, le ha cobrado afición. Por el momento es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás se le deja hacer dicho ensayo. Los grillos que atan a la persistente minoría de edad están dados por reglamentos y fórmulas: instrumentos mecánicos de un uso racional, o mejor de un abuso de sus dotes naturales. Por no estar habituado a los movimientos libres, quien se desprenda de esos grillos quizá diera un inseguro salto por encima de alguna estrechísima zanja. Por eso, sólo son pocos los que, por esfuerzo del propio espíritu, logran salir de la minoría de edad y andar, sin embargo, con seguro paso.
Pero, en cambio, es posible que el público se ilustre a sí mismo, siempre que se le deje en libertad; incluso, casi es inevitable. En efecto, siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí mismos, hasta entre los tutores instituidos por la confusa masa. Ellos, después de haber rechazado el yugo de la minoría de edad, ensancharán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene: la de pensar por sí mismo. Notemos en particular que con anterioridad los tutores habían puesto al público bajo ese yugo, estando después obligados a someterse al mismo. Tal cosa ocurre cuando algunos, por sí mismos incapaces de toda ilustración, los incitan a la sublevación: tan dañoso es inculcar prejuicios, ya que ellos terminan por vengarse de los que han sido sus autores o propagadores. Luego, el público puede alcanzar ilustración sólo lentamente. Quizá por una revolución sea posible producir la caída del despotismo personal o de alguna opresión interesada y ambiciosa; pero jamás se logrará por este camino la verdadera reforma del modo de pensar, sino que surgirán nuevos prejuicios que, como los antiguos, servirán de andaderas para la mayor parte de la masa, privada de pensamiento.
Bueno, no me extenderé más. Lo que quiero recalcar es que la filosofía para mí, ahora, es una necesidad inevitable, no un ocio, ni un pasatiempo, ni un modo de autoestima o algo así. Nace de algo real, de una comprensión de determinadas cosas. Siles interesa les comento algo, aunque tampoco quiero tornar el barcito en algo muy "serio"
Yo no fumo pero vayan preparándome un JB con coca-cola por favor, con un par de hielos. O sino un café con leche a la española.
Originalmente publicado por pupi85
Conocí un par de personas que se acercaron a la filosofía por lo mismo, y luego de leer por ejemplo a Sartre o Unamuno, terminaron más angustiados que antes . Hasta me recomendaron que no me acerque a esos textos, pero de todas formas es algo que pienso hacer.
Se han hecho estudios de los estados psicológicos de los filósofos y en lo que derivó. Muchas veces, debido a la angustia, se genera una necesidad de transgresión (Foucault, por ejemplo), o de matanza (lo que Freud llama la pulsión de muerte desatada), o de locura (como a Nietzsche al final y algunos otros), o de paz y calma (como a Buda o Ghandi, si me los permiten como filósofos, aunque europeos también muchos no terminaron mal), o se convierte en muchas otras cosas, formas de nihilismo, etc...
Se debe estar preparado para leer a determinados autores, sí, porque su visión destructiva se instala, por algunos momentos, en tu mente. Hay que tener cuidado con algunos textos de Schopenhauer, de Nietzsche, de Sartre, etc... La cuestión es que, una vez desarrollado un estado anímico no podés salir de él con la razón, eso es imposible (lo sabrán si alguna vez estuvieron deprimidos), la razón postula a favor de lo anímico siempre. Por eso, antes de leer estos textos, debemos conocer bien cómo funcionan las cavernas de Platón, por experiencias pasadas, sino puede ser dañino.
Bueno, vayan pasándome otro cubata
Saludos.