Sabia que te hibas a salir por la tangente. Solo para que tu tengas respuesta, por eso la pregunta. Ahora que si tu no quieres saber la respuesta, estas en tu derecho. A Dios no lo tengo que buscar porque Dios está en todos nosotros todo el tiempo. Es mas, Dios somos todos nosotros. Ademas yo te dije que creo en el amor de "Dios".
Para tratar de explicar esto, voy a recurrir a ejemplos. Supongamos que en el momento de cobrar conciencia, en el momento de nuestra concepción, recibimos un regalo inimaginablemente maravilloso, el cual vamos a decir, que por ser tan perfecto nunca terminamos de comprender. Con el paso de los años, mas tarde o mas temprano, algunos de nosotros nos “olvidamos” de haberlo recibido. Como este regalo es más necesario que la vida misma que disfrutamos, el olvidarlo nos acarrea muchísimos problemas y por lo tanto, hasta no recordarlo, no podemos avanzar hacia nuestra meta, cualquiera que esta sea. En algunos casos, pasa todavía un lapso antes de que podamos “recordar” nuestro importante regalo. Hay veces en que lo recordamos así, fortuitamente. Pero en muchas otras ocasiones, habrá quien nos ayude a recordarlo. A veces la persona que nos ayudo a recordar trae nuestro regalo envuelto en una caja grande, o en una pequeña o mediana. Hay veces que lo trae metido en muchas cajas. Hay veces que lo trae envuelto con un papel sencillo o a veces con un arreglo sofisticado, moños y tarjeta. Hay veces en que quien nos recuerda de nuestro regalo, nos quiere hacer creer que debemos darle el mismo valor a la envoltura… pero ¿A quién no le gusta recibir tan importante regalo? Felices por haber recibido el regalo, algunos lo abrimos y tiramos a la basura todo lo que lo acompaña. Otros, guardamos el regalo con mucha alegría y lo abrimos muchos años después. Otros mas, lo abrimos y después de contemplar tan fabuloso regalo lo guardamos en su estuche para que nada lo vaya a maltratar. Algunas otras personas lo sacan y lo guardan en algún lugar de su casa o de su trabajo. Todavía habrá quienes no se sorprendan en absoluto al distinguir el regalo fuera de su caja y lo arrumbe en cualquier lugar. Ese regalo es una pluma de tinta roja muy hermosa. Alguien habrá que la lleve en la bolsa a todas partes y quienes la vean verá cuan linda es. No faltará quien la use de vez en cuando, como para no acabarse la tinta en cualquier papel sin importancia… y habrá algunas personas que mientras la admiran la investigarán y escribirán con ella hasta el cansancio. Esa pluma es el amor verdadero. Esos papeles en los que escribe son las vidas de otros seres de la existencia. Esas cajas, papeles de envoltura, moños, etc. son las doctrinas… Y cada vez que escribimos con nuestra pluma en esas vidas, la tinta queda grabada permanentemente, porque no hay borrador para esa tinta. Es la única tinta permanente. La pluma es el amor y la tinta es nuestra vida. El día en que nuestro cuerpo físico deja de manifestar a nuestra Conciencia Individual (lo que llamamos la muerte), la aparente ausencia de la pluma (por no tener más a aquella persona que la usaba para escribir), crea un “hueco” permanente en la vida de aquellas personas a donde quedo escrita la tinta roja. Y en ese “hueco” va a habitar la Conciencia Individual de aquella persona amada. Recordemos que fue en ese lugar a donde se escribió La Vida Real. Esto no es buenos deseos ni tampoco doctrina. Esto es física. Esta es la verdadera anatomía de Nuestro Ser.
Nuestra conciencia y Nuestro Ser NO son la misma cosa.
Nuestra conciencia individual es temporal.
NO vamos a existir con una conciencia propia para siempre.
Nuestro Ser es Indestructible.
Nuestro Ser es lo que llamamos Dios.
Cada uno de nosotros Somos Una Parte de eso que llamamos Dios.
Cada uno de todo lo que Existe (Materia, Energía, Tiempo, etc.),
De lo que es Conciente (Los Seres Vivos),
Lo que es Inteligente (Humano, por ejemplo),
es parte del Unico Ser que existe:
Dios.
Durante el fenómeno de nuestra propia vida sólo hay una fuerza que puede hacer lo imposible para la razón, que puede esclarecer el misterio de lo que llamamos La Vida y La Existencia: Esta fuerza absoluta e incontenible es el Amor. Si toda la vida se ocuparan nuestras conciencias individuales y colectivas en tratar de desentrañar la Verdadera Identidad del Amor, se habría tomado la única decisión trascendental. El Amor Verdadero puede transportar nuestra conciencia individual a otras dimensiones.
La Inteligencia debe, para su correcto funcionamiento y aprovechamiento, someterse a la jerarquía del amor para que el Amor, como objetivo de nuestra conciencia, trascienda la barrera de esta dimensión. Esta es la causa obvia de que estemos aquí. Es la inteligencia al amor como los sentidos a nuestro ser físico.
Un fuerte abraso.