#1 El bar de filosofía - parte 1
El bar de filosofía - parte 1
La desdicha y el atardecer de los días eternos hacían una combinación mortífera para su conciencia. A veces creía estar en un estado de angustia existencial, pero prontamente se daba cuenta de su error.
Este joven hombre que andaba en búsqueda de aquellas verdades que un día hace ya siglos se le habían escapado a los filósofos encargados de cuidarlas, estaba arto de aquellos mentirosos que sin vergüenza ni remordimiento alguno, se creían capaces de impartir conocimientos a otras personas.
Puros mediocres, que se valen de sus opiniones cargadas de intereses personales, enseñan esos malditos que se hacen llamar profesores.Mutar, que se parece tanto a matar, profesores que se parecen tanto a los sofistas.
Cansado de estos seres un día como si nada abandono su escuela y salio a la calle a aprender lo que consideraba esencial en esta vida.
Algo, aunque ínfimo y fugaz como el sonido que se produce cuando se destruye la teoría de un filósofo, le hizo encontrar el único lugar de la ciudad que merecía ser tomado con seriedad, un bar de filosofía, al cual inmediatamente entro.
Luego de unas pocas horas de estar sentado en el centro del lugar alrededor de todos esos seres extraños que parecían de otras épocas, y pensar que el rítmico péndulo temporal definía su vida, dijo en voz alta para que lo oyeran todos:
Solo escucho falacia. Nadie tiene la razón porque la razón no existe. Creo que el mozo tampoco existe, todavía estoy esperando el café. Ya se, lo voy a crear con mi mente así como las personas alrededor mió crean sus verdades y mentiras. Marche un cortado.
Pero nadie le llevo la punte, en ese momento. Luego de un rato el mozo le trajo un café.
Al terminar de tomarlo le vino un pensamiento y se paro y volvió a hablar en voz alta:
Si todo lo que pido se vuelve realidad a partir del mozo, ¿el mozo es dios?
Pero el problema es que sin dinero el mozo no me trae nada, ¿el dinero que es?
Algunos en el fondo del bar se rieron, otros simplemente lo miraron por un instante sin decir nada volviendo con sus asuntos.
El joven pretendidamente sabio noto que entraba al lugar uno de esos profesores que èl detestaba, rostros que otra vez regresan, pensó. Inmediatamente se paro, se puso el sobretodo y salió a la calle.
Al salir, noto inmediatamente a los peatones que putean la madrugada helada, y empezó a caminar. Ya al cruzar el parque se transformó en perfume, en esencia aquello que había aprendido. Dijo allí mismo en voz alta:
El café es la verdad que el mozo me trae, el mozo es el ser que todo lo sabe, es dios, pero ese mozo de ese bar no trabaja gratis, hay que pagarle, yo debo pagar por ese café, debo pagar por esa verdad. ¿Como pago algo tan importante?
¿Cuál es el precio de Dios?
¿Será por eso que al mozo desde un principio lo creo yo mismo con mi imaginación?
La desdicha y el atardecer de los días eternos hacían una combinación mortífera para su conciencia. A veces creía estar en un estado de angustia existencial, pero prontamente se daba cuenta de su error.
Este joven hombre que andaba en búsqueda de aquellas verdades que un día hace ya siglos se le habían escapado a los filósofos encargados de cuidarlas, estaba arto de aquellos mentirosos que sin vergüenza ni remordimiento alguno, se creían capaces de impartir conocimientos a otras personas.
Puros mediocres, que se valen de sus opiniones cargadas de intereses personales, enseñan esos malditos que se hacen llamar profesores.Mutar, que se parece tanto a matar, profesores que se parecen tanto a los sofistas.
Cansado de estos seres un día como si nada abandono su escuela y salio a la calle a aprender lo que consideraba esencial en esta vida.
Algo, aunque ínfimo y fugaz como el sonido que se produce cuando se destruye la teoría de un filósofo, le hizo encontrar el único lugar de la ciudad que merecía ser tomado con seriedad, un bar de filosofía, al cual inmediatamente entro.
Luego de unas pocas horas de estar sentado en el centro del lugar alrededor de todos esos seres extraños que parecían de otras épocas, y pensar que el rítmico péndulo temporal definía su vida, dijo en voz alta para que lo oyeran todos:
Solo escucho falacia. Nadie tiene la razón porque la razón no existe. Creo que el mozo tampoco existe, todavía estoy esperando el café. Ya se, lo voy a crear con mi mente así como las personas alrededor mió crean sus verdades y mentiras. Marche un cortado.
Pero nadie le llevo la punte, en ese momento. Luego de un rato el mozo le trajo un café.
Al terminar de tomarlo le vino un pensamiento y se paro y volvió a hablar en voz alta:
Si todo lo que pido se vuelve realidad a partir del mozo, ¿el mozo es dios?
Pero el problema es que sin dinero el mozo no me trae nada, ¿el dinero que es?
Algunos en el fondo del bar se rieron, otros simplemente lo miraron por un instante sin decir nada volviendo con sus asuntos.
El joven pretendidamente sabio noto que entraba al lugar uno de esos profesores que èl detestaba, rostros que otra vez regresan, pensó. Inmediatamente se paro, se puso el sobretodo y salió a la calle.
Al salir, noto inmediatamente a los peatones que putean la madrugada helada, y empezó a caminar. Ya al cruzar el parque se transformó en perfume, en esencia aquello que había aprendido. Dijo allí mismo en voz alta:
El café es la verdad que el mozo me trae, el mozo es el ser que todo lo sabe, es dios, pero ese mozo de ese bar no trabaja gratis, hay que pagarle, yo debo pagar por ese café, debo pagar por esa verdad. ¿Como pago algo tan importante?
¿Cuál es el precio de Dios?
¿Será por eso que al mozo desde un principio lo creo yo mismo con mi imaginación?
Editado por maxi el romano - 05.10.2009 08:56 hs.