Bueno, quiero agregar algo más a este tema que me parece bastante interesante (si no pensara así dudaría en resucitar un tema con tan poca participación como éste y que además abrí yo mismo

).
Hoy iba en el metro (de Barcelona, ya que ahí es donde resido) y vi a un hombre con un gato dentro de una cajita de esas que se usan para llevarlos de un sitio para otro. A veces es curioso ver el comportamiento sensible, cariñoso y auténticamente responsable de las personas cuando quieren a algo de verdad, y ver como se derrumba mucha de esa fachada o careta que utilizamos para relacionarnos con otras personas.
Pensaba qué es lo que significaba o simbolizaba nuestro amor a los animales, en comparación con la forma de relacionarnos con otros seres humanos, es decir, no vamos acariciando a la gente por ahí

Esto es algo que alguna que otra vez ya me había planteado pero que hoy pude observar con más claridad: nuestro amor a los animales o al medioambiente en general es simplemente
paternalismo, es decir, protegemos aquello que valoramos más indefenso o necesitado de cuidados que nosotros mismos. Es decir, dicho llanamente, más "débil".
Así que pensaba que, si el amor es una forma de decir paternalismo (y de algún modo es así siempre, es decir, el amor es protección y desarrollo de algo, ya saben, fortalecimiento, inmortalización de algo que aún no es inmortal) entonces qué necesidad o placer es ése que denominamos ser paternalista... ¿No es, simplemente, trascendencia? ¿No es eso la paternidad, el ir
más allá de uno mismo? (Así se puede interpretar aquello que Nietzsche intentaba describir como voluntad-de-poder)
Algunas parábolas de Yoshuá (justamente los textos que considero más bellos de todos aquellos los que he leído y seguramente lea) como Mateo 6:26, por ejemplo, hacen referencia al amor como paternidad de manera muy explícita, aunque todo el cristianismo se asienta sobre el concepto de paternidad (ya se sabe, el concepto de Dios e Hijo, etc.).
Puede pensarse que el concepto de paternidad o amor es la forma más subjetiva, más humana, de integrar en uno mismo el concepto de trascendencia, de un devenir evolutivo, de una voluntad-de-poder, de un proceso creativo en definitiva.
Si este modo de observar la trascendencia, la paternidad, es la esencia de toda existencia entonces la redención de los débiles, de los menores, se vuelve una necesidad... ya que eso simboliza la paternidad. Extraña forma de trascender parece ser proteger aquello que es menor a uno mismo, que es más débil y/o necesitado.
Si la energía ni se crea ni se destruye y pensamos la necesidad como un tipo de energía... pudiera ser que la evolución misma transustanciara las necesidades en necesidad de amar... ¿en esto consiste en convertirse de consumista en fuente, en transformarse de creación a creador, en convertirse en Sol? (Así pensado el Sol también nos necesita, su alimento no es material sino "espiritual")
Enlazando con el texto que dio origen a este hilo podría decir que todo amor, por compasión, admiración o una mezcla de ambos, es "amor al niño". Otra vez la paradoja de trascender a través de aquello que es menor a nosotros, ¿qué quiere decir esto? ¿Amamos las potencialidades, la fuerza acumulada pero aún no desarrollada? Siguiendo este hilo, ¿representan los animales, como toda debilidad respecto a nosotros, o todo ser vivo más dependiente que nosotros, una potencialidad, una fuente de fuerza oculta?
Quizá nuestro paternalismo animal o ecológico, más que simbolizar algo real, sea una metáfora de nuestras necesidades de trascendencia (aunque esta respuesta no acaba de dejarme tranquilo, hay mucho más seguramente), de nuestras necesidades de ser creativos, de ser padres.
Quizá en algo de todo esto radique la felicidad o armonía que buscamos, el fin del nihilismo, del desasosisego, del miedo o del dolor.
He pensado a veces que el nihilismo termina cuando amamos a algo o alguien (es una de las muertes del yo, de la muerte del dolor, del bloqueo, del importarnos tanto a nosotros mismos... en definitva la muerte de los prejuicios que bloquean la experiencia, la vida) o cuando no queda absolutamente-nada-que-perder. Ambas cosas, que parecen antagónicas, de maneras diferentes o complementarias, nos abren a la vida, a la experiencia en sí. Antagónicas en determinado nivel, pero idénticas en otro: ambas matan tus prejuicios, tu YO o ego, entendido como el conjunto de prejuicios sobre nosotros y sobre la realidad. Ambas cosas te vuelven a hacer un niño, ambas son una apertura, apertura a la trascendencia. Si amar simboliza el eros; y el absolutamente-nada-que-perder (o total desinhibición) el tánatos... quizá todo camino conduce a Roma, sólo que hay que llegar hasta el final del camino. Saludos.
P.D.: podemos pensar esto de la trascendencia como la búsqueda de la liberación tal vez, de la redención... deseamos librarnos de una parte de nosotros mismos ¿pero de cuál? ¿De las responsabilidades? ¿De los deseos? Recordemos que las responsabilidades son también deseos..., y tanto responsabilidades como deseos son en mucho creadas o inculcadas
P.D.2: un análisis pendiente pero interesante es lo que quiere significar el verbo
transustanciar... pareciera indicar un cambio de referencias paradigmático, en relación al paradigma actual. Esto por compararlo al verbo
transformar, donde no se implica un cambio del observador en la manera de ver sino únicamente de lo observado