#1 Deconstruyendo el concepto de voluntad. Genealogía del concepto Dios
Buenas, les traigo otro ensayo... que contiene, para mí, ideas revolucionarias, conexiones que nunca antes había visto tan claras (es decir, integradas).
Empiezo con una tesis que explica el concepto de VOLUNTAD: este concepto quiere señalar un agente o sujeto que decide un curso de acción el cual piensa, verbaliza y/o realiza... Es decir, el concepto de voluntad es una autoconsciencia de las decisiones tomadas por un supuesto sujeto o agente...
Y aquí empieza una de las deconstrucciones fundamentales del concepto "voluntad": según la ciencia, la consciencia de algún acto siempre es posterior a los actos, es decir, toda consciencia es retroactiva. La consciencia así observada es una interpretación, "representación", o mejor dicho traducción, a posteriori. La consciencia es traducción porque ordena los sucesos, que selecciona según un criterio de importancia, que transcurren en el espacio-tiempo y les da un hilo conductor, una historia, un sentido. En definitiva la consciencia es una explicación de lo que ocurre, una nueva percepción que modula la conducta de la mente, la cual es siempre inconsciente.
Esto significa que la voluntad, como autoconsciencia, es una percepción que se tiene la cual es posterior a las "decisiones", es decir, a los actos realizados por uno mismo.
Defino a continuación libre albedrío como la capacidad de tomar decisiones, es decir, de elegir entre varios cursos de acción posibles (posibles por conocidos). Elegir es realizar una cosa entre varias posibles, es sinónimo de voluntad. Si la consciencia de una elección es posterior al acto de haber elegido... toda elección es siempre, en verdad, inconsciente, y por tanto, involuntaria. Aclarar que una elección es una percepción mental, no es una acción física.
Esto significa que los términos como voluntad o libre albedrío, que son ambos autoconsciencia, son ficciones o convenciones lingüísticas que no reflejan el verdadero orden en el que transcurren los hechos, y por tanto suponen una fuerte distorsión de la realidad que vivimos.
La voluntad es involuntaria y el libre albedrío es la ilusión de haber elegido entre varias opciones. La ilusión está en entender una elección como un acto volitivo y no como un acto inconsciente. Es decir, la consciencia de la elección ocurre después de la elección misma (la consciencia siempre es a posteriori, por esto en Matrix Revolution el oráculo le dice a Neo: "Vives en un mundo atemporal Neo. Tú ya has elegido, ahora tienes que entender por qué has elegido").
Elegir es inferir un posible resultado y tomar ese camino. Y es de ahí, del acto de inferir del que surge toda la concepción del libre albedrío, de la elección y, como más tarde explicaré, de la voluntad. Inferir resulta que es calcular un posible resultado. Posible, no determinado. Es por ello por lo que se observan varios cursos de acción. Cuanto más se necesite inferir, mayor será la incertidumbre y por ello más tarde se producirá la elección, si es que se produce... ya que la mente no puede establecer un curso de acción mejor que otro, o no puede establecer un curso de acción en absoluto: he aquí la comodidad de las “leyes”, de las costumbres… nos salvan del esfuerzo de inferir y enfrentarnos al fracaso. Nos evitan posibles pérdidas, aunque también, y esto es lo más importante, nos evita progresar. Por ello las leyes y costumbres sólo deberían tomarse en cuenta en verdadero riesgo existencial, no como medio predefinido de acción. Y es por estos mismos motivos por los que las crisis, el forzarnos a decidir bajo la posibilidad de gravísimas consecuencias, suponen o un avance o un retroceso sustancial de la sociedad, cultura y/o conciencia humana en general.
Es por ello, que es donde quería llegar, que la voluntad es voluble, valga la redundancia. Voluble quiere decir cambiante, caprichosa... Y esto es así porque la voluntad es la autoconsciencia de las elecciones más recientes. Donde lo fundamental para comprender la volubilidad de la voluntad es eso de "más reciente".
Si la consciencia es un juicio que traduce las percepciones ordenándolas en el espacio-tiempo según un criterio de atención o importancia para modular el propio actuar y valorar de la mente... entonces la voluntad como autoconsciencia de las elecciones más recientes del sujeto es un discurso, un hilo conductor que intenta explicar las razones de sus últimas elecciones en base a su memoria. Y he aquí que tal autoexplicación de uno mismo, a la que llamamos "voluntad", es una inferencia de inferencias, donde esta segunda inferencia es de un altísimo grado de incertidumbre ya que no conocemos, conscientemente, el criterio inconsciente a través del cual se producen las elecciones, es decir, no conocemos las pulsiones y valoraciones que están detrás de toda acción ni el sentido de su mecanismo. Por ello su grado de fiabilidad es muy bajo, y por tanto la explicación, la voluntad, no es convincente consigo misma en su autoexplicación y se nos aparece como caprichosa o cambiante, estocástica, una explicación distinta o sin origen para cada deseo o acción... es decir, voluble. En definitiva: la voluntad no puede predecirse, o su predicción es poco fiable.
Así que todo acontecer que aparezca frente a nosotros como caprichoso o inexplicable será atribuido a la acción de una "voluntad". Y HE AQUÍ EL VERDADERO MOTIVO POR EL CUAL A LOS SUCESOS INEXPLICABLES SE LOS CONSIDERABA ACTOS DE UNA VOLUNTAD, ES DECIR, DE UN "DIOS".
Así el antropocentrismo no es más que la adjudicación de voluntad a todo lo que resulta inexplicable, invisible, y por tanto, incomprensible.
Todo esto a consecuencia de lo que es la consciencia, una "ficción" o cuento que intenta ordenar los hechos que considera más importantes (no más urgentes, sino importantes, ya que lo verdaderamente urgente no necesita ser ordenado para tener una respuesta: así funcionan los reflejos), donde ese criterio de ordenación unido a la memoria no es más que el lenguaje interno que utiliza. Por eso la consciencia representa un nuevo nivel de reordenación de lo percibido, donde ve todo el mundo, toda la realidad, incluso a "sí misma" a través de sus propias inferencias... es decir, sus propios prejuicios. La consciencia es una transcripción.
Este ensayo es otro prejuicio más de mi consciencia. Todo juicio es prejuicio, es decir, es superable, ya que es sólo una inducción, una inferencia, una respuesta con un rango limitado de utilidad (sólo útil para integrar un determinado conjunto de experiencias).
Todo esto nos sirve para remarcar el hecho de que lo desconocido, el misterio, no sólo está "ahí fuera", sino también está "ahí dentro". Saludos.
Empiezo con una tesis que explica el concepto de VOLUNTAD: este concepto quiere señalar un agente o sujeto que decide un curso de acción el cual piensa, verbaliza y/o realiza... Es decir, el concepto de voluntad es una autoconsciencia de las decisiones tomadas por un supuesto sujeto o agente...
Y aquí empieza una de las deconstrucciones fundamentales del concepto "voluntad": según la ciencia, la consciencia de algún acto siempre es posterior a los actos, es decir, toda consciencia es retroactiva. La consciencia así observada es una interpretación, "representación", o mejor dicho traducción, a posteriori. La consciencia es traducción porque ordena los sucesos, que selecciona según un criterio de importancia, que transcurren en el espacio-tiempo y les da un hilo conductor, una historia, un sentido. En definitiva la consciencia es una explicación de lo que ocurre, una nueva percepción que modula la conducta de la mente, la cual es siempre inconsciente.
Esto significa que la voluntad, como autoconsciencia, es una percepción que se tiene la cual es posterior a las "decisiones", es decir, a los actos realizados por uno mismo.
Defino a continuación libre albedrío como la capacidad de tomar decisiones, es decir, de elegir entre varios cursos de acción posibles (posibles por conocidos). Elegir es realizar una cosa entre varias posibles, es sinónimo de voluntad. Si la consciencia de una elección es posterior al acto de haber elegido... toda elección es siempre, en verdad, inconsciente, y por tanto, involuntaria. Aclarar que una elección es una percepción mental, no es una acción física.
Esto significa que los términos como voluntad o libre albedrío, que son ambos autoconsciencia, son ficciones o convenciones lingüísticas que no reflejan el verdadero orden en el que transcurren los hechos, y por tanto suponen una fuerte distorsión de la realidad que vivimos.
La voluntad es involuntaria y el libre albedrío es la ilusión de haber elegido entre varias opciones. La ilusión está en entender una elección como un acto volitivo y no como un acto inconsciente. Es decir, la consciencia de la elección ocurre después de la elección misma (la consciencia siempre es a posteriori, por esto en Matrix Revolution el oráculo le dice a Neo: "Vives en un mundo atemporal Neo. Tú ya has elegido, ahora tienes que entender por qué has elegido").
Elegir es inferir un posible resultado y tomar ese camino. Y es de ahí, del acto de inferir del que surge toda la concepción del libre albedrío, de la elección y, como más tarde explicaré, de la voluntad. Inferir resulta que es calcular un posible resultado. Posible, no determinado. Es por ello por lo que se observan varios cursos de acción. Cuanto más se necesite inferir, mayor será la incertidumbre y por ello más tarde se producirá la elección, si es que se produce... ya que la mente no puede establecer un curso de acción mejor que otro, o no puede establecer un curso de acción en absoluto: he aquí la comodidad de las “leyes”, de las costumbres… nos salvan del esfuerzo de inferir y enfrentarnos al fracaso. Nos evitan posibles pérdidas, aunque también, y esto es lo más importante, nos evita progresar. Por ello las leyes y costumbres sólo deberían tomarse en cuenta en verdadero riesgo existencial, no como medio predefinido de acción. Y es por estos mismos motivos por los que las crisis, el forzarnos a decidir bajo la posibilidad de gravísimas consecuencias, suponen o un avance o un retroceso sustancial de la sociedad, cultura y/o conciencia humana en general.
Es por ello, que es donde quería llegar, que la voluntad es voluble, valga la redundancia. Voluble quiere decir cambiante, caprichosa... Y esto es así porque la voluntad es la autoconsciencia de las elecciones más recientes. Donde lo fundamental para comprender la volubilidad de la voluntad es eso de "más reciente".
Si la consciencia es un juicio que traduce las percepciones ordenándolas en el espacio-tiempo según un criterio de atención o importancia para modular el propio actuar y valorar de la mente... entonces la voluntad como autoconsciencia de las elecciones más recientes del sujeto es un discurso, un hilo conductor que intenta explicar las razones de sus últimas elecciones en base a su memoria. Y he aquí que tal autoexplicación de uno mismo, a la que llamamos "voluntad", es una inferencia de inferencias, donde esta segunda inferencia es de un altísimo grado de incertidumbre ya que no conocemos, conscientemente, el criterio inconsciente a través del cual se producen las elecciones, es decir, no conocemos las pulsiones y valoraciones que están detrás de toda acción ni el sentido de su mecanismo. Por ello su grado de fiabilidad es muy bajo, y por tanto la explicación, la voluntad, no es convincente consigo misma en su autoexplicación y se nos aparece como caprichosa o cambiante, estocástica, una explicación distinta o sin origen para cada deseo o acción... es decir, voluble. En definitiva: la voluntad no puede predecirse, o su predicción es poco fiable.
Así que todo acontecer que aparezca frente a nosotros como caprichoso o inexplicable será atribuido a la acción de una "voluntad". Y HE AQUÍ EL VERDADERO MOTIVO POR EL CUAL A LOS SUCESOS INEXPLICABLES SE LOS CONSIDERABA ACTOS DE UNA VOLUNTAD, ES DECIR, DE UN "DIOS".
Así el antropocentrismo no es más que la adjudicación de voluntad a todo lo que resulta inexplicable, invisible, y por tanto, incomprensible.
Todo esto a consecuencia de lo que es la consciencia, una "ficción" o cuento que intenta ordenar los hechos que considera más importantes (no más urgentes, sino importantes, ya que lo verdaderamente urgente no necesita ser ordenado para tener una respuesta: así funcionan los reflejos), donde ese criterio de ordenación unido a la memoria no es más que el lenguaje interno que utiliza. Por eso la consciencia representa un nuevo nivel de reordenación de lo percibido, donde ve todo el mundo, toda la realidad, incluso a "sí misma" a través de sus propias inferencias... es decir, sus propios prejuicios. La consciencia es una transcripción.
Este ensayo es otro prejuicio más de mi consciencia. Todo juicio es prejuicio, es decir, es superable, ya que es sólo una inducción, una inferencia, una respuesta con un rango limitado de utilidad (sólo útil para integrar un determinado conjunto de experiencias).
Todo esto nos sirve para remarcar el hecho de que lo desconocido, el misterio, no sólo está "ahí fuera", sino también está "ahí dentro". Saludos.
Editado por Masacroso - 25.10.2009 00:11 hs.
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