>>> Por Federico Sosa (augol.com)

Sr Flavio, el Gordo, como lo llaman los más íntimos, es un personaje excepcional. Generoso como pocos en el ambiente del rock, supo construir una imagen y un personaje más que interesante al término de esa aventura enorme que fueron los Fabulosos Cadillacs.

Formó varias bandas desde entonces. Grabó decenas de discos como autor, productor o invitado. Junto a su hijo Astor, participó de la reedición de Pachuco Cadaver con Picollini y Petinatto. Además de llevar adelante su proyecto solista -presentó su nuevo disco el viernes 13 de julio en La Trastienda-, acaba de editar su tercer libro: Crónicas del León. (ver www.srflavio.com)

Marplatense, surfer murgero, skater, escritor y músico de primera línea, abre las puertas de su casa a Augol para charlar de fútbol, tema que, confiesa, no le apasiona demasiado por estos días. Pero el fútbol es así, todos tenemos una historia con él, aunque sea mínima y nos metemos en la charla para buscarla... Y ahi está.
Ordena las cosas sobre la mesa como tratando de cumplir con el ritual y como nos conocemos de los viejos tiempos me dice que no puede creer que estemos haciendo la nota. Le digo que éste es un país generoso. Y me dice que lo sabe bien y que por eso siempre está volviendo, que anduvo por todos lados, pero ya echó raíces.
Y ahí vamos, quiero que ruede la pelota, pero vuelve a insistir en que ya no lo motiva el fútbol, que hace rato dejó de entusiasmarse y la charla se hace más interesante. Y vamos al origen de todo...

-Sos de Mar del Plata, ¿no?
-Así es.

-¿Jugabas al fútbol de chico allá?
-No ¡Siempre fui horrible jugando al fútbol! Lo mío era el rugby, pero cuando jugaba al fútbol con los pibes, prefería el arco, me gustaba eso del contacto manual con la pelota, y eventualmente tener que enfrentar a algún delantero con el cuerpo. Analogías de rugby que encontraba.

-¿Y el Mundial 78, lo viviste ahí?
-Aquí y allá, ya mis viejos se habían separado y yo estaba en Capital, pero como mi viejo se quedó en Mar del Plata, me debatía entre las dos ciudades, recuerdo haber visto algunos partidos en la tele allá en Mardel.

-¿Recordás algo más?
-Sí, claro, festejar con mucha alegría. ¡Y al Matador, Kempes! Recuerdo también el desconocimiento que tenía de toda la parte oscura que resignificó el Mundial 78 un tiempo después...

-Bueno, después vino el 86...
-Sí, si, y ése era un país distinto también.

-¿Y en esos otros mundiales? ¿Entre tantas giras y viajes, tuviste la oportunidad de estar en alguno?
-No, nunca se dio. Si puedo los sigo por televisión.

-También viviste en México?
-Sí, si.

-¿Te hablaban de fútbol los mexicanos?
-Ellos si, yo ¡no!

Sr Flavio se ríe, parece haber tomado una actitud zen ante la competencia encendida y los exitismos.
Me mira, se queda callado y sin que le pregunte nada vuelve a hablar de México...

-Escuchaba hablar a mis cuñados de Rayados y Tigres, de Monterrey, Nuevo León, ciudad de mi esposa. Eso hizo que un poco simpatizara por Tigres, le encontraba alguna relación, abstracta o semántica, con Tigre.

-Pero, volvamos a la Argentina, ¿recordás tu primera vez en la cancha?
-Bueno, te confieso: la mayoría de las veces que entré a una cancha de fútbol, fue para ver rugby. La primera vez fue en Ferro, fui a ver Los Pumas-Australia.

-¿Bueno, pero como músico te tocó actuar en estadios varias veces?
-Sí, como músico sí.

-Porque se me ocurre que tocar en un estadio debe ser muy parecido a salir a jugar...
-No sé, no sé, no creo... No tenés que ganarle a nadie...

-Pero, ¿preferís el clima futbolero o el show más íntimo?
-Prefiero el show apasionado, encendido, eso me gusta. Pero sin generar rivalidades.

-Porque se cantaron mucho tus canciones en la cancha...
-¡Sí! Ese es un fenómeno sociológico popular único.

-Después, en algún momento, se produjo una mezcla de públicos... se futbolizó el rock, o se rockeó el fútbol...
-Si, no lo sé, pero tengo claro que lo que no me gusta es cuando eso se deriva en enfrentamientos. Cuando se busca generar posiciones antagónicas para cruzar un grupo contra otro. En el ámbito que sea, en el rock o en el deporte. Ahí perdemos todos.



-¿Y eso tuvo algo que ver con tu desinterés actual por el fútbol?
-Bueno, mi desinterés es que en rigor de verdad no me vuelvo loco por el deporte del balón en sí. Y lo digo con total respeto por quien le gusta y lo practica.

-Y a pesar de eso, ¿en la cancha admiraste alguna vez a alguien?
-¡No! jajaja...
No puede creer que insista con el fútbol. Apoya las manos sobre la mesa como si fuera a levantarse, respira, piensa y tira...
-Bueno, en realidad sí: al Loco Gatti, pero antes, antes... mucho antes.
Piensa un poco más y dispara...
-Y Maradona... Maradona es arte todo, y eso despierta verdadera admiración.
Y sigue...
-En realidad lo que le produce a la gente la presencia de un futbolista, a mí me pasa tal vez con un surfista profesional, un skater, un rugbier o un campeón de boxeo, mi deporte de masas favorito.

-Antes me nombraste a Maradona. ¿Lo conociste?
-Sí, tocamos con Los Fabulosos Cadillacs en el bautísmo de Dalma Nerea. Eso sí fue un flash, fue algo inolvidable.

-Tenés una canción en la que decís: "perdimos pero somos campeones" ¿Los argentinos tenemos problemas para diferenciar la derrota del fracaso?
-Bueno, no sería tan categórico, es solo una metáfora más. Creo que nos dibuja, en algún aspecto, como sociedad criolla.

-Y vos, ¿te sentís campeón?
-No, para nada, yo no compito contra nadie, y eso me libera del lugar de ser un campeón. Galíndez era un campeón para mí, o Bonavena, o Hugo Porta. Y más actual, creo que pondría a Agustín Pichot.

-¿Y si volvieras a una cancha como espectador? ¿Qué partido te gustaría ver?
-Los Pumas-All Blacks, ¡ganando Los Pumas! ¡jajaja!

Por un momento recuerda que la charla era de fútbol, y vuelve a reírse. Me mira como dando alguna excusa, y a esta altura no hace falta. Es simplemente otra charla de fútbol, sin ganadores ni perdedores, como le gusta al Sr Flavio.
Como debe ser.

@fedessosa