#1 Comidas Rituales - Funerales rumanos
Los habitantes de Rumania (DACIA), siguen en su mayoría los preceptos de la religión Cristiana Ortodoxa Rumana.
Su cocina regional es similar a la de toda centroeuropa, con abundancia de encurtidos, remolachas, repollos, manzanas, y toda clase de alimentos en conserva, puesto que son lugares de largos inviernos con mucha nieve, especialmente la Carpatia, o región de los montes Cárpatos, y la Transilvania, que además de frías son regiones de alta montaña.
Cuando sucede algún fallecimiento, es tradición y homenaje, reunirse en una comida al regreso del entierro, de la cual participa el pope (sacerdote) y todos los familiares y amigos del difunto.
La mesa se sirve sobre manteles blancos, de preferencia los mejores de la casa, y la comida se muestra como una especie de buffet de autoservicio.
El pollo horneado frío, las pequeñas albóndigas de cerdo fritas y calentitas en brochettes con cubos de panceta ahumada, las cebollitas pickles, los ajíes verdes y los pepinillos agridulces son las vedettes de la mesa.
Como la misa por el difunto precede a la comida, el pan recién horneado y aún tibio que han amasado las mujeres más cercanas al difunto/a se utilizará para la comunión, como los vasos que se llenarán de vino blanco y dulce consagrado como el pan.
Cada participante recibira un trozo del enorme pan y el vino le será escanciado en su vaso, de manos del pope.
Luego se acercarán a la mesa donde la estrella principal es el Kooliba, o postre funerario, cuya única oportunidad de servicio es, precisamente, esa ocasión.
El kooliba también ha sido bendecido en la misa y será el acompañamiento y la ofrenda espiritual con que cada comensal honrará la memoria del difunto.
Es imprescindible saber que no podrá rechazarse ningún alimento de la mesa sin cometer una ofensa gravísima, dado el carácter ceremonial de la comida.
La misma transcurre en un ambiente de total camaradería y armonía, y durante su transcurso se evita cuidadosamente la expansión de llantos o los gestos o actitudes de pesar. Este ritual es una celebración de auténtica alegría cristiana porque el difunto pasa a estar junto a Su Creador. No hay, pues, lugar para lágrimas en esta festividad recordatoria y en esta celebración del tránsito del espíritu.
Yo he participado de un par de estas reuniones y les aseguro que es conmovedora y muy movilizadora a la unión y a la Fe. Tanto más cuanto la Rumania creyente ha sufrido muchísimos ataques e impedimentos, pese a lo cual las manifestaciones de la Fe popular nunca cejaron.
Hoy en día, no existiendo ya la casi clandestinidad, los ritos vuelven a su normalidad, y el pueblo puede celebrarlos con mayor libertad.
Espero que les haya gustado el post.
Si quieren les posteo la receta del Kooliba que es la cosa más rica que probé en mi vida.
Y probé muchas eh???
Su cocina regional es similar a la de toda centroeuropa, con abundancia de encurtidos, remolachas, repollos, manzanas, y toda clase de alimentos en conserva, puesto que son lugares de largos inviernos con mucha nieve, especialmente la Carpatia, o región de los montes Cárpatos, y la Transilvania, que además de frías son regiones de alta montaña.
Cuando sucede algún fallecimiento, es tradición y homenaje, reunirse en una comida al regreso del entierro, de la cual participa el pope (sacerdote) y todos los familiares y amigos del difunto.
La mesa se sirve sobre manteles blancos, de preferencia los mejores de la casa, y la comida se muestra como una especie de buffet de autoservicio.
El pollo horneado frío, las pequeñas albóndigas de cerdo fritas y calentitas en brochettes con cubos de panceta ahumada, las cebollitas pickles, los ajíes verdes y los pepinillos agridulces son las vedettes de la mesa.
Como la misa por el difunto precede a la comida, el pan recién horneado y aún tibio que han amasado las mujeres más cercanas al difunto/a se utilizará para la comunión, como los vasos que se llenarán de vino blanco y dulce consagrado como el pan.
Cada participante recibira un trozo del enorme pan y el vino le será escanciado en su vaso, de manos del pope.
Luego se acercarán a la mesa donde la estrella principal es el Kooliba, o postre funerario, cuya única oportunidad de servicio es, precisamente, esa ocasión.
El kooliba también ha sido bendecido en la misa y será el acompañamiento y la ofrenda espiritual con que cada comensal honrará la memoria del difunto.
Es imprescindible saber que no podrá rechazarse ningún alimento de la mesa sin cometer una ofensa gravísima, dado el carácter ceremonial de la comida.
La misma transcurre en un ambiente de total camaradería y armonía, y durante su transcurso se evita cuidadosamente la expansión de llantos o los gestos o actitudes de pesar. Este ritual es una celebración de auténtica alegría cristiana porque el difunto pasa a estar junto a Su Creador. No hay, pues, lugar para lágrimas en esta festividad recordatoria y en esta celebración del tránsito del espíritu.
Yo he participado de un par de estas reuniones y les aseguro que es conmovedora y muy movilizadora a la unión y a la Fe. Tanto más cuanto la Rumania creyente ha sufrido muchísimos ataques e impedimentos, pese a lo cual las manifestaciones de la Fe popular nunca cejaron.
Hoy en día, no existiendo ya la casi clandestinidad, los ritos vuelven a su normalidad, y el pueblo puede celebrarlos con mayor libertad.
Espero que les haya gustado el post.
Si quieren les posteo la receta del Kooliba que es la cosa más rica que probé en mi vida.
Y probé muchas eh???
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