Es triste admitirlo, pero vivimos en un país de pelo

dos. La ignorancia potenciada por la estupidez es la peor enfermedad que puede padecer el ser humano. Y para los "vivos", la mejor forma de dominar al bruto idiota es inventarle enemigos. Desde hace un tiempo las antenas de los celulares tienen ese rol.
A eso le sumamos la absurda fundamentación de que "no pueden demostrar que son inocuas". Pareciera ser que el derecho se invirtió y ahora la prueba pasa por demostrar todo lo que no se es o no se puede hacer en lugar de lo contrario como venía sucediendo desde la época de los romanos.
Incluso, dentro de la ignorancia popular convivimos con antenas mucho más peligrosas por la potencia que utilizan (TV abierta, radios AM, otras VHF de alta potencia) pero la culpa es de los celulares. Claro, no le toquemos la novela a Doña Rosa, ni el fútbol ni Gran Hermano. Radiación con gusto no contamina!
Vale aclarar, y ésto fue comprobado con mediciones, que muchos de los electrodomésticos habituales del hogar emiten mayor radiación que una antena de telefonía móvil.