Asegura que sabía exactamente lo que quería hacer cuando compró el edificio que albergaba una congregación metodista en Barberton (Ohio, Estados Unidos). Y lo ha conseguido con menos de un millón de dólares (algo más de 700.000 euros).
Su espacio de divina práctica muscular se llama Faith Gym (Gimnasio de la Fe) y, según cuenta en los medios locales, es apto tanto para neófitos del culto al cuerpo como para atletas experimentados. De hecho, no le falta de nada, ni bar con batidos de proteínas ni sala de discusión para compartir experiencias "religiosas". Mens sana in corpore sano.
La inspiración se encuentra en las paredes, con citas bíblicas; en el techo, con los frescos de David y Goliat o Sansón y Dalilah, que Horvath ha restaurado, y en las vidrieras originales del templo, que datan de 1892.
Un entorno místico en el que sólo se ha permitido incluir un elemento de cosecha propia: Una imagen de Superman abriéndose la camisa y descubriendo una enorme ese justo en la entrada. "No quiero intimidar a nadie", se excusa el culturista. "Es que Superman me gustaba cuando era pequeño. Es uno de esos superhéroes musculosos", añade.
Nadie se ha quejado. A los primeros clientes, la decoración les parece "estética". "No hay nada parecido", dice Craig Banks, un quiropráctico que también compite en el mundo del culturismo.
Y además, resulta barata. La cuota mensual del gimnasio es de 35 dólares (unos 25 euros). Y es que, según Horvath, que ha remodelado otros ocho edificios en Barbeton para convertirlos en diferentes negocios, no se trata de hacer dinero sino de cumplir con uno de sus objetivos vitales. "Es un sueño hecho realidad. Es algo de lo que lleva hablando desde que nos casamos, hace 22 años", confiesa su esposa.
