Argentina y la herencia de los inmigrantes italianos cultura
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Made in Italy
La bicicleta Graziella, un mito en dos ruedas
Posted Sáb, 08/14/2010 - 18:54 by Cristina Bela
Cuando se habla de Graziella la mente vuela rápido al feliz período de la niñez, hecho de largas tardes de verano, de pancitos con Nutella, de canciones de Lucio Battisti y naturalmente de las interminables vueltas en bicicleta en las plazas, por las calles del barrio o en el patio de casa. Pero por qué hoy todavía el nombre de Graziella es todavía mágico?. Hagamos un salto atrás en el tiempo para reconstruir la historia de esta bicicleta tan amada por todas las generaciones.
Era 1964, y sobre la ola del boom económico que estaba atravesando Italia con una irrefrenable carga de entusiasmo, la bicicleta comenzó a tener una imagen distinta de aquel medio de transporte pobre, hasta triste, usado por aquellos que no podían permitirse otro vehículo para ir a la fábrica o la oficina.
Sobre un genial proyecto de Rinaldo Donzelli, la firma Teodoro Carnielli di Vittorio Veneto presentó en aquel año una absoluta novedad: la Graziella, una elegante bicicleta plegable, destinada a revolucionar durante 20 años el mundo de las dos ruedas. Con el apoyo de una inteligente campaña publicitaria, la Graziella encuentra inmediatamente la aceptación de una franja importante de clientes por su imagen refinada. Un slogan de la época la define como la Rolls Royce de Brigitte Bardot, por su extraordinaria calidad de construcción, símbolo de una época irrepetible.
La Graziella, vanguardista para la época, es reconocida entre lo más alto del diseño italiano. La carta ganadora de la Graziella fue, en primer lugar, su extraordinaria practicidad: un robusto cuadro, plegable gracias a una bisagra central, la ausencia del caño horizontal, las ruedas pequeñas, el asiento acolchado y el manubrio regulable, hacían que con gran facilidad se pudiese guardar en el baúl del auto. Estas pocas características, la llevaron a convertirse en el nuevo símbolo de libertad y anticonformismo. Poseer una Graziella significaba sintonizarse inmediatamente con el espíritu de esa época, con un estilo de vida alegre y despreocupada.
Rápidamente comenzaron a aparecer imitaciones, tomando los elementos claves de su éxito, a un precio mucho menor: L'Atala, la Legnano, l'Aurelia Dino, la Girardengo, la Olmo, la Bianchi, la Gerbi e innumerables marcar menos conocidas, invadieron rápidamente el mercado, contribuyendo a familiarizar a mucha gente, y sobretodo a los niños, con el fantástico mundo en dos ruedas.
Fue así que en 1971, la Carnielli decide rediseñar la Graziella, naciendo un auténtico milagro de pureza de línea y exclusividad. Reinventada por Carnielli, como decía la publicidad de la época, la nueva Graziella se distinguía del modelo precedente por las ruedas con un diámetro mayor y por dimensiones adaptas a todas las contexturas físicas. Además del agregado de toda una serie de detalles únicos, estudiados para identificarla con un solo golpe de ojos de las demás marcas competidoras.
El color, sobretodo, que como para la serie precedente, continuaba a ser el clásico blanco leche o como alternativa un azul ultramar, era tan cuidado que, al comprador se le entregaba un kit de pintura para eventuales retoques. Mirándola de costado se caracterizaba por dos tubos horizontales de igual longitud, enlazados a otro tubo con forma de semicírculo. El manubrio conservaba la forma rectangular, guardabarros, neumáticos con franja blanca, cubrecadena, luces y un timbre inconfundible por su sonido, construido en sólido metal cromado, con una G en color azul,
La nueva bicicleta no desilusionó las expectativas del público, a tal punto que comenzaron a hacer versiones especiales, dignas de recordar, como la bizzarra Graziella Flor con decoraciones estilo hippy, la deportiva Graziella Cross con cambios y la espléndida chopper Graziella Leopard.
En los años ´80, con la aparición de nuevos modelos de alta tecnología, como las Mountain Bike, adaptadas a todos los terrenos, lentamente la Graziella comenzó su declive, para desaparecer silenciosamente.
Hoy, la Graziella constituye en un objeto muy buscado y no es raro pensar en un relanzamiento en una versión más modernizada, como sucedió con el monopatín. Se podría entonces llevarla en el baúl de nuestros autos, de manera de disponer en cualquier momento del medio de transporte ideal para movernos en el atestado tránsito de las ciudades. Igual como sugería el spot televisivo de 46 años atrás.
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El Bicentenario de la República Argentina y la herencia de los inmigrantes italianos en la cultura
Posted Jue, 05/20/2010 - 16:06 by editorial
La Argentina, la otra patria, el destino. Casi cuatro millones de italianos llegaron a estas tierras cargados de ilusiones, con la esperanza depositada en la pampa lejana. Dejaron atrás amores y miserias. Amores y miserias encontraron al llegar. El puerto, el primer hotel, el conventillo, el mercado, el barrio de la ciudad, la colonia del campo. Los inmigrantes tejieron historias de triunfos y fracasos, de encuentros y desencuentros.
"Ningún país del mundo ofrece mayores ventajas al agricultor y al ganadero. Clima templado y sano, tierras a bajo precio y fértiles, fáciles para trabajar; llanuras vastísimas, cada especie de ganado a precio tan módico como no se consigue en otra parte; grandes líneas ferroviarias; comunicaciones casi diarias con Europa, instituciones iguales a las de Estados Unidos, pero más liberales para los extranjeros, ya que pueden ser propietarios sin comprometer su nacionalidad", decía un Annunzio Ufficiale de mediados del siglo XIX que alentaba viajar a la Argentina.
En el puerto de Génova, familias desgarradas lloraban en los muelles mientras los barcos se llenaban de campesinos del Valle del Véneto y del Piamonte. Habían vendido sus pocas cosas para pagar el costoso pasaje que les permitiría concretar ese sueño de fare l''América.
No eran los primeros italianos que llegaban a la Argentina. Ya en 1536, cuando Don Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires, numerosos italianos participaron de su expedición. Durante el siglo XVIII, también habían venido a estas tierras muchos intelectuales y políticos decepcionados por las monarquías europeas.
En 1751, procedente de Génova, llegó a la Argentina el comerciante Domingo Belgrano y Peri. Sería el hijo de este inmigrante, Manuel Belgrano, quien en 1812, ya convertido en un gran político y militar, crearía la bandera nacional.
Pero la imagen de barcos cargados con cientos de familias hambrientas de progreso empezó en 1850, cuando en Europa se sentían las consecuencias de la Revolución Industrial y el crecimiento del sistema capitalista. Veinte años después, de los casi 2.000.000 de habitantes que poblaban la Argentina, 80.000 eran italianos.
A ellos les habló en 1870 Bartolomé Mitre durante un largo discurso en el Senado: "Los agricultores de Lombardía, del Piamonte y de Nápoles, los más hábiles y laboriosos de Europa, han sembrado los cereales y hortalizas realizando esos oasis de trigo que rompen la monotonía de la inculta pampa. Sin ellos no tendríamos legumbres ni conoceríamos las cebollas y las papas, puesto que en materia de agricultura estaríamos igual que los pueblos más atrasados de la Tierra".
Entre 1888 y 1900 se registró en el puerto la llegada de 602.389 italianos. Y el censo de 1898 decía que en el país ya eran un millón. Para ese entonces, la comunidad había fundado 400 asociaciones. El Hospital Italiano existía desde 1853, la sociedad Unione e Benevolenza se creó en 1858, el periódico "La Nazione Italiana" se editaba desde 1868 y la Dante Alighieri fue inaugurada en Buenos Aires en 1896.
Los inicios del siglo XX también fueron de mucho movimiento en el puerto de Buenos Aires. Entre 1901 y 1906 llegaron 500.000 italianos. Y los desembarcos siguieron. Entre 1870 y 1925 ingresaron 3.000.000. La última ola inmigratoria fue después de la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que entre 1946 y 1965 llegaron a la Argentina otros 500.000 italianos.
Se convirtieron en el centro del comercio y la industria, como el genovés José Canale, que abrió su fábrica de bizcochos en 1876 y trajo al país la panificación mecánica. Más tarde, apellidos italianos encabezarían grandes empresas del país: Rocca, Macri, Zanella, Rattazzi, Di Tella, Prati. También se abrieron camino en el mundo académico y cultural. En 1887 llegó José Ingenieros, nacido en Sicilia. Aquí se hizo médico, sociólogo y filósofo.
La impronta del romanticismo clasicista italiano se nota en el Congreso, el Teatro Colón, la Casa Rosada y la Iglesia del Pilar, diseñadas por arquitectos italianos.
"Los hijos de éstos nos gobernarán", dijo Sarmiento. Así fue. En 1943, en el gabinete de Ramón Castillo figuraban apellidos italianos como Culacciatti, Fincatti y Tonazzi. En 1958 Arturo Frondizi llegó a la presidencia, después lo haría Illia.
Las exequias de dos soldados italianos muertos el lunes en Afganistán se realizaron hoy en Roma, en lo que el sacerdote que oficiaba la misa definió un sacrificio "no vano".
Los funerales, ante centenares de personas, se realizaron en la basílica de Santa María de los Angeles y con la presencia de, entre otros, el jefe del Estado, Giorgio Napolitano, el premier Silvio Berlusconi, los presidente de Cámara y Senado y miembros de todos los partidos políticos.
"El sacrificio de nuestros militares no es vano, no sólo para Afganistán pero también para Italia y el mundo entero", dijo en la homilía monseñor Vincenzo Pelvi, arzobispo ordinario militar para Italia.
Los soldados murieron el lunes cuando el vehículo blindado en el cual viajaban con otros dos colegas, fue embestido por la explosión de una bomba al paso de un convoy multinacional que se dirigía a una base en la zona de Bala Murghab, en la región oeste, bajo responsabilidad italiana. -
lamentablemente las costumbre de mierda del continente de europa quedaron bastante marcadas ya que viniendo una gran mayoría de inmigrantes italianos que se estaban cagando de hambre , llegaron a estas tierras .
9 de cada 10 personas de nacionalidad argentina tienen apellidos con origen europeo pero 5 de cada 9 tiene apellido de origen italiano.
