200 años del nacimiento de Sarmiento

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      • 31/01/11
    #1 200 años del nacimiento de Sarmiento
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    Educador, diplomático, escritor, periodista y político, Presidente de los argentinos.

    Más allá de las críticas y las polémicas, y un auténtico adelantado a su época con ideas muy progresistas para el país.

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    4 comentarios / 2782 Visitas

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    15/02/2011
    #2 Re: 200 años del nacimiento de Sarmiento

    Imperfecto como otros, pero con el claro concepto de que la educación era la mejor ayuda que se podía dar a la gente y totalmente necesaria para libertar al hombre y consolidar una Nación.
    Gracias por este recordatorio.



    Saludos

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    16/02/2011
    #3 Re: 200 años del nacimiento de Sarmiento


    Reflexiones para compartir
    SARMIENTO: A 200 AÑOS DE SU NACIMIENTO

    No hay quizá en la historia argentina un hombre capaz de despertar pasiones tan encontradas como Domingo Faustino Sarmiento. Este 15 de febrero se cumplen 200 años de su nacimiento, un momento propicio para detenernos a reflexionar sobre sus acciones, su pensamiento y su legado.

    La historia escolar ha presentado a Sarmiento como un niño ejemplar, abnegado, prolijo. Y se ha dejado un poco de lado al Sarmiento rebelde, discutidor, punzante, conflictivo.
    El historiador José Ignacio García Hamilton dice: “Sarmiento sostuvo en Recuerdos de provincia que su asistencia a la escuela fue perfecta durante varios años, pero también narró en ese libro sus múltiples travesuras, como la de dictar intencionadamente errores a sus compañeros para hacerlos reprender. Igualmente confesó su protagonismo como líder de una patota juvenil que se enfrentaba con piedras y palos con los muchachos de los otros barrios de San Juan”.
    Antes de cumplir los 20 años, inmerso de lleno en las luchas civiles, ya había entrado en disputas verbales con el gobernador de San Juan, había participado en la batalla de Niquivil y debió exiliarse en el pueblo de Los Andes, en Chile.
    Cuando Mitre venció a Urquiza en Pavón y el país se unificó, Sarmiento partió con el ejército liberal hacia San Juan, donde la legislatura lo eligió gobernador. Esos dos años en la gobernación fueron para él de vergüenza e impotencia. La falta de dinero esterilizaba sus iniciativas progresistas y terminó peleándose con todos. Se sintió solo y fracasado: renunció a su cargo y pidió ser designado embajador en los Estados Unidos.
    En 1868, luego de la muerte de su hijo Dominguito en la guerra del Paraguay, regresó al país elegido presidente de la República. Fiel a su estilo confrontativo, se peleó con Mitre, se enfrentó a rebeliones en algunas ciudades del interior y sufrió numerosos atentados. En medio de una violenta revolución movilizada por sus opositores, dejó el gobierno a Nicolás Avellaneda.
    Al llegar la presidencia de Julio Roca, fue nombrado presidente del Consejo de Educación, pero se insultó de inmediato con todos los otros vocales y renunció en medio de un revuelo político. Desde el periodismo continuó atacando a sus colegas y provocó la renuncia de ellos y del propio Ministro de Educación. Sostenía que la educación estatal no podía ser católica para no herir a los miembros de otras confesiones. Así, luego de intensas polémicas, logró la implantación del laicismo a través de la ley 1420.


    MIRADAS

    El historiador Luis Alberto Romero, explica: “En 1938, a cincuenta años de su muerte, las publicaciones católicas recordaron a Sarmiento como el autor de una vida de Jesús. No pudieron ignorarlo, pese a que por entonces el catolicismo, impregnado de nacionalismo, llevaba adelante el asalto y demolición de uno de sus grandes emprendimientos: la escuela pública laica y gratuita, tachada de “escuela sin Dios”.
    Tampoco lo ignoró Perón, cuando en 1947 puso su nombre a uno de los ferrocarriles nacionalizados.
    Por entonces, el revisionismo historiográfico se cebaba en Sarmiento, considerado el ángel maligno de la caduca “Argentina liberal”. Pero Sarmiento era defendido, con idéntico ardor, por el progresismo democrático, del centro a la izquierda, que se identificaba con la tradición liberal y contraponía la democracia al fascismo.
    Treinta años después, ya no se combatía. Mientras sus defensores perdían convicción, en los setenta se sumaron al arco antisarmientino los populistas, que lo acusaron de elitista y cosmopolita. Más tarde vendría el contingente de los antropólogos, filósofos y sociólogos antiliberales, relativistas y escépticos, que tomaron como blanco sus convicciones civilizatorias, y declararon preferir la barbarie.
    Entre quienes aún mantienen una imagen positiva de Sarmiento están los críticos literarios que lo consideran un gran escritor, y los historiadores que, con palabras de José Luis Romero, reconocen su capacidad para captar la historia profunda.
    Creo que los argentinos tenemos una deuda mayor que la expresada en sede académica. Sarmiento fue un hombre político.
    Impulsó con ardor mil iniciativas para construir un país todavía en obras, y las defendió en miles de páginas escritas, tan apasionadas como contradictorias. No es difícil encontrar en esta masa unos cuantos proyectos equivocados o frases que dan motivo a la burla o el escarnio. Tal ha sido la tarea de zapa de quienes, en realidad, se proponían demoler todo lo que construyó.
    Porque además de ser un luchador, decidido a vencer las contradicciones a fuerza de contradecirlas, Sarmiento fue un constructor. Uno de los artífices de la Argentina que se levantó en la segunda mitad del siglo XIX, y de cuyos frutos vivimos durante buena parte del siglo XX. Si Sarmiento hubiera podido contemplar esa obra, en algún momento antes de los años setenta, seguramente se habría sentido satisfecho, como Dios en el séptimo día de la Creación, según cuenta el Génesis.
    Se habría complacido, pese a tantas cosas que resultaron en un sentido contrario a sus ideas; entre ellas los gobiernos militares, clericales, nacionalistas o populistas.
    Se habría complacido porque la huella de su acción estaba presente en los dos grandes productos de la Argentina pujante, que la gente de mi edad alcanzó a conocer: el Estado y la sociedad.
    Un Estado potente, preocupado por construir el interés general, y una sociedad integrada, móvil y democrática, capaz de crear oportunidades de progreso para todos.
    Entre el Estado y la sociedad hubo -y hoy lo extrañamos- un sistema educativo estatal, gratuito, laico y excelente, capaz de impulsar la igualdad, la integración, el patriotismo y la democracia.
    Nadie niega la contribución de Sarmiento a esa gran obra.
    Sarmiento fue combatido cuando su obra aún estaba en pie, en nombre del confesionalismo, el nacionalismo y el populismo. Pero desde hace treinta años las cosas fueron mucho peor, y resultaron progresivamente destruidos aquel Estado y aquella sociedad que en alguna medida fueron el resultado de su impulso.
    Es posible que éste no fuera el final que imaginaron quienes a lo largo del siglo XX destruyeron sistemáticamente la figura y la herencia de Sarmiento, pero a eso hemos llegado.
    Los historiadores podemos intentar develar las falacias, olvidos e invenciones de la historia oficial. No es una tarea menor, pues hace al uso público de la historia, a la memoria y a la conciencia histórica. Pero la recuperación de Sarmiento que nos debemos es mucho más que eso.
    Se trata de una tarea política, un emprendimiento que ha de convocar a los ciudadanos y que ni siquiera necesita mencionar explícitamente al sanjuanino. Consiste en reconstruir aquel Estado potente y al servicio del interés general que supimos tener, expulsando a los mercaderes del templo. Consiste en reconstruir el sistema educativo público que contribuyó a conformar la sociedad móvil, integradora y democrática de la vieja Argentina, a la que en sus etapas iniciales Sarmiento dio un sello personal. Una tarea larga y difícil, sin duda, pero que alguna vez hay que comenzar”.

    FINAL

    Ya viejo, combatió contra la corrupción administrativa del gobierno de Juárez Celman y su vocación hegemónica, desde la prensa y el libro. Escribió Conflictos y armonías de las razas en América para explicar por qué, a pesar de que el país tenía una constitución democrática, seguía imperando el absolutismo político y los gobernadores sustituían al pueblo como electores de los presidentes.
    Buscando mejor clima viajó a Asunción. En la madrugada del 11 de septiembre de 1888, Sarmiento pidió que lo sentaran en la cama para contemplar el amanecer. Nunca lo logró: su corazón dejó de latir esa madrugada.



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    19/02/2011
    #4 Re: 200 años del nacimiento de Sarmiento

    Con sus achaques, un hombre que dedicó su vida a mejorar la educación para el pueblo argentino. Un educador, hecho y derecho.

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    #5 Re: 200 años del nacimiento de Sarmiento
    Fue mas importante de lo que muchos piensan para el desarrollo del pais.
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