Hacia 1808 España era caos: invadida por Napoleón, se quedó sin rey luego de una curiosa sucesión de hechos. Carlos IV había abdicado (bajo presión) a favor de su hijo Fernando, ya con los franceses dentro de su territorio. Pero poco le duró a Fernando VII la diadema: Napoleón citó a padre e hijo en la ciudad de Bayona. Convenció a Fernando de que debía devolver la corona a su padre, y a éste de que debía cedérsela al emperador (ósea él). Con la corona en sus manos, Napoleón se la otorgó a su hermano, José. Este episodio se conoce como “la farsa de Bayona”.
Los sucesos ocurridos en España tuvieron gran repercusión en todo el Virreinato, y terminaron favoreciendo los propósitos emancipadores de un numeroso grupo de criollos, ya que la caída la monarquía española se formaron sucesivas Juntas de gobierno clandestinas a nombre de Fernando VII. Estas Juntas, que cambiaban varias veces de sede en cuanto eran descubiertas por los franceses, sancionaban leyes con la pretensión de ser obedecidas en todo el inmenso imperio español, incluyendo a las colonias.
Asimismo, Buenos Aires era escenario de frecuentes enfrentamientos entre el virrey Liniers y el jefe del Cabildo, Martín de Álzaga. La lucha de poderes entre ambos tuvo su punto culminante en un levantamiento militar encabezado por este último, el 1o de enero de 1809, que estuvo cerca de terminar con el gobierno de Liniers. La oportuna intervención de Cornelio Saavedra al frente de los Patricios hizo fracasar el golpe y puso de manifiesto la importancia que habían adquirido los regimientos nativos (y de paso ya empezaba a perfilarse como hombre fuerte)
El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, que se hizo cargo de la jefatura del Río de la Plata el 30 de junio de 1809, fue nombrado por una de esas Juntas clandestinas, en medio de un clima de efervescencia. Un mes antes de su arribo –el 25 de mayo de 1809– se produjo una rebelión en Chuquisaca (en la actual Bolivia), en contra del gobernador Pizarro. Entre los insurrectos estaba Bernardo de Monteagudo. Otro levantamiento contra los españoles se produjo en julio en La Paz, el cual fue ferozmente aplastado despertando indignación en todo el Virreinato
No todos los porteños estaban de acuerdo en obedecer a una Junta española, por considerar que su poder no era legítimo. “ni los comerciantes de Cádiz ni los pescadores de león decidirán sobre los asuntos del Río de la Plata, pero hay que tener paciencia las brevas aún no maduraron” se le oía decir a Cornelio Saavedra.
La falta de una cabeza reinante en España, la acechanza portuguesa y la importancia que habían adquirido las milicias criollas después de las invasiones inglesas (los regimientos españoles de catalanes, vizcaínos y gallegos fueron disueltos tras la asonada de Álzaga), no hicieron más que preparar el terreno para la formación de un gobierno propio.
Semana de mayo
El 18 Virrey Cisneros, por medio de una Proclama expuso los hechos de la caída de la junta de Cádiz manifestando su voluntad de luchar por el rey Fernando y por la "libertad e independencia " de toda dominación extranjera. (La mañana del 15 había anclado en Montevideo la fragata inglesa “Juan Paris” trayendo la noticia de la caída de la Junta de Cádiz en poder de los franceses)
Desde el 16 de mayo los primeros pasos de la revolución comenzaron a darse en reuniones clandestinas que llevaba adelante una sociedad secreta integrada, entre otros, por Nicolás Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, Martín Rodríguez, Juan José Paso, Hipólito Vieytes, Mariano Moreno, Agustín Donado, Manuel Alberti, José Darragueira, Feliciano Chiclana, Juan José Castelli, Domingo French, Antonio Beruti, Juan Jose Viamonte y Tomás Guido, a la que Cornelio Saavedra ofreció su contingente armado, los Patricios.
Resolvieron pedirle al día siguiente al virrey un cabildo abierto...
sobre todo debido a la referencia de la invación napoleónica. 