Era un vez un hombre que tenía problemas con el ano. Eso era pedos y pedos todo el día.
Fue donde el doctor especialista en transplantes de anos pero llegó tarde y el doctor le dijo que sólo le quedaba un ano en el maletín pero era de un maricón. Al hombre no le importaba, sólo quería deshacerse del suyo y lo operaron.
Al cabo de seis meses fue a una cita médica y el doctor le preguntó como le había ido con el ano.
- De maravillas, ya no tiro pedos, pero cuando me tomo unos tragos de más lo empiezo a repartir, pero eso a mí no me importa, como no es mío.