#1 Largos, pero están bien
El León y la Tortuga desarrollaron una gran amistad, fruto de muchas tardes de contemplar atardeceres después de las abundantes comidas del león. Filosofaban, y la tortuga poco a poco pasó de amiga a confidente y luego a consejera. Fueron años de compañía.
El León la apreciaba de verdad, y sabiendo que en pocos días sería su cumpleaños decidió orgnizar una fiesta importante, con la asistencia de tantos animales de la selva como pudiera. Al fin y al cabo, como Rey, el podía asegurarse que asistieran muchos -o todos- que trajeran bebidas y divirtieran a su amiga, la Tortuga.
Para asegurarse la mejor noche posible, insinuó que los animales más graciosos para contar chistes: el mono tití, la cotorra, la cebra (es un gran cuentista) y el mandril TENIAN que ir con un chiste preparado... y si la tortuga no se reía... podían darse por comidos.
La noche de la fiesta todo era alegría y un poco de resquemor, porque se acercaba la hora de los chistes, y aunque estaban todos contentos, no podían ocultar un lejano e indefinible miedo a ser comidos si la tortuga no se reía. Pero bueno. Los chistes habían sido esmeradamente preparados y el riesgo era mínimo.
Cuando todos estaban de grán ánimo por el alcohol de frutas y la comida, además del acontecimiento, el León llamó a los cuentistas.
El Monito, con el afán de sacarse el problema de encima pidió ser el primero, y lo hizo con una gracia soberbia, dijo un cuento bien ensayado , con gestos y movimientos espléndidos que causaron gracia y risotadas a todos, León incluido que moría de la risa. Pero... la Tortuga, seria e inmovil. Todos se pusieron nerviosos, incluído el monito que repitió aun más genialmente el chiste y... nada. Inmovil, inmutable, distante. El León se preocupó mucho y ante el dolor de todos tuvo que hacer valer su autoridad y de un solo golpe se comió al mono.
Ya la cosa no tenía gracia para la cotorra, que contó el chiste llegando al máximo de su esfuerzo y concentración, lo que provocó unas risotadas mayores que las del monito. Y la tortuga inmutable... inconmovible, al lado del León que moría de risa. Nuevamente, no sin pena, el León hizo valer su autoridad... y se la comió.
Ahora si, la cebra huyó desesperada, pero al mandril lo agarraron y lo empujaron al ruedo para que cuente su chiste. Alli empezó, tartamudeando, temblando, olvidándose, sufriendo y casi ni lo terminó de contar. Un murmullo de horror se elevó entre todos los asistentes, una fría corriente de aire en sus espaldas,el León se aprestó a ejecutarlo... cuando de pronto... la Tortuga explota en carcajadas incontrolables y grita:
- QUE BUENO EL DEL MONITO, QUE BUENO, LO MEJOR, EL DEL MONITO FUE LO MEJOR!!
************************************************** **
Estaba Noé caminando y leyendo la Play Boy, cuando de repente escucha una voz que le dice:
- Noé, te habla tu papi!
Noé mira hacia todos lados y no ve a nadie. Al rato lo mismo:
- Noé, acá arriba, baboso, desde la nube 45.
Noé asustado dice:
- ¿Quien es? ¿eres tu señor?
- Siiiii! soy yo...
- Dime que es lo que quieres señor -dice Noé.
- Mira -le contesta- quiero que construyas un arca y quiero que dentro de ella pongas a toda tu familia y a los animales que encuentres a todos en pareja, puesto que mandare un diluvio y no va a quedar nada, ¿me entendiste?
Noé le dice que si y comienza a construir el arca. Cuando ya la tenia terminada mete a la familia y a todos los animales en pareja. Cuando todos estaban dentro comienza el diluvio.
Llevaban algo de tres dias navegando cuando Noé siente que el arca se movia para todos lados. Fue a la cocina y no encontro a nadie, se fue al baño y nadie ahi tampoco, se mete donde estaban los animales y ahi encuentra el movimiento... todos estaban haciendo el amor.
- NO, NO, NOOO!!! -dice Noé- les salvo la vida y ustedes haciendo el amor, me van a dar vuelta el arca... desenganchen para darle una solucion al problema.
Luego de un rato, y con cara de '¿por que no te dejas de romper las bolas?', los animales dejaron de hacer el amor. Noé continuó:
- Les voy a dar pares de numeros por parejas y con esos numeros van a saber el dia y la hora en que van a poder tener relaciones con su pareja.
El mono andaba hueveando en una liana y pasaba y le decia a la mona.
- No sabes lo que te va a pasar el Miercoles a las tres de la tarde.
Y pasaba y le volvia a decir lo mismo. Las amigas de la mona indignadas por la actitud del mono le decian:
- Acusalo con papá Noé!
La mona no aguanto mas y se fue a hablar con Noé, quien se encontraba leyendo el diario, al verla entrar le pregunta a la mona:
- ¿Que le pasa m'jita? ¿tiene algun problema?
- Mire, lo que pasa es que con todo esto de los numeros que nos dio parece que el mono se volvio medio loco y me anda gritando cosas...
- ¿Y que es lo que te grita? -pregunto Noé intrigado.
- Pues que no se lo que me va a pasar el Miercoles a las tres de la tarde... yo se lo que me va a pasar pero no por eso tiene que andar diciendoselo a todo el mundo.
Noé, piensa un rato, se rasca la barba y le contesta:
- Mmm... decile al mono fanfarron ese, que venga.
A patadas llevaron al mono a la oficina de Noé:
- ¿Que le andas diciendo a tu mujer que no sabe lo que le va a pasar el Miercoles a las tres de la tarde? a ver... ¿que le va a pasar?
- Ejem, no se -le responde el mono- lo unico que te digo es que ayer perdi mi número al poker con el burro.
************************************************** **
No me cabe la menor duda que de la misma manera en la que hay silencios incómodos,en los cuales dos personas se desgañitan pensando en qué decir para romper el hielo y así poder liberar la tensión que oprime sus almas, existen aquellos en los cuales, si uno sabe escuchar, puede aprender más cosas que en la más instructiva conversación.
Estos últimos son los vividos por dos personas que se aman, o que al menos sienten el uno por el otro algo más profundo que simple atracción física.
Recuerdo aquel momento en el que podía percibir el ritmo de su respiración, y con eso saber cómo se sentía. Acompasado y profundo cuando estaba relajada, feliz; entrecortado y rápido, cuando estaba nerviosa; profundo pero a la vez violento en el caso de que estuviese excitada, y así sucesivamente.
Era un memorable instante, en el cual la ausencia de oralidad se veía magistralmente reemplazada por un exceso de comunicación.
Acariciaba su rostro; su cuello; sus brazos; sus manos,... no dejaba ningún lugar de su cuerpo sin ser rozado casi subrepticiamente con las yemas de mis dedos o el dorso de la mano.
Quizás la parte más hermosa de esa comunicación de sensaciones casi mística fue el cruce de miradas.
Mis ojos seguían el recorrido de las caricias hasta posarse en su rostro, para explorar sus contornos, sus pliegues.
Inmediatamente después comenzó el "momento de la duda", y nuestras miradas comenzaron a saltar constantemente de los ojos a la boca del otro, no pudiendo detener la concentración en alguno de los dos objetivos. A continuación, la vista fija y la mutua observación a los ojos del otro, durante el mayor tiempo posible. En ese momento ella cedió y desvió la mirada sonriendo, sonrisa que yo devolví.
Fuimos felices, nos besamos en silencio, nos miramos. Y de vuelta a recomenzar todo el proceso.
Sin embargo, en determinado momento, tan colmado de felicidad y no creyendo merecerlo, decidí romper ese hermoso silencio con la misma frase que usaría en una situación similar cualquiera que no se atreviese, como yo, a decir "te amo".
- ¿En qué pensás? -dije suavemente, como para no molestar.
- En mi ex-novio -contestó la muy puta.
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El León la apreciaba de verdad, y sabiendo que en pocos días sería su cumpleaños decidió orgnizar una fiesta importante, con la asistencia de tantos animales de la selva como pudiera. Al fin y al cabo, como Rey, el podía asegurarse que asistieran muchos -o todos- que trajeran bebidas y divirtieran a su amiga, la Tortuga.
Para asegurarse la mejor noche posible, insinuó que los animales más graciosos para contar chistes: el mono tití, la cotorra, la cebra (es un gran cuentista) y el mandril TENIAN que ir con un chiste preparado... y si la tortuga no se reía... podían darse por comidos.
La noche de la fiesta todo era alegría y un poco de resquemor, porque se acercaba la hora de los chistes, y aunque estaban todos contentos, no podían ocultar un lejano e indefinible miedo a ser comidos si la tortuga no se reía. Pero bueno. Los chistes habían sido esmeradamente preparados y el riesgo era mínimo.
Cuando todos estaban de grán ánimo por el alcohol de frutas y la comida, además del acontecimiento, el León llamó a los cuentistas.
El Monito, con el afán de sacarse el problema de encima pidió ser el primero, y lo hizo con una gracia soberbia, dijo un cuento bien ensayado , con gestos y movimientos espléndidos que causaron gracia y risotadas a todos, León incluido que moría de la risa. Pero... la Tortuga, seria e inmovil. Todos se pusieron nerviosos, incluído el monito que repitió aun más genialmente el chiste y... nada. Inmovil, inmutable, distante. El León se preocupó mucho y ante el dolor de todos tuvo que hacer valer su autoridad y de un solo golpe se comió al mono.
Ya la cosa no tenía gracia para la cotorra, que contó el chiste llegando al máximo de su esfuerzo y concentración, lo que provocó unas risotadas mayores que las del monito. Y la tortuga inmutable... inconmovible, al lado del León que moría de risa. Nuevamente, no sin pena, el León hizo valer su autoridad... y se la comió.
Ahora si, la cebra huyó desesperada, pero al mandril lo agarraron y lo empujaron al ruedo para que cuente su chiste. Alli empezó, tartamudeando, temblando, olvidándose, sufriendo y casi ni lo terminó de contar. Un murmullo de horror se elevó entre todos los asistentes, una fría corriente de aire en sus espaldas,el León se aprestó a ejecutarlo... cuando de pronto... la Tortuga explota en carcajadas incontrolables y grita:
- QUE BUENO EL DEL MONITO, QUE BUENO, LO MEJOR, EL DEL MONITO FUE LO MEJOR!!
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Estaba Noé caminando y leyendo la Play Boy, cuando de repente escucha una voz que le dice:
- Noé, te habla tu papi!
Noé mira hacia todos lados y no ve a nadie. Al rato lo mismo:
- Noé, acá arriba, baboso, desde la nube 45.
Noé asustado dice:
- ¿Quien es? ¿eres tu señor?
- Siiiii! soy yo...
- Dime que es lo que quieres señor -dice Noé.
- Mira -le contesta- quiero que construyas un arca y quiero que dentro de ella pongas a toda tu familia y a los animales que encuentres a todos en pareja, puesto que mandare un diluvio y no va a quedar nada, ¿me entendiste?
Noé le dice que si y comienza a construir el arca. Cuando ya la tenia terminada mete a la familia y a todos los animales en pareja. Cuando todos estaban dentro comienza el diluvio.
Llevaban algo de tres dias navegando cuando Noé siente que el arca se movia para todos lados. Fue a la cocina y no encontro a nadie, se fue al baño y nadie ahi tampoco, se mete donde estaban los animales y ahi encuentra el movimiento... todos estaban haciendo el amor.
- NO, NO, NOOO!!! -dice Noé- les salvo la vida y ustedes haciendo el amor, me van a dar vuelta el arca... desenganchen para darle una solucion al problema.
Luego de un rato, y con cara de '¿por que no te dejas de romper las bolas?', los animales dejaron de hacer el amor. Noé continuó:
- Les voy a dar pares de numeros por parejas y con esos numeros van a saber el dia y la hora en que van a poder tener relaciones con su pareja.
El mono andaba hueveando en una liana y pasaba y le decia a la mona.
- No sabes lo que te va a pasar el Miercoles a las tres de la tarde.
Y pasaba y le volvia a decir lo mismo. Las amigas de la mona indignadas por la actitud del mono le decian:
- Acusalo con papá Noé!
La mona no aguanto mas y se fue a hablar con Noé, quien se encontraba leyendo el diario, al verla entrar le pregunta a la mona:
- ¿Que le pasa m'jita? ¿tiene algun problema?
- Mire, lo que pasa es que con todo esto de los numeros que nos dio parece que el mono se volvio medio loco y me anda gritando cosas...
- ¿Y que es lo que te grita? -pregunto Noé intrigado.
- Pues que no se lo que me va a pasar el Miercoles a las tres de la tarde... yo se lo que me va a pasar pero no por eso tiene que andar diciendoselo a todo el mundo.
Noé, piensa un rato, se rasca la barba y le contesta:
- Mmm... decile al mono fanfarron ese, que venga.
A patadas llevaron al mono a la oficina de Noé:
- ¿Que le andas diciendo a tu mujer que no sabe lo que le va a pasar el Miercoles a las tres de la tarde? a ver... ¿que le va a pasar?
- Ejem, no se -le responde el mono- lo unico que te digo es que ayer perdi mi número al poker con el burro.
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No me cabe la menor duda que de la misma manera en la que hay silencios incómodos,en los cuales dos personas se desgañitan pensando en qué decir para romper el hielo y así poder liberar la tensión que oprime sus almas, existen aquellos en los cuales, si uno sabe escuchar, puede aprender más cosas que en la más instructiva conversación.
Estos últimos son los vividos por dos personas que se aman, o que al menos sienten el uno por el otro algo más profundo que simple atracción física.
Recuerdo aquel momento en el que podía percibir el ritmo de su respiración, y con eso saber cómo se sentía. Acompasado y profundo cuando estaba relajada, feliz; entrecortado y rápido, cuando estaba nerviosa; profundo pero a la vez violento en el caso de que estuviese excitada, y así sucesivamente.
Era un memorable instante, en el cual la ausencia de oralidad se veía magistralmente reemplazada por un exceso de comunicación.
Acariciaba su rostro; su cuello; sus brazos; sus manos,... no dejaba ningún lugar de su cuerpo sin ser rozado casi subrepticiamente con las yemas de mis dedos o el dorso de la mano.
Quizás la parte más hermosa de esa comunicación de sensaciones casi mística fue el cruce de miradas.
Mis ojos seguían el recorrido de las caricias hasta posarse en su rostro, para explorar sus contornos, sus pliegues.
Inmediatamente después comenzó el "momento de la duda", y nuestras miradas comenzaron a saltar constantemente de los ojos a la boca del otro, no pudiendo detener la concentración en alguno de los dos objetivos. A continuación, la vista fija y la mutua observación a los ojos del otro, durante el mayor tiempo posible. En ese momento ella cedió y desvió la mirada sonriendo, sonrisa que yo devolví.
Fuimos felices, nos besamos en silencio, nos miramos. Y de vuelta a recomenzar todo el proceso.
Sin embargo, en determinado momento, tan colmado de felicidad y no creyendo merecerlo, decidí romper ese hermoso silencio con la misma frase que usaría en una situación similar cualquiera que no se atreviese, como yo, a decir "te amo".
- ¿En qué pensás? -dije suavemente, como para no molestar.
- En mi ex-novio -contestó la muy puta.
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