YA NO HAY HOMBRES I
Ciudad Argolluda, hace tres años.
- La verdad que yo no sé para qué me casé - comenta Otilia.
- Lo mismo pienso yo - coincide Clelia.
- Mi marido es un inútil. Lo único que sabe hacer es mirar partidos de fútbol.
- Y el mío se la pasa en el bar, tomando y jugando a las cartas con los amigos. Llega a la madrugada con un olor a alcohol espantoso.
- Qué horror. No veo el día en que nos libremos de estos castigos.
A pocas cuadras...
- Es terrible, pero ya no hay hombres - dice Yénifer.
- Es cierto. Se ha perdido la caballerosidad, los buenos modales - acuerda Yésica.
- Coincido totalmente... Mirá que yo busco y busco, pero nada. Todos los que se me aparecen son unos mamarrachos. Hace poco, fuimos a bailar con unas amigas y vinieron a darnos charla unos tarados que ni te cuento.
- A mí me pasó algo parecido. Lo peor de todo es que por ahí te resignás, terminás saliendo con uno de esos estúpidos y después le cuesta conseguir una buena erección - agrega Yésica.
- ¡Claro! Ni se les para. Una le pone onda pero ya no se encuentra a alguien con buena potencia sexual. Es un horror.
Las habitantes de Ciudad Argolluda viven quejándose, pasan largas horas conversando y criticando al género masculino. Todo tipo de defecto es señalado, llegando a la conclusión de que los hombres son una desgracia.
YA NO HAY HOMBRES II
El tiempo pasa, las parejas se van rompiendo y los habitantes masculinos lentamente abandonan la ciudad. En el presente, sólo quedan mujeres. Al principio, ellas están felices por estar liberadas de seres tan desgradables... pero surgen las consecuencias.
Luego de algunas semanas, las mujeres comienzan a sentir un ardor en la concha. Prueban con pajearse mirando videos, autosatisfacerse empleando consoladores o intentar relaciones lesbianas. Sin embargo, no es suficiente. Las argollas aumentan de temperatura por la falta de pijazos que las calmen.
Ante estos inconvenientes, llegan a Ciudad Argolluda dos especialistas en este tipo de incidentes: Bevilacqua y Waters, los bomberos sexuales. Ellos instalan un cuartel en el que reciben llamadas de emergencia y responden a gran velocidad, acercándose al lugar del siniestro y manguereando la vagina en llamas hasta que retorne a la normalidad. Cada tanto, se garchan a alguna mujer, pero esto no lo pueden hacer con más de tres por día, el cuerpo no les aguanta.
- No doy más. Ayer entré en una casa y una señora se me tiró a la entrepierna sin mediar una sola palabra - confiesa Waters.
- Estamos superados en nuestra capacidad. Es demasiado. Acá están todas muy mal atendidas - acota Bevilacqua.
- Y ni hablemos de cuando llama alguna con algún objeto alargado en su interior.
- Por supuesto. Yo le tuve que extraer un semáforo a una. Se lo había metido hasta la luz verde.
- Esto no puede seguir así. Necesitamos ayuda - concluye Waters.
YA NO HAY HOMBRES III
Tras el llamado de los bomberos, llega a la ciudad Paolo Culheo, el escritor más caliente.
Paolo organiza una reunión literaria para hablar de sus obras y presentarse ante las vecinas. El evento se desarrolla con normalidad hasta que comenta: "Recuerdo que una tarde iba caminando por la playa. Una morocha de fantásticas curvas y gesto libinoso me miraba constantemente. Entonces me acerqué y le dije una de mis frase célebres: Qué lindo es el mar, andá sacándote la ropita". Las presentes lo escuchan y se excitan. Comienzan a sacarse la bombacha para luego aproximarse al escritor y masajearle el bulto. Al final del encuentro, su poronga ha sido lamida por no menos de treinta damas.
Paolo Culheo: Este lugar me encanta. La pongo todo el tiempo.
Bevilacqua: Me alegro que así sea. Era importante que vinieras.
Paolo Culheo: Aún así, no doy abasto. Termino de garcharme a una mina y ya hay otra golpeando la puerta, pidiendo que se la dé un rato.
Waters: Es que están desesperadas por conseguir una verga.
Paolo Culheo: Sí, pero estamos lejos de darles la solución que necesitan.
Zodapeman: Hola.
Bevilacqua: ¡Zodapeman, el superhéroe!
Zodapeman: Exacto. Mi sentido porónguido me indicó que estaban en serios problemas, por eso he venido a ayudarlos.
Waters: Gracias. Espero que, con tus superpoderes, hallemos el modo de calmar a las pobladoras de Ciudad Argolluda.
Al otro día, Zodapeman va al centro de la plaza principal. Se acuesta boca arriba y empieza a agitar su pedazo. Las transeúntes quedan maravilladas ante semejante poronga, contemplan extasiadas y babeantes esa maravilla. Luego, Zodapeman se dirige a ellas y les ordena: "Chúpemenla". Poco minutos después, la verga del superhéroe adquiere un tamaño gigantesco. Las mujeres se quitan la ropa interior para frotarse sin cesar la concha con el colosal trozo, hasta alcanzar orgasmos fabulosos. Cayendo la tarde, todas las habitantes han quedado satisfechas. Zodapeman contempla el panorama y anuncia "Mañana hay más para la que quiera"... Todas retornan a sus hogares tranquilas, relajadas. Gracias a Zodapeman, la armonía ha vuelto a Ciudad Argolluda.