#1 [Taller de Humor] El Albañil Del Amor
Hace unos días, estaba conversando por msn con mi amigo Sere. De casualidad (como ocurre muchas veces) surgió una idea. Era la que dio origen al "albañil del amor"... Estando el concepto, cada uno le dará forma en el respectivo relato.
EL ALBAÑIL DEL AMOR I
Evaristo es un hombre que siempre se ha dedicado al rubro de la construcción. Ha trabajado en grandes obras y también en refacciones menores. Ahora está efectuando unos arreglos en la casa de Graciela, una mujer madura y muy atractiva.
- ¿Cómo anda todo? - pregunta la dama.
- Muy bien, ya estoy por terminar - responde Evaristo.
- Me alegro. Cuando finalice, quisiera que haga un trabajito más. Es en mi dormitorio.
- Cómo no.
Una hora más tarde, ambos van a la habitación.
- Señora, ¿de qué quería que me ocupe?
- De mí, Evaristo, de mí.
- ¡Pero, señora!
- ¡Sí! Es que usted es tan trabajador, tan educado, tan amable. Mi marido ya ni me toca, y ardo por satisfacer a un hombre de verdad como usted. Necesito que posea mi cuerpo.
El albañil se queda impactado por la situación, mientras que Graciela le baja los pantalones y comienza a chupársela. Luego lo tira en la cama y se le sube a la pija. Garchan cuatro veces, hasta que él queda exhausto.
- Bueno, señora, ha sido un placer trabajar para usted. No me esperaba este final, que ha sido sorprendente - afirma Evaristo.
- Síii... Yo también estoy sorprendida de tu potencia.
- Gracias, me halaga y, cuando quiera, llámeme si necesita otra refacción.
- Pero no hace falta esperar tanto para que vuelvas. Pasado mañana venís de vuelta.
EL ALBAÑIL DEL AMOR II
Graciela y Evaristo se hacen amantes. Tienen encuentros tres veces por semana, donde abunda el sexo de enorme intensidad. Pero él debe continuar con su labor y es contratado por Susana para revocar unas paredes en el fondo de su cómoda vivienda.
- Veo que ya está terminando - comenta Susana.
- Sí, señora, falta un ratito.
- Perfecto. Después le tengo que mostrar otro problemita que tengo. Es en mi dormitorio.
- Mmm... Creo que eso ya lo escuché - murmura Evaristo.
- ¿Perdón?
- Nada, nada, es que me parece que algo me había dicho.
Luego, en el cuarto, la mujer señala una mancha de humedad en la pared. El albañil se acerca a observarla. Al darse vuelta, descubre que Susana se ha quitado la ropa, se masajea la argolla y le dice: "Vení, papito, vení... Te miraba esos brazos fuertes cuando estabas en el patio, cómo movías la mezcla y pensaba: 'Qué ganas que me muevas a mí de esa manera'... Vení, haceme lo que quieras".
Ambos tienen una sesión de sexo desenfrenado.
A los pocos días, Evaristo comienza sus tareas en el hogar de Emilse, una nueva clienta. Cuando avanza en la obra, la mujer se aproxima y le solicita un nuevo trabajo que está... en el dormitorio. El albañil asiente con la cabeza, no dice ni una palabra, se mira el bulto y reflexiona: "Y bueh, otra vez a atender a la dueña de casa".
EL ALBAÑIL DEL AMOR III
Él no da más. En la semana, tres días se garcha a Graciela, dos a Susana y dos a Emilse. Y nada de una cogidita simple. En los encuentros, cada mujer quiere mucha fiesta.
Evaristo está agotado, pierde fuerzas y además debe seguir trabajando. Intenta frecuentar menos a sus ex clientas, pero éstas no se lo permiten. Quieren poronga y más poronga. Él comienza a preocuparse. No puede continuar así, se siente cada vez peor y no halla una solución.
- He venido a ayudarte.
- ¡Zodapeman! - exclama Evaristo.
- Sí. Me he enterado que eres muy requerido sexualmente y eso te está debilitando mucho. Estoy aquí para darte un alivio.
- ¡Gracias! ¡Gracias! - responde con lágrimas en los ojos.
A la mañana siguiente, el superhéroe, vestido de albañil, va hasta la casa de Graciela y toca el timbre.
- ¿Quién es?
- Vengo de parte de Evaristo - anuncia Zodapeman.
- ¿Qué necesita?
- Él se olvidó una herramienta en su casa y vine a buscarla.
- Pero no me dijo nada - indica la mujer con desconfianza.
- Llámelo por teléfono y él le va a explicar.
Después del llamado, Graciela comprueba lo dicho por Zodapeman y lo deja ingresar. Una vez adentro, el superhéroe la mira y se baja los pantalones. Ella observa semejante verga y cae de rodillas por la emoción. Jamás había visto un miembro así. Luego van al dormitorio y la mujer recibe tantos pijazos como nunca había imaginado.
Se despiden y Zodapeman se dirige a visitar a Susana con la misma excusa. Posteriormente irá a ver a Emilse. "Me las tendré que garchar algunos días hasta que se consigan nuevos amantes" piensa el superhéroe, mientras Evaristo tiene su primer día de descanso sexual en mucho tiempo.
EL ALBAÑIL DEL AMOR I
Evaristo es un hombre que siempre se ha dedicado al rubro de la construcción. Ha trabajado en grandes obras y también en refacciones menores. Ahora está efectuando unos arreglos en la casa de Graciela, una mujer madura y muy atractiva.
- ¿Cómo anda todo? - pregunta la dama.
- Muy bien, ya estoy por terminar - responde Evaristo.
- Me alegro. Cuando finalice, quisiera que haga un trabajito más. Es en mi dormitorio.
- Cómo no.
Una hora más tarde, ambos van a la habitación.
- Señora, ¿de qué quería que me ocupe?
- De mí, Evaristo, de mí.
- ¡Pero, señora!
- ¡Sí! Es que usted es tan trabajador, tan educado, tan amable. Mi marido ya ni me toca, y ardo por satisfacer a un hombre de verdad como usted. Necesito que posea mi cuerpo.
El albañil se queda impactado por la situación, mientras que Graciela le baja los pantalones y comienza a chupársela. Luego lo tira en la cama y se le sube a la pija. Garchan cuatro veces, hasta que él queda exhausto.
- Bueno, señora, ha sido un placer trabajar para usted. No me esperaba este final, que ha sido sorprendente - afirma Evaristo.
- Síii... Yo también estoy sorprendida de tu potencia.
- Gracias, me halaga y, cuando quiera, llámeme si necesita otra refacción.
- Pero no hace falta esperar tanto para que vuelvas. Pasado mañana venís de vuelta.
EL ALBAÑIL DEL AMOR II
Graciela y Evaristo se hacen amantes. Tienen encuentros tres veces por semana, donde abunda el sexo de enorme intensidad. Pero él debe continuar con su labor y es contratado por Susana para revocar unas paredes en el fondo de su cómoda vivienda.
- Veo que ya está terminando - comenta Susana.
- Sí, señora, falta un ratito.
- Perfecto. Después le tengo que mostrar otro problemita que tengo. Es en mi dormitorio.
- Mmm... Creo que eso ya lo escuché - murmura Evaristo.
- ¿Perdón?
- Nada, nada, es que me parece que algo me había dicho.
Luego, en el cuarto, la mujer señala una mancha de humedad en la pared. El albañil se acerca a observarla. Al darse vuelta, descubre que Susana se ha quitado la ropa, se masajea la argolla y le dice: "Vení, papito, vení... Te miraba esos brazos fuertes cuando estabas en el patio, cómo movías la mezcla y pensaba: 'Qué ganas que me muevas a mí de esa manera'... Vení, haceme lo que quieras".
Ambos tienen una sesión de sexo desenfrenado.
A los pocos días, Evaristo comienza sus tareas en el hogar de Emilse, una nueva clienta. Cuando avanza en la obra, la mujer se aproxima y le solicita un nuevo trabajo que está... en el dormitorio. El albañil asiente con la cabeza, no dice ni una palabra, se mira el bulto y reflexiona: "Y bueh, otra vez a atender a la dueña de casa".
EL ALBAÑIL DEL AMOR III
Él no da más. En la semana, tres días se garcha a Graciela, dos a Susana y dos a Emilse. Y nada de una cogidita simple. En los encuentros, cada mujer quiere mucha fiesta.
Evaristo está agotado, pierde fuerzas y además debe seguir trabajando. Intenta frecuentar menos a sus ex clientas, pero éstas no se lo permiten. Quieren poronga y más poronga. Él comienza a preocuparse. No puede continuar así, se siente cada vez peor y no halla una solución.
- He venido a ayudarte.
- ¡Zodapeman! - exclama Evaristo.
- Sí. Me he enterado que eres muy requerido sexualmente y eso te está debilitando mucho. Estoy aquí para darte un alivio.
- ¡Gracias! ¡Gracias! - responde con lágrimas en los ojos.
A la mañana siguiente, el superhéroe, vestido de albañil, va hasta la casa de Graciela y toca el timbre.
- ¿Quién es?
- Vengo de parte de Evaristo - anuncia Zodapeman.
- ¿Qué necesita?
- Él se olvidó una herramienta en su casa y vine a buscarla.
- Pero no me dijo nada - indica la mujer con desconfianza.
- Llámelo por teléfono y él le va a explicar.
Después del llamado, Graciela comprueba lo dicho por Zodapeman y lo deja ingresar. Una vez adentro, el superhéroe la mira y se baja los pantalones. Ella observa semejante verga y cae de rodillas por la emoción. Jamás había visto un miembro así. Luego van al dormitorio y la mujer recibe tantos pijazos como nunca había imaginado.
Se despiden y Zodapeman se dirige a visitar a Susana con la misma excusa. Posteriormente irá a ver a Emilse. "Me las tendré que garchar algunos días hasta que se consigan nuevos amantes" piensa el superhéroe, mientras Evaristo tiene su primer día de descanso sexual en mucho tiempo.
0

