Parte 1:
La Historia Que Nos Fue Ocultada
Parte 2:
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA (Parte 2)
Va la parte 3...
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XV
Egipto.
Hace miles de años, el Faraón Keops decidió que era necesario levantar una obra arquitectónica monumental. Miles de personas fueron movilizadas para las tareas, toneladas de piedras debieron ser transportadas y trabajadas para formar parte de la enorme construcción.
Sin embargo, Keops estaba preocupado. Tenía en su mente lo que quería hacer, pero no veía la manera de llevarlo a cabo: la tecnología disponible era insuficiente para concretar los ambiciosos planes.
Un día, el Faraón estaba meditando. Intentaba encontrar el modo de resolver su problema. De repente, observó que, por el Río Nilo, se acercaba una extraña embarcación, una que jamás había visto. Keops no sospechaba que iba a encontrarse con alguien que le cambiaría la vida.
- ¿Tú quién eres? - preguntó el Faraón.
- Hola, soy Norbys. ¿Vos, todo bien?
- Mas o menos. Ando con unos inconvenientes... ¿Tú, de dónde eres? Pues jamás había visto una nave como la que te trajo.
- Uh, es un re bardo explicar todo... Ésta es mi lancha de la paz. Si te copás, después te llevo a dar una vueltita - dijo Norbys, el enviado.
- Muchas gracias.
- ¿Y qué cosa te tiene mal?
- Es que quiero hacer un cubo de piedra muy grande, de decenas de metros de altura, y no sé bien cómo organizar el trabajo - explicó Keops.
- Claro, debe ser un re quilombo eso... Si se me ocurre algo, te aviso.
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XVI
Llegó la noche y Norbys, el enviado, se fue a descansar. En el medio del sueño, una luz lo despertó.
- ¡Despertarteee! ¡Despertarteee!
- ¿Quién me habla? - preguntó Norbys nervioso.
- Somos nosotros, los Anyis.
- Ah, ¿cómo andan?
- Bien... Nos comunicamos para que le digas al Faraón que prepare las piedras y las deje en el desierto. Nosotros nos ocuparemos de ponerlas en su lugar y llevar adelante la obra - indicaron los extraterrestres del Planeta Anyis.
- Bárbaro. Porque el tipo esta re preocupado por ese tema.
- Lo sabemos... Ah, y decile que no vamos a hacer un cubo. Sería bastante feo. Mejor, vamos a levantar una pirámide.
Tiempo después, la pirámide quedó terminada. Era un edificio gigantesco, imponente. Keops estaba feliz y deslumbrado.
- No sé cómo agradecerte - afirmó el Faraón con gratitud.
- No te hagás drama... Pero ya sé lo que podemos hacer... La pirámide tiene un salón de fiestas secreto. Conseguite una minitas y armamos una joda - sugirió Norbys.
- ¿Nada más? Soy el monarca de estas tierras e inmediatamente traerán lo que yo pida.
- Bueno, sí. Obvio que vamos a necesitar música, birra, unos daikiris.
El festejo tuvo lugar. Los músicos de la corte interpretaban canciones festivas mientras los invitados armaban un trencito que salía de la pirámide, daba la vuelta y volvía a ingresar. Keops, eufórico, hacía de locomotora.
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XVII
Britania.
Transcurría el siglo VI y el Rey Arturo enfrentaba una situación difícil. Debía organizar a su ejército para combatir a los enemigos, pero temía una derrota.
Una mañana, estaba parado en la costa, contemplando la inmensidad del mar. Esperaba que los vientos le trajeran la inspiración que le permitiera sortear el peligro próximo. Las olas se movían armoniosamente, pero a la vez mostraban el poder de la natureza. Hasta que, entre ellas, el Rey Arturo divisó algo... Era un pequeño barco que se acercaba, era Norbys, el enviado, que llegaba en su lancha de la paz junto a un amigo.
Norbys: Hola, Rey, está fresco, ¿no?
Rey Arturo: Así es... ¿Eres súbdito de mi corona?
Norbys: No. Vengo navegando desde lejos.
Rey Arturo: Comprendo. Soy Arturo, hijo de Uther Pendragon, y gobierno cuanto ven tus ojos.
Norbys: Un gusto. Yo soy Norbys y él es el Sr. Gato.
Sr. Gato: Hola.
Norbys: Che, Rey, ¿pero vos estás bien?
Sr. Gato: Eso, se te ve medio bajoneado.
Rey Arturo: Es que mi reino sufre varias amenazas. He venido aquí para despejarme. Quizás alguna idea útil aparezca en mi mente.
Sr. Gato: Nooo... Pero este lugar es un embole... Para despejarte, tenés que armar una fiestonga.
A la noche, Norbys y Sr. Gato organizaron un jolgorio. Bailaron, persiguieron minitas y la pasaron bomba. El Rey Arturo volvió a sentirse bien.
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XVIII
Al otro día, todos se levantaron tarde y con una resaca muy molesta. Norbys y Sr. Gato fueron al encuentro del Rey Arturo.
Rey Arturo: Ha sido una noche agitada.
Sr. Gato: Sí, pero estuvo re buena.
Norbys: Claro... Vos, Rey, ¿cómo la pasaste?
Rey Arturo: En verdad me he divertido mucho.
Norbys: ¡Ése era el objetivo!... Y venimos a proponerte algo... Queremos formar una agrupación de caballeros.
Sr. Gato: Seríamos varios, todos en plano de igualdad, con la finalidad de tirar ideas para armas buenas jodas. También eso del honor y la ética, pero lo importante es el jolgorio.
Rey Arturo: Suena interesante.
Pocos días después, se fundaban Los Caballeros de la Fiesta Redonda. Además del Rey Arturo, Norbys y el Sr. Gato, participaban El Piti, Moyabb, Thielke y Elnegraso.
Norbys: Bueno, ya que estamos todos, que cada uno opine sobre el modo de armar la próxima fiesta.
Sr. Gato: A mí me parece que la última salió muy bien, pero tenemos que agregarle cosas para no repetirnos.
El Piti: Yo puedo cantar temas de Intoxicados.
Moyabb: Mmm... Y también pueden haber disfraces.
Thielke: ¡Sí! Yo consigo un traje de legionario romano espectacular.
Sr. Gato: Podría ser... Para comer, podemos pedir a la pizzería de cerca de casa.
Elnegraso: ¡Y birraaaaaaaaaa!
Norbys: ¡Obvio! ¡Ni hablar!
Rey Arturo: Bueno, veo que todo se va encaminando solo.
El nuevo festejo tuvo lugar, y a éste siguió otro y otro. El Rey Arturo la pasaba de maravillas y estaba muy relajado. Tan bueno era su ánimo que comenzó a pensar con mayor claridad, cuando la resaca se lo permitía. De estas reflexiones, surgieron medidas sabias y valerosas que hicieron que su reino se fortalezca y que los enemigos teman.
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XIX
Corría el año 1492 y Cristobal Colón comandaba su flota de tres carabelas: La Niña, La Pinta y La Santa María. El viaje estaba marcado por el aburrimiento, no sabían qué hacer a bordo. A veces, la inquietud se apoderaba de los marineros, ya que transitaban por aguas desconocidas, de las que no existían registros previos.
Iban en dirección al oeste, pero Colón decidió hacer un cambio en sus planes y modificó el rumbo hacia el sur. Pasaron varios días hasta que vieron que, en dirección contraria, se acercaba un barco gigante, como nunca habían observado. Al estar próximos, los capitanes dialogaron.
- ¿Vamos bien para el norte? - preguntó el capitán del Titanic.
- Supongo que sí, porque nosotros vamos para el sur y ustedes van para el otro lado - respondió Colón.
- Joya.
- Todo bien.
Las carabelas siguieron en su dirección. Al día siguiente de encontrarse con el Titanic, divisaron una pequeña embarcación muy extraña, sobre la cual había un hombre que les hacía señas. "Será un naúfrago. Preparémonos para rescatarlo" pensó Colón. Pero no lo era. Se trataba de Norbys, el enviado, que se encontraba en su lancha de la paz.
Al estar a menor distancia. Colón escuchó que Norbys le gritaba: "Para el sur no, boludooo... Tenés que ir para allá, para el oeste, y así vas a llegar a un nuevo continente". Luego de emitir este mensaje, Norbys se alejó en su lancha de la paz. Tras meditarlo unas horas, Colón aceptó la sugerencia y volvió a cambiar de rumbo.
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XX
Transcurrieron semanas hasta que finalmente vieron tierra firme. Se aproximaron y volvieron a observar la pequeña embarcación tan extraña. Luego, descendieron de los barcos en unos botes. Al llegar a la costa, Colón se arrodilló y agradeció que su aventura haya sido dichosa.
Norbys: ¡Bienvenido!
Colón: Gracias. Soy Cristobal Colón y exploro esta región en nombre de los Reyes de España.
Norbys: Hola, yo soy Norbys... Y ellos son amigos míos.
Moyabb: Hola, Cristobal. El viaje, un embole, ¿no?
Colón: Y, estuvo un poco denso.
Thielke: Che, y con tanto tiempo en alta mar, ¿a alguno no le salió la maricona de adentro?
Colón: De eso prefiero no hablar... Pero, en la tripulación, hay unos marineros muy fornidos... ¡Qué noches que hemos pasado!
Elnegraso: Y bueh... Si a vos te gusta, todo bien... Acá podés encontrar indias muy atractivas... Algunas tiran la goma que ni te cuento.
Norbys: Pero no lo presionen al tipo. Viene de un viaje largo y por ahí quiere revolcarse con unos indios musculosos.
Colón: ¡Ay, sí, me encantaría!... Perdón, me dejé llevar por unos instantes. Les pido disculpas.
El Piti: No te hagás drama, chabón. Acá somos tolerantes. Si te gusta que te llenen la popa de carne, es tu onda y la respetamos.
Colón: Muchas gracias... ¿Y por dónde están esos indios? ¡Tengo muchas ganas de conocerlos! Pero antes me quiero arreglar un poco el pelo. Estoy hecho un asco. Y además, maquillarme un poco.
LA HISTORIA QUE NOS FUE OCULTADA XXI
Colón fue presentado a siete aborígenes de gran altura, biceps enormes y bultos a punto de estallar. El marino los llevó a la Santa María, la nave insignia. Allí les mostró las distintas parte del barco y luego los condujo a su camarote, donde estuvieron encerrados varios días.
Mientras tanto, en tierra...
- Parece que Colón ya encontró cómo divertirse... Pero, ¿y los otros marineros? - reflexionó Norbys, el enviado.
- Es cierto, pobres pibes. Tenemos que agasajarlos... ¡Armemos una partuzaaa! - sugirió Sr. Gato.
- Dale, va a estar re bueno.
- Ni lo dudes.
Norbys y Sr. Gato organizaron un jolgorio para la mayor parte de la tripulación de las tres carabelas. Buscaron alcohol, pusieron música y convocaron a la indias más peteras de los alrededores. Al ver todos estos preparativos, el Patriarca Yonofuí comentó: "Norbys, eres sabio. No sólo debe divertirse el capitán sino también quienes están bajo su mando... Alta joda la que estás por hacer... ¡Ah, y yo también me prendo!"
Pero algo pasaba. Casi todos los marineros iban a estar en la fiesta, pero algunos debían quedar de guardia en las tres carabelas...
- Pobres, tanto tiempo en el barco y ahora, que pueden disfrutar, deben seguir allí arriba - concluyó Arien.
- Sí, porque la mayoría viene para acá, pero esos pocos desafortunados, tienen que quedarse - coincidió Mamaeme.
- ¿Y si nos llevamos una birras y vamos para allá?
- Dale... La vamos a pasar bomba.
Airen y Mamaeme se dirigieron a las naves, a divertise con quienes habían quedado a bordo. A pesar que éstos estaban como locos, a las pocas horas quedaron extenuados por la energía de las dos damas.
Tiempo después, Colón y su flota partió, retornando a España. Al capitán se lo veía muy contento: había descubierto una nueva tierra y él la había pasado espectacular, al igual que sus subordinados. Eso sí, tuvo que hacer todo el viaje de vuelta parado, luego de su encuentro con los indios... Pero estaba feliz.