#1 Ay! Que susto!
Una hija regresa a casa después de años de haberse ido. Llora desconsoladamente, pues sabe que a su familia, muy católica, no le va a gustar lo que le tiene que decir.
-¿Dónde estuviste tanto tiempo, sin siquiera escribir? -pregunta su padre- ¡Desgraciada! ¡No sabes cuánto ha sufrido tu madre!
-Perdón, papá, pero es que he estado muy ocupada. Ahora soy prostituta...
-¿Cómo? ¿Qué? ¡Lárgate inmediatamente de esta casa! ¡¡Desvergonzada, inmoral, perversa.... mala hija!! ¡Sabes perfectamente que en esta casa somos católicos practicantes! ¡Sinvergüenza, no te quiero volver a ver...!
-Sí, papá, ya me voy... Lo siento, te comprendo. Sabía que no me aceptarías y sólo vine a dejarle a mamá estas joyas y a darle las escrituras de una casa en la Riviera Francesa, y una cuenta de 500.000 dólares para los estudios de mi hermano. Y a ti, papito, este reloj Rolex con diamantes y también estas llaves de un Porsche Turbo último modelo, que está afuera, en la puerta...
El padre, boquiabierto, traga saliva y responde:
-Hijita, ¿en qué dijiste que te has convertido?
-En prostituta, papá.
-¡¡¡Uf!!! ¡Qué susto me habías dado, princesa! ¡HABÍA ENTENDIDO "PROTESTANTE"...!
-¿Dónde estuviste tanto tiempo, sin siquiera escribir? -pregunta su padre- ¡Desgraciada! ¡No sabes cuánto ha sufrido tu madre!
-Perdón, papá, pero es que he estado muy ocupada. Ahora soy prostituta...
-¿Cómo? ¿Qué? ¡Lárgate inmediatamente de esta casa! ¡¡Desvergonzada, inmoral, perversa.... mala hija!! ¡Sabes perfectamente que en esta casa somos católicos practicantes! ¡Sinvergüenza, no te quiero volver a ver...!
-Sí, papá, ya me voy... Lo siento, te comprendo. Sabía que no me aceptarías y sólo vine a dejarle a mamá estas joyas y a darle las escrituras de una casa en la Riviera Francesa, y una cuenta de 500.000 dólares para los estudios de mi hermano. Y a ti, papito, este reloj Rolex con diamantes y también estas llaves de un Porsche Turbo último modelo, que está afuera, en la puerta...
El padre, boquiabierto, traga saliva y responde:
-Hijita, ¿en qué dijiste que te has convertido?
-En prostituta, papá.
-¡¡¡Uf!!! ¡Qué susto me habías dado, princesa! ¡HABÍA ENTENDIDO "PROTESTANTE"...!
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