Cuento corto; no lo suficiente.
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Bueno, acá va algo que escribí pensando en el concurso de cuentos cortos, pero se ve que se me hizo medio largo, así que queda como un cuento corto marginal al concurso. Espero sus opiniones.
Slds.
M.
De repente
Cada uno de ellos había accedido a la reunión un poco a pesar suyo. Si bien todos sabíamos de antemano que cuando nos juntamos la pasamos tan bien, estábamos como siempre, enroscados en cada respectivo microcosmos personal, absortos, sin energías siquiera para estas cosas que, sabemos, oxigenan nuestras almas y cargan las pilas. Esta ciudad siempre afectó nuestro ánimo.
Pero ahí estábamos, felizmente. La reunión transcurría agradabilísima, como otras veces. No habíamos terminado todavía de cenar, cuando cada uno de nosotros comenzó a sentir cómo la buena onda grupal se convertía en un sentimiento personal de satisfacción. Esos asuntos complejos que hasta hacía unas horas nos preocupaban, aparecían ahora resueltos, como por arte de magia.
A Jorge se lo veía, como siempre, muy cordial y amable, interesado en los demás, y exitoso. Siempre dijo que en determinado punto, dejaría de concentrarse en sus inversiones y negocios, para dedicarse de lleno a ayudar los demás, y aunque siempre nos pareció más el tipo de trabajador que el de filántropo, nunca dudamos de que terminaría haciéndolo. Al parecer, hoy había tenido buenas noticias acerca de esas inversiones curiosas que había hecho sobre unas patentes extravagantes, y mientras cenaba, comenzó a sentir que había llegado el momento de concretar el cambio con el que tanto nos había amenazado. Nos lo hizo saber, despertando nuestra curiosidad y varias preguntas.
Sergio, su mejor amigo, tenía grandes expectativas puestas en Jorge, aunque éste ya no esté en edad de despertar expectativas especiales en nadie. De cualquier modo, Sergio lo quiere y admira mucho. Por su parte, es la síntesis del tipo realizado, en la medida de sus recursos y de su soledad. Su espíritu de locomotora había sido demasiado para las mujeres que se le habían acercado, y seguía creyendo que ninguna de ellas podría seguirle el tren, a pesar de estar mucho más relajado últimamente. Desde hacía tiempo que pensaba en Laura, y hasta había traído hoy algo para ella, sabiendo que la encontraría acá. El transcurso de la cena, con su efecto encantador, había resuelto un doble problema de Sergio: se aseguraban los rendimientos de sus inversiones con Jorge, y se entreabría la puerta de una historia con la bella Laura.
Ella estaba espléndida esta noche. Laura era de esas mujeres altas y brillantes, con sus ojos oscuros como carbones. Brillaba dondequiera que fuese, e hiciera lo que hiciera. Tenía un único defecto: no era lo suficientemente cínica como para tener un manojo de amigos como nosotros, sin que su natural romanticismo se resintiera. Siguiendo su espíritu soñador, había calculado las mareas, las fases de la luna y hasta consultado sus horóscopos celtas y el oráculo chino, a la espera de esa señal verde de lo que debía ser su ansiado encuentro con Sergio. Vengo imaginando hace tiempo la fogosidad que va a ser eso, impactará seriamente sobre la temperatura mundial y el efecto invernadero. Greenpeace, de saberlo, se empeñaría en evitarlo. Hay algo en la iluminación del restaurante, que tiñe de verde la mirada de Sergio, mientras pone en la muñeca de Laura ese hermoso regalo: un brazalete con una esmeralda plana, engarzada. Los demás brindamos. Pido whisky para varios de nosotros; algunos siguen con café.
Aldana está más alegre que otras veces, si eso es posible. Y no porque sea de las que nunca rechaza un whisky, algo que le agradecían sus amantes, encantados de que su voz cascada les susurrase delicias en las largas noches en que les prodigaba sus atenciones. Quizás también por el efecto benefactor de la cena, se la ve más relajada y plácida, aunque siga transmitiendo esa fuerza arrolladora que tan bien sienta a su seductor carácter. Algún tiempo atrás hasta yo había cedido a sus encantos, sucumbiendo unas semanas, pero me había recuperado. Eso la había dejado entonces perpleja. Ahora me miraba de soslayo con sus ojos de gata, y todos nos reímos mucho del desdén con que me trata. Siempre es la primera en reírse de sí misma, y sigue seduciendo a diestra y siniestra. Quizás por eso llegó con Damián hoy, para impresionarnos. Al principio, casi lo ignoró, pero después de la cena le agarraba la mano más a menudo y más fuerte, y le hacía mimos con los pies detrás del mantel.
Damián parece un Don Juan, y le sienta bien. Dueño de caballos de carrera y de polo, alto y un poco engreído, no me había caído demasiado bien hasta ese momento. Debo ser un tipo difícil, porque nadie se convierte muy rápidamente en mi amigo. Damián, sin embargo, no solo aparenta no interesarse en nada, sino que realmente nada la interesa. Esa clase de desapegados siempre me interesó, porque sé que detrás de ciertas apatías hay una catarata de pasión contenida. Empecé a tratarlo y a desenmascararlo, y ahora sé que puedo contar con él para esas empresas que nadie más aceptaría. Si algo le faltaba a esta cena era el cierre de esta alianza entre Damián y Aldana, fisión nuclear controlada.
Satisfacción. Completud. Estas dos palabras son justas para describir lo que veo en todos mis amigos mientras mordisqueamos los restos del postre. Sus vidas parecen cerrarse como un círculo. Sólo yo espero, entre melancólico y ansioso, hasta que de repente, con el estallido de una bomba lejana que no escuchamos, la ciudad se oscurece, se apagan todas las luces y, tras un momento de breve alboroto, se hace un silencio cruzado de susurros angustiosos, matizado por un sordo, intermitente y lejano ruido de metralla. La revuelta está comenzando, y mis amigos palidecen; no necesito verlos para saber que es así.
Al revés que ellos hace un rato, y a pesar de que con esto culminan muchos meses o años de preparativos, yo no puedo sentirme completo. Sé que una mitad de mi vida está por enterrar a la otra, y que esa otra mitad quedará para siempre apenas como el rasgo tenue de un pasado pintoresco, y nada más. Después de los rápidos combates de las próximas horas, tendré que comenzar con la organización. Mi serenidad va a ser más necesaria que nunca y también, seguramente, mi muchas veces remarcada frialdad.
Es muy escasa ahora la luz de las pocas velas que atinaron a prender los extrañados mozos, pero noto en el rostro de Jorge que se está dando cuenta de todo, está cayendo a la nueva realidad. Quizás piense en sus inversiones, y en sus patentes exóticas, y en las conversaciones que mantuvimos hace varios años. Pasado. Es difícil ver cuánto cambiará la vida de todos, y es curioso pensar que enfrentamos el momento inaugural de ese cambio violento, paradójicamente, en una de nuestras más plácidas noches de amigos. Sí, cada uno tendrá que pensar cómo entierra a su viejo yo y a esa completud que hoy parecía cerrada. Miro a Sergio, a Laura, a Aldana, a Damián. Están mascullando para sí esa misma reflexión. No me miran, no quieren verme a los ojos. Sabían que este momento llegaría; saben que tenemos mucho por hacer.
Me tomo el último trago de whisky y no puedo evitar una ligera sonrisa de esas que suelen acompañar mis comentarios irónicos. Me paro y busco tranquilo mi gabán; debo parecer, como siempre, calmo y casi indiferente aunque mi mente y mi cuerpo hiervan de excitación.
Me voy digo a mis amigos. Tengo que mandar varios telegramas. No se queden mucho tiempo más juntos acá. En poco tiempo sabrán qué tienen que hacer. -
Me recordó así como un soplo de aire nomás, a EL EXAMEN de Cortazar. Las descripciones de cada personaje que se sabe de antemano no van a poder terminar su historia, y ni siquiera hace falta, porque se trata de eso quizá, de sumirse en esos fragmentos de vidas con sus pasados y sus ideales futuros, de espiar a través de otro personaje ese precioso momento desde la comodidad de un encuentro tan familiar y tan desconocido.
Tu cuento transmite eso para mi, clima. Uno calido y familiar con esa mezcla de frialdad que da el ojo que observa de soslayo pero no puede participar; y quiere saber mas, quiere llegar al final de cada historia, pero sabe que no le esta permitido.
Quizá podría hasta ser mucho más largo... porque mi ojo se quedó con ese goloso sentimiento de más.
Saludos
