#1 6 goles abajo
El partido se calentó. Nosotros con uno menos y ellos con mejores jugadores. Lo dije.
Lo dije antes de empezar. El Largo tenia que venir para nosotros, pero no. Nadie me dio
bola. Y así estábamos. Yo empecé a subir la temperatura cuando, encima, nos roban un
lateral. ¡Cualquiera!. Y...me pasé de rosca. En cuanto el Chino la agarró, lo surtí. Le pegué
un empujón que lo sacó del lugar y me fui con la pelota. El muy turro me persiguió y con la
excusa de mandarla afuera me la puso en el talón. De no creer. En el talón, del lado
derecho, ahí donde al apoyar se va la fuerza. O sea, no justo donde pegás con el piso sino
más al costadito. ¡Uh! ¿para qué? Me puse loco. Siempre dos goles abajo, uno, tres, dos otra vez, uno.
Y cuando me venia el dolor: más pegaba. Al final pasó lo que tenia que
pasar. Se fueron: dos, tres, cuatro, cinco. Encima con todo el traste. Todos los rebotes para
ellos. No, si era de no creer. Ya sacábamos y le pegábamos al arco nomás. ¿qué íbamos a
hacer? el tiempo se terminaba, nos cansábamos más y ellos se alejaban en goles. En la
última, le pegué un zapatazo que el mismísimo Largo con todo el traste del mundo sacó del
ángulo con la mano para que la pelota pegue en el travesaño y con una pirueta, que me
pareció más una burla que un efecto hecho y derecho, se fuera al corner. Corner,
contraataque, gol de ellos, se termina. No sabia con quien agarrarme. Me la tuve que comer
sin chistar.
Me senté afuera mientras los que tenían el otro turno entraban a la cancha. La mirada
perdida. El humito saliéndome del cuello.
No pasó mucho tiempo para que me diera cuenta que el dolor aumentaba a medida que me
enfriaba. Me fui rápido a casa, me bañe y me puse un par de hielos. Nada.
Era como si el dolor me trajera de nuevo el recuerdo de todas las que nos salieron mal. Tres
caños. ¿cómo me voy a comer tres caños? Me levanté para ir a la cocina y tuve que ir en
punta de pie. No quieran saber cómo hice para bajar y subir los tres pisos cuando vino el
morfi. Y mañana, ¿cómo iba a salir mañana a la mañana?.
Y así el mal humor me rebotó de día en día a medida que el dolor se hacia mas pequeño y
duradero. Ahora, casi ni lo siento pero aun así no logro escribir lo que me pedis que
escriba.
Lo dije antes de empezar. El Largo tenia que venir para nosotros, pero no. Nadie me dio
bola. Y así estábamos. Yo empecé a subir la temperatura cuando, encima, nos roban un
lateral. ¡Cualquiera!. Y...me pasé de rosca. En cuanto el Chino la agarró, lo surtí. Le pegué
un empujón que lo sacó del lugar y me fui con la pelota. El muy turro me persiguió y con la
excusa de mandarla afuera me la puso en el talón. De no creer. En el talón, del lado
derecho, ahí donde al apoyar se va la fuerza. O sea, no justo donde pegás con el piso sino
más al costadito. ¡Uh! ¿para qué? Me puse loco. Siempre dos goles abajo, uno, tres, dos otra vez, uno.
Y cuando me venia el dolor: más pegaba. Al final pasó lo que tenia que
pasar. Se fueron: dos, tres, cuatro, cinco. Encima con todo el traste. Todos los rebotes para
ellos. No, si era de no creer. Ya sacábamos y le pegábamos al arco nomás. ¿qué íbamos a
hacer? el tiempo se terminaba, nos cansábamos más y ellos se alejaban en goles. En la
última, le pegué un zapatazo que el mismísimo Largo con todo el traste del mundo sacó del
ángulo con la mano para que la pelota pegue en el travesaño y con una pirueta, que me
pareció más una burla que un efecto hecho y derecho, se fuera al corner. Corner,
contraataque, gol de ellos, se termina. No sabia con quien agarrarme. Me la tuve que comer
sin chistar.
Me senté afuera mientras los que tenían el otro turno entraban a la cancha. La mirada
perdida. El humito saliéndome del cuello.
No pasó mucho tiempo para que me diera cuenta que el dolor aumentaba a medida que me
enfriaba. Me fui rápido a casa, me bañe y me puse un par de hielos. Nada.
Era como si el dolor me trajera de nuevo el recuerdo de todas las que nos salieron mal. Tres
caños. ¿cómo me voy a comer tres caños? Me levanté para ir a la cocina y tuve que ir en
punta de pie. No quieran saber cómo hice para bajar y subir los tres pisos cuando vino el
morfi. Y mañana, ¿cómo iba a salir mañana a la mañana?.
Y así el mal humor me rebotó de día en día a medida que el dolor se hacia mas pequeño y
duradero. Ahora, casi ni lo siento pero aun así no logro escribir lo que me pedis que
escriba.
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