Relato corto: Pongale titulo. (HORROR)
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Me encontré a mi mismo corriendo a gatas, raspando las rodillas con las arsillosas rocas del peñasco mientras a mis espaldas se acercaban arrastrandose como orugas esos malditos desgraciados y su hambre, su voraz hambre de carne viva como la que una vez tuvieran pegada a sus huesos ahora amarillentos y brillosos. Una espeza bruma como si se tratase de la blanca espuma de una cerveza se extendia por toda la peninsula, haciendo casi imposible ver mis propias manos mientras, herido de muerte en mi pierna, trataba de aferrarme a la idea de llegar a aquel faro que extendíase sobre la negrura de la noche plutónica.
El inmundo final que me esperaba si esas vizcosas representaciones de hombres me alcanzaban era suficiente para olvidar el dolor que aquella astilla de gran tamaño aferrada en las carnes de mi pierna ocacionaba cada vez que chocaba con alguna roca en pos del dificultoso ascenso al faro. Debo decir que; si bien nunca he temido a espiritu alguno; ya que estoy a las ordenes de su Majestad el Rey Filip II (Salve el Rey!) y quien muera a las ordenes de su rey no debe sucumbir ante miedo alguno, esa noche me encontré con las más terribles sensaciones que un marinero pueda haberse encontrado en tierra y en mar. Pensé que era el único sobreviviente de la docena de valientes hombres que tripulaban la Hispaniola, una embarcación sin dudas, maldita por Dios y los hombres. Nunca debimos abrir aquel sello y nunca debimos desembarcar en esta maldita isla; Dios sabe que tuvimos señales durante todo el trayecto hasta aquí y no las supimos interpretar. Allí me encontraba solo, sin compañeros ni la protección de mis pistolas ni el filo de mi sable que undiendosé o siendo arrastrado al fondo de la costa se encontrase.
De rodillas y gateando como un crío, no podía hacer otra cosa que llorar y rezar con el más profundo terror mientras sorteaba la parcial oscuridad hasta aquel inmenso titán de piedra que se alzaba como una vela en la noche; escuchando a mis espaldas las arcadas, esas roncas arcadas de la tripulación que tal vez una vez perteneció al viejo Flint y ahora limitáse a roer la carne de los desafortunados marinos. Por fin llegue hasta el faro y antes de subir la última piedra un tosco golpe pudo oírse desde el interior del mismo. Y señores, se que hasta ahora mi relato os parece invento de un marinero que ha aumentando su provición de ron más de lo debido; pero lo que sucedió a continuación fué tan desesperanete que por momentos crei que mis ojos habíanse salido de sus órbitas al ver lo que trataré de describir a continuación: la vieja puerta de madera se abrió con la furia de mil hombres para dejar ver lo que creí, fue alguna vez un cristiano de buena familia y buen corazón. Pude distinguir que había sido una criatura de nuestro señor solo por sus ropas ya que estaba completamente doblado hacia adelante y arrastraba los nudillos contra el camino que daba sendero al faro. Solo podía ver su silueta dibujada bajo la espectrante luna llena y quedé inmovilizado como una piedra cuando pude ver que movía su cabeza hacia los lados rápida e inaturalmente, con una leve inclinación hacia el cielo emulando un sabueso en busca su presa. Detuvo su mirada sobre mi (o almenos eso deduzco, ya que dejó de moverse mirando hacia donde yo estaba) y profirió una gran arcada que se convirtió en un aullido tan fuerte y aterrante que, estando de rodillas y temblando, tapé mis oidos y comenzé a gritar tambien, tratando de sobreponer un sonido humano a aquello que estaba escuchando.
El ser comenzó una frenetica carrera hacia donde yo estaba. Sólo el sonido de las piedras callendo y los malditos arrastrandose a mis espaldas hizo que comenzara a correr en dirección a este desgraciado, que se precipitaba hacia mi de un lado a otro, zigzageando, cómo alguna especia de animal herido. No se cuanta sangre perdí en el esfuerzo ya que según el Doctor Mills, la astilla dió, como ya saben, en una arteria principal y la sangre salía de mi como si estuvisen volcando el contenido de un barril al mar. No me quedaba otra opción, era la vida o un destino bajo los dientes de aquellas bestias. Di un fuerte topetazo a el bastardo que salió a mi encuentro y a continuación, los dos caimos al piso; el gimiendo y yo maldiciendo en voz alta mi suerte.
Cuando pude ver media docena de aquellas reptantes criaturas arrastrase por sobre el peñasco, a metros de mi posición. Mi cansancio era tal que por un momento crei haberme desvanecido, nunca lo sabré, pues nunca me he desmayado. El bastardo que empujé estaba en el suelo con la cabeza desecha en una roca y gracias a Dios fuí astuto como para seguir moviendome porque con sus sesos a la luz de la luna, trató de tomar mi pierna en un desesperado intento por calmar su hambre, pero al insistir con mis rodillas, lo vi boca abajo lamiendo un charco de sangre que había emanado de mis heridas. Esto me produjo tal repulción y tal odio que me puse de rodillas volviéndome sobre mis pasos con la locura de un hombre que ya lo ha perdido todo; tomé la misma roca enlla cual descanzaba parte de su cabeza y casqué el resto para terminar aquella inmunda vida, si es que eso tenia vida o era sólo un condenado sin alma.
Del resto poco recuerdo, solo me veo a mi mismo, en la cima del faro, sosteniendo una lámpara sobre mi cabeza, aferrado a la baranda y viendo entre lagrimas como una docena de demonios se alzaba en la fria noche contra el faro, rasguñando las piedras de sus paredes hasta sangrar sus uñas.
Luego de esto señores, caí preso de un máximo terror al apagarse la vela de la lámpara que sostenia en mi mano y solo pude escuchar como la puerta cedía ante la presión de esos torpes cuerpos desgarbados. Mis risas se mezclaron con las arcadas de los malditos hambrientos y las primeras luces del alba acariciaron mi rostro cuando me propuse saltar de cabeza al mar, sin esperar más remedio que una muerte cristiana entre las rocas. Allí deduzco que habrá sido cuando mi cuerpo no dispuso de más energias y se apagó hasta que uds me encontraron medio colgado fuera de la baranda.
No tengo nada más que decir en mi defensa. Entiendo el código de marineros y se cual es el castigo por amotinarse. Lo que he contado mis respetables señores, es la más absoluta de las verdades y si tiene uds que pasarme por la quilla por no faltar a la verdad, que así sea.
Apéndice:
Capitan Alexander M. Livingston, Mayo 14 del año de nuestro señor de 1621.
El prisionero Jim Andrew Moore, fue pasado por la quilla a la quinta campanada del presente día en nombre de su Católica Majestad, el Rey Filip III en la bahía de una Isla sin nombre a la que hemos bautizado como "La quilla" por mis hombres en recordatorio a la traición del infiel Jim Andrew Moore.
El marinero, que fue encontrado en el faro de una de las peninsulas de la isla "La quilla" tras haber desaparecido la noche del 13 de Mayo mientras la tripulación de la Hispaniola dormía, fue acusado y juzgado de haber robado un tesoro encontrado enterrado bajo un sello de mimbre en una de las cuevas que componen un compleo pasaje subterraneo al NNE de el peñasco blanco. El tesoro tenía el sello del marinero y pirata Bill Flint, desaparecido hace 5 años; presuntamente muerto a manos de su tripulación.
Las 4.000 guineas pertenecientes por ley a Su Majestad (Salve el Rey!) fueron evidentemente sustraidas y enterradas en otro sitio de la isla por el ejecutado Sr. Moore la noche del 13 de Mayo, en espera a ser desenterradas y adquiridas en otra oportunidad. Según el primer oficial, el Sr.Moore debió sustraer el botín y tras enterrarlo en un lugar que desconocemos --ya que en todo momento dió a entender que no sabe donde está el tesoro-- se percató de que estaba siendo avistado desde el faro por algún náufrago que había sabido sobrevivir con su suerte en esta desolada isla.
El Sr.Moore llegó hasta el faro y sostuvo una cruel lucha con este hombre terminando esta en una dolorosa muerte para su contrincante; ya que fué encontrado con la cabeza destrozada bajo una piedra. En esta riña tal vez el Sr.Moore fue herido de muerte en su muslo con un madero, como pudo explicar nuestro doctor de abordo, el Sr. Mills.
Fueron reprimidos los dos vigías --que dormían mientras montaban guardia esa noche-- con calabozo por diez días y estarán a media ración hasta que desembarquemos en España. El Doctor Mills argumenta que el Sr.Moore fue herido por el esquife que el mismo hurtó y chocó contra las rocas en la bahia mientras los Sr.Hudson y Palmento dormian en guardia; pudiendo así hacerse con el tesoro pero sin oportunidad de retornar.
Realmente es una suerte que le hayamos encontrado a primeras horas de la mañana, y que el doctor le haya curado antes que se desangrase en vida para poder ser justamente enjuiciado y ajusticiado en nombre de su Majestad por el delito de hurto y asesinato. Debo terminar el reporte diciendo que no había indicios de que el marinero Jim A. Moore fuera un amotinado y, separando este horrible hecho, fue tomado en cuenta su excelente desempeño abordo de la Hispaniola desde su desembarco el 10 de Noviembre del año anterior.
En España iremos en busca de proviciones y más hombres para reanudar la búsqueda del tesoro perteneciente a nuestra Inglaterra.
Dios bendiga al Rey Filip III.
Alexander M. Livingston.
Capitan de la Hispaniola, al servicio de su Majestad. -
Hi, mira todavia no lo lei, es medianamente largo comparado con otros post, pero cuando tenga un minuto lo leo y te comento mejor. En cuanto a de una, dejarlo sin titulo, no es una buena estrategia, yo postie un pequeño parrafo en prosas por ahi, y tambien puse que le pongan un titulo si les gustaba. No lo leyeron muchas personas. Es mejor ponerle un titulo para, "venderlo un poquito", ya que es lo primero que se lee, y despues comentar al final que en realidad el titulo no esta decidido. En fin, despues lo leo y te comento y voto desde luego.
