Voy caminado detrás tuyo, te sigo el rastro agitado, detén tu pensamiento, dentenlo ahora, un momento, y escucha. Detén tu paso luego . Pero en el caminar tu paso es más apurado y mi voz no se escucha ronca entre el ruido que ronda la atmósfera citadina en la que te escabulles, y aunque pisándote los talones mi voz no te detiene. Solo se queda prendida de tu pelo, y en tu hermoso caminar se engancha de tu polera como las hojas que lleva el viento, pero no te detiene, te comenta la noticia de que esta amándote en ese grito y ese grito te aprieta el culo con las ganas que te tengo, pero no lo suficientemente fuerte como para detenerte. Si al menos fuera fuerte de voz, te hubiera gritado una compañía mía, pero me quedo siempre mirándote el paso y mirándote me pierdo, y esto hace que mi grito te acompañe por un rato, pero se cae de tu polera roja y lo pisas con el taco, es por eso que no te detiene. Aún así a veces te inmovilizas repentinamente, y mi voz se lleva por delante tu espalda pero no se disculpa, como tratando de disimular esa desesperación que sufro en todo los gritos que se impactan contra tu espalda en cada esquina, antes de cruzar la calle, momento en donde todas las voces viajan a prisa pero no se detienen, la voz de suplica, la que pide clemencia, la voz que te culpa y la que se disculpa, la que quiere misericordia, la que te ama, la voz de tu amor que te sigue, y tu espalda sabe que son todas las mismas voces, y por eso no le importa, no te avisa, que ya esta lastimándose con la insoportable carie de la duda. Tu espalda se lleva mis voces, y aunque se correr mas rápido, te sigo siempre detrás como buscando tu vuelta, por que imponerte que me des la cara seria definitivo, sabiendo que es la última vez que te voy a ver y que mis voces, todas las que que eran tuyas y solo para vos, se van en tu espalda, por lo que nunca más le hablaré con ellas a ninguna otra persona.

Gracias por leerme.