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the night of the yard
Jack apoyó los antebrazos sobre el cemento de la costanera. El
invierno había pasado demasiado rápido y la noche se presentaba
agradable y fresca. Algunas luces lejanas delataban a los pequeños
veleros y detrás, la otra costa. Jack pensó en todas las otras veces
en las que había comenzado esta historia e hizo la misma mueca de
siempre. De mediocres autores estamos hechos pensó.
Ella caminaba por la costanera mirando de vez en cuando el río, de vez
en cuando el cielo. Ella era menos crítica para con los autores y más
condescendiente con los personajes. Se dejaba llevar por la pluma por
el borde del río. Se dejaba dibujar con las cejas alzadas, se dejaba
pintar aves nocturnas sobre los ojos en busca de grises nubes que en
el cielo parecían la herida provocada por una mano disgustada,
conciencia disconforme con el equilibrio del momento.
Otras personas, pocas, aprovechaban la noche para pasear, era tarde.
El autor se decidió apenas salir al balcón y ver el mismo cielo. Los
árboles ya florecidos llegaban con sus frondas al tercer piso donde
vivía. Pasó su mano derecha por las ramas del más cercano como
acariciando la trompa de un enorme elefante a punto de dormirse; la
diferencia estaba en que esta bestia permanecería de pie toda la
noche. Las cosas que se me ocurren pensó mientras apoyaba sus
antebrazos en la baranda.
Es inaudito que sea llamado por el nombre puesto a un personaje. Que
sea Jack quien se haya apropiado de mis palabras y pensamientos, que
su insistente obsesión por obtener frases de otras almas se haya
convertido en un placer ajeno a mí y propio para él, que al pensar en
él mi nombre sea anulado, que sea él quien habite preciosas hojas de
papel cercanas a pechos extranjeros, que me hayan tocado el brazo y
llamado por su nombre.
Por la calle de piedra algunos pocos carruajes se dejaban llevar por
los corceles. Dos permanecían estacionados, como esperando.
Jack DAr apoyó galera y capa sobre el cemento , quería disfrutar de
la brisa del río, y recordó con algo de nostalgia los crímenes
pasados, las huidas por los callejones, las entrañas de filósofos,
las palabras conseguidas, y los idiotas de la Yard tras cartas falsas
y pistas tragicómicas.
- Inspector Anderson, soy el autor la voz estaba algo nerviosa o apurada
- Lo escucho, dígame
- ¿Está listo? la voz seguía algo nerviosa o algo apurada
- Señor, mis muchachos están aquí nomás, a una señal mía entrarán en
acción
Ella hubiera querido preguntarle muchas cosas pero no estaba segura si
Jack las hubiera contestado. Jack hubiera querido preguntarle muchas
cosas y estaba seguro que ella respondería. Tal vez no haya momentos
especiales para eso, esperar a una noche de tenue brisa al borde del
río y con nubes grises como una herida; tal vez, todas las cosas que
tenían que hablarse son las habladas en el pasado y la espera por ese
oportuno momento sea una tonta esperanza. Ella seguía su camino hacia
donde Jack disfrutaba de la brisa.
- ¡Anderson ¡, ¡no puede equivocarse!
- Señor
Mr
F
, por favor no me ofenda, somos the new Scotland Yard -
- Anderson, el plan es así de simple; la muchacha se acerca a Jack DAr
y le toca el brazo. Así Ud. lo identifica. Sus muchachos deben
actuar con rapidez. Mire que
.
- Por Dios, Señor, no se preocupe, estamos alertas, no se preocupe
Lo dicho, ella y su bendita libertad para los personajes. Justo antes
del lugar donde Jack y otras personas disfrutaban de la noche se
abría una especie de callecita al mar que años atrás había sido un
muelle. Antiguamente caminaban por allí quienes iban a embarcarse
hacia la otra costa o arribaban a la ciudad. Por quedar pequeño ante
el crecimiento del tráfico el sitio había sido trasladado a la parte
Sur del puerto. Ahora era una lengua de piedra y madera que se metía
en el río y era aprovechada por soñadores o enamorados para acercarse
a la noche y al agua.
O bien era una soñadora, o bien estaba enamorada.
Es esa costumbre que tengo de darle un golpe a la baranda de metal.
Retumba por todo el balcón con un gong persistente. A veces pienso
que los árboles-elefantes reaccionan ante el sonido y se mueven. Sea
real o no, la cosa es que comenzaron a moverse y la brisa dejó de ser
suave para transformarse en genuino viento, las nubes dejaron de ser
herida para ser mortaja y el agua se agitó provocando olas cada vez
más grandes. Algunos de los que estaban sobre el antiguo muelle
retomaban sus pasos y algunos de los que estaban contemplando el río
optaban por volverse a sus casas. Los caballos relincharon.
¡Maldita sea!
El autor ya no está en el balcón y cruza la calle olvidándose del
plan, de Anderson y de la muchacha. Con un filo que brilla cuando la
luna lo toca con su luz cruza la calle de piedra rumbo hacia donde
Jack está a punto de recoger capa y galera para marcharse.
¡A letra matas a letra mueres!.
A dos pasos del asesino el asesino se detiene, no quiere atacar por
sorpresa, necesita mirar a su victima a los ojos para sentir el placer
del triunfo.
- Jack
Jack se sorprende y no reconoce a la persona que lo ha nombrado.
- maldito asesino le digo
Ella avanza hacia los dos hombres y ve al asesino de espaldas hablando
con el asesino. La manta casi ha cubierto el cielo y la luna no
puede ofrecer más de su ayuda. El arma permanece en la oscuridad pero
las caras son alumbradas por los faroles de la costanera. Los asesinos
frente a frente. Ella se acerca y toca uno de mis cuatro brazos
diciendo:
- ¡Fer!
Anderson no mentía, sus entrenados sabuesos actuaron con exquisita
rapidez.
(epílogo, y así fue como Jack DAr perdió capa y galera)
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