#1 A modo de presentación: Silencio (una prosa poética algo erótica)
SILENCIOS
Fumaste hasta el amanecer sin siquiera mirarme, dejando de lado las reglas del Amor (sí es que acaso existen). Tu boca dibujaba arcos y círculos en el aire. El humo rodeaba tu cuerpo desnudo como un manto, un manto gris como una muralla que no me dejaba tocarte. Mis caricias no hacían efecto en tus ojos claros que miraban fijo el vacío de mi cuarto. Un suspiro tras otro de vez en cuando del otro lado de tu espalda inclinada. Quieta, quieta. Recorrí tu columna vertebral con mis dedos. Tu piel se crispaba, tus omóplatos se corrían un poco, de pronto te erguías. Ni por un instante te diste vuelta. Quiero tenerte pero no te tengo. Puedo amarte pero es como si no existieras con tu mano tocando tus labios, sensual, con gusto a tabaco. Pasé mi lengua entre tus hombros y tu cuello, te mordí las puntas del pelo. Y como dicen en los poemas cursis, me hundí adentro de tu cabeza transformado en un campo de manzanilla. Vos, inmóvil, solitaria como un huérfano.
Un cigarrillo tras otro en mi habitación de no fumadores. Tu piel blanca brillaba como un faro, indicación única de que estabas viva. Me hacés sentir como un fantasma, como una brisa ligera. Por esta noche fui el hombre invisible, un espejismo que no tuviste. Rodee tus pechos con mis brazos y fue como nada. Quizás otro suspiro. El suelo poco a poco se llenaba de cenizas. Cenizas que son una parte de papel, una parte de tabaco y otra parte de tu aire, de palabras robadas de tus pulmones. Apoyé mi oreja contra tu espalda y escuché la contracción de tus músculos, el silbido de tus alvéolos. Estabas tibia como un vaso de leche. No hace falta contarte cual era mi estado.
Los fósforos y las colillas se iban acumulando sobre mi mesita de luz. Mis deseos los iba guardando de a uno en los cajones. Los cerré de golpe cuando el paquete se te acabó. Te levantaste y te vestiste despacio, prenda por prenda, como en un striptease en reversa.
Un ligero beso en la boca, y te fuiste por la puerta (por dónde sino). No salió el sol ni se apagó la luna, ni ardieron las velas ni se quemó el velador. Dejaste un vacío silencioso. Me di vuelta en la cama masturbándome con tu nombre entre la bruma de tu paso.
Buenos Aires, 1998
(Espero que les guste, hagan todas las críticas que quieran por favor)
Fumaste hasta el amanecer sin siquiera mirarme, dejando de lado las reglas del Amor (sí es que acaso existen). Tu boca dibujaba arcos y círculos en el aire. El humo rodeaba tu cuerpo desnudo como un manto, un manto gris como una muralla que no me dejaba tocarte. Mis caricias no hacían efecto en tus ojos claros que miraban fijo el vacío de mi cuarto. Un suspiro tras otro de vez en cuando del otro lado de tu espalda inclinada. Quieta, quieta. Recorrí tu columna vertebral con mis dedos. Tu piel se crispaba, tus omóplatos se corrían un poco, de pronto te erguías. Ni por un instante te diste vuelta. Quiero tenerte pero no te tengo. Puedo amarte pero es como si no existieras con tu mano tocando tus labios, sensual, con gusto a tabaco. Pasé mi lengua entre tus hombros y tu cuello, te mordí las puntas del pelo. Y como dicen en los poemas cursis, me hundí adentro de tu cabeza transformado en un campo de manzanilla. Vos, inmóvil, solitaria como un huérfano.
Un cigarrillo tras otro en mi habitación de no fumadores. Tu piel blanca brillaba como un faro, indicación única de que estabas viva. Me hacés sentir como un fantasma, como una brisa ligera. Por esta noche fui el hombre invisible, un espejismo que no tuviste. Rodee tus pechos con mis brazos y fue como nada. Quizás otro suspiro. El suelo poco a poco se llenaba de cenizas. Cenizas que son una parte de papel, una parte de tabaco y otra parte de tu aire, de palabras robadas de tus pulmones. Apoyé mi oreja contra tu espalda y escuché la contracción de tus músculos, el silbido de tus alvéolos. Estabas tibia como un vaso de leche. No hace falta contarte cual era mi estado.
Los fósforos y las colillas se iban acumulando sobre mi mesita de luz. Mis deseos los iba guardando de a uno en los cajones. Los cerré de golpe cuando el paquete se te acabó. Te levantaste y te vestiste despacio, prenda por prenda, como en un striptease en reversa.
Un ligero beso en la boca, y te fuiste por la puerta (por dónde sino). No salió el sol ni se apagó la luna, ni ardieron las velas ni se quemó el velador. Dejaste un vacío silencioso. Me di vuelta en la cama masturbándome con tu nombre entre la bruma de tu paso.
Buenos Aires, 1998
(Espero que les guste, hagan todas las críticas que quieran por favor)
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