#1 A los escritores
“Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído. Mejor dicho: pocas cosas me han ocurrido mas dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra.
“Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.
Jorge Luis Borges
Buenos Aires, 31 de octubre de 1960.
Quiero ser el amante de la favorita del sultán. Quiero ser uno de los heroicos hoplitas espartanos que lucharon en las Termópilas. Quiero ser un gángster de la Chicago de los años veinte.
¿Quién no quiso ser todos ellos y otros mas?
Pero también fui yo el que le dijo que no a aquella mujer que me despreció. Fui yo el que volvió al lado de mi amada estando a quince mil kilómetros de ella. Fui yo el que rechazó aquel trago de whisky cuando, en realidad, soy un borracho empedernido.
Así como Goethe se suicidó en “Werther”, cuando él murió cincuenta y seis años después de aquel terrible crimen. Así como otro asesinó con pasión a su joven amante, aunque ella siga viva -¿te suena Max?-. Así yo también morí tantas veces.
Somos los dioses de la tinta y el papel; de la imaginación y la soledad. Fue Silvina Bullrich la que dijo: “escribir es uno de los oficios más duros del mundo, porque hay que elegir la soledad”. No sé si es tan duro, no sé si es tan cruel esta tarea. Pero la soledad es nuestra compañera.
Podemos cambiar la realidad, por unos instantes. Podemos darles sueños a los hombres. Podemos darles mentiras que sean verdaderas. Pero, por sobre todas las cosas, tenemos el don de vivir todas nuestras vidas
“Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.
Jorge Luis Borges
Buenos Aires, 31 de octubre de 1960.
Quiero ser el amante de la favorita del sultán. Quiero ser uno de los heroicos hoplitas espartanos que lucharon en las Termópilas. Quiero ser un gángster de la Chicago de los años veinte.
¿Quién no quiso ser todos ellos y otros mas?
Pero también fui yo el que le dijo que no a aquella mujer que me despreció. Fui yo el que volvió al lado de mi amada estando a quince mil kilómetros de ella. Fui yo el que rechazó aquel trago de whisky cuando, en realidad, soy un borracho empedernido.
Así como Goethe se suicidó en “Werther”, cuando él murió cincuenta y seis años después de aquel terrible crimen. Así como otro asesinó con pasión a su joven amante, aunque ella siga viva -¿te suena Max?-. Así yo también morí tantas veces.
Somos los dioses de la tinta y el papel; de la imaginación y la soledad. Fue Silvina Bullrich la que dijo: “escribir es uno de los oficios más duros del mundo, porque hay que elegir la soledad”. No sé si es tan duro, no sé si es tan cruel esta tarea. Pero la soledad es nuestra compañera.
Podemos cambiar la realidad, por unos instantes. Podemos darles sueños a los hombres. Podemos darles mentiras que sean verdaderas. Pero, por sobre todas las cosas, tenemos el don de vivir todas nuestras vidas
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